domingo, 7 de diciembre de 2014

Una bebida para el III Reich

Resulta curioso como cambian las cosas cuando el mundo entra en guerra. Resulta que hasta el año 1941, desde los Estados Unidos, diferentes empresas habían del país habían comerciado con la Alemania nazi, encontrándonos gente del calibre de Henry Ford o el celebre Rockefeller. El propio Gobierno estadounidense, aunque de principios totalmente opuestos al nazismo, había dejado crecer la fiera después de la vergüenza que supusieron los tratados de Versalles, algo que hicieron las potencias europeas, que dejaron que tanto Alemania como la Unión Soviética firmaran un pacto de no agresión que era de facto un reparto de Europa por parte de estas dictaduras. Hitler y Stalin, dos dementes miserables, y sus acólitos tenían el campo libre para realizar barbaridades de todo tipo con la connivencia de países que se decían democráticos.


Pero el tiempo paso. Alemania invadió Polonia y parece que los mismos nazis con los que se podían hacer tratos, ahora eran malisimos (con el comunismo soviético pasaría curiosamente al revés, puesto que tras el intento de invasión alemana de la URSS, Stalin se alió con los aliados). El caso es que muchas empresas vieron prohibida su venta de artículos a Alemania. Ésto preocupo mucho a la Coca-Cola, que tenía en Alemania a uno de sus principales receptores de bebida ¿Cuál sería la solución?
Tras recibir la nota de preocupaciónde Max Ketih, uno de los directivos de la Coca-Cola en Alemania, la empresa decidió cambiar el nombre de sus fábricas, para hacerlas independientes y seguir sacando beneficios. Así se creo Fanta (El nombre fue sugerido por un veterano vendedor de la compañía, Joe Knipp) de forma exclusiva para el mercado alemán. 

Carteles en alemán

Dicha bebida cuyo sabor era originalmente de naranja (después llegarían el de limón y muchos más) sería todo un éxito que continuaría comercializando después de la guerra. Uno de los refrescos más exitosos del mundo, junto a su hermana mayor de Cola.

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