viernes, 18 de agosto de 2017

Dolor... mucho dolor

Dolor... mucho dolor siento ante lo perpetrado ayer por unos miserables que son enemigos de la raza humana por el simple y terrible hecho de que desprecian no sólo la vida de los demás, sino la suya propia. Horrible angustia ver como esos individuos cometían la barbarie; horrible daño el que han hecho a tantas personas. No tengo palabras para explicar lo que siento: dolor, consternación, rabia, ... ¡No puedo soportarlo!


Ahora mismo las preocupaciones del día a día, las diferencias con el político o la persona de turno quedan en último plano porque nuestros hermanos, da igual que fueran catalanes, del resto de España o de otro país, han padecido (y están padeciendo) las consecuencias de la maldad en el mundo. No hay que resaltar lo que nos separa, sino lo que nos une y ahora mismo, Cataluña, la siempre diversa y abierta Cataluña, esa querida y amada parte de nuestra plural España, está en el corazón de cada uno de nosotros. La bandera siempre tiene que ser una: La lucha contra el terrorismo y aquellos fanáticos que no conseguiran doblegarnos. Siempre nos tendrán enfrente.
PD: Mis condolencias a los familiares de los asesinados, así como mi deseo de una pronta recuperación de los heridos. ¡Estamos con ustedes!

jueves, 17 de agosto de 2017

En África...

"Podría haber sido el comienzo de un proyecto en solitario que tenia planeado, porque era tan diferente a las demas canciones. Pensé que había que salvarla ... porque no era la música con que todo el mundo nos reconocía"
David Paich, compositor y cantante
 
Quizás es una de las mejores y conocidas canciones de la banda de rock Toto, muy habitual en las discotecas e los años 80.  El tema se incluyó en su disco Toto IV publicado en Octubre de 1982, alcanzando el número uno en el Billboard Hot 100 chart en Febrero de 1983. 


La canción indudablemente es una de las más importantes de la década de los 80. Creo que más de uno después de oir esta canción se fue durante un tiempo África.

El castigo a Cronos

Iba a ser derrocado por su propio hijo. Ese sería el destino de Crono (o Cronos) según Gea, dandose la paradoja que el propio Crono había destronado a su padre Urano. La edad dorada de Crono en la que gente no necesitaba leyes ni reglas, estaba destinada a acabar. ¿Qué hizo entonces?


Se tragó a todos los hijos que iban naciendo: Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón, ... salvo Zeus. Su esposa (y propia hermana) Rea pidió consejo a la propia Gea para urdir un plan salvara al hijo que iba a nacer. Rea se escondió en la isla de Creta, dando luz a Zeus y engañando a Crono, dándole una piedra envuelta en pañales que éste se tragó. 


Ya adulto (según las fuentes fue criado por Gea, por una cabra llamada Amaltea, ninfas e incluso por una familia de pastores), Crono se rebeló contra su padre, obligandole a regurgitar a los hijos perdidos, derrocandolo. El castigo a Crono por destronar a su padre como haberse tragado a sus hijos, así como a los otros titanes, fue su encierro en el Tártaro, un lugar tenebroso, lúgubre y frío, que se halla en lo más profundo de la Tierra, quedando custodiados por los Hecatónquiros, gigantes con 100 brazos y 50 cabezas, hijos de Gea y Urano, encerrados en el propio Tártaro (tras ayudar precisamente a Cronos a destronar a Urano) y que fueron rescatados por Zeus. Comenzaba la era de los Dioses Olímpicos.

La rebelión cantonal

Fue uno de los momentos más complicados de la historia de España en el Siglo XIX (y es mucho decir). Durante la Primera República Española tuvieron lugar unos sucesos gravisimos provocados que tiñeron de sangre las tierras hispanas, obligando a la intervención militar para acabar con la revuelta. Porque efectivamente fue una revuelta y el cantonalismo en España amenazó con acabar no ya con un débil sistema republicano, sino con el propio país. 


La idea de algunos era que España avanzase desde un país netamente unitario a un país federal, compuesto por cantones o pequeñas naciones que conformaran el Estado. La idea fue liderada por el Presidente del Poder Ejecutivo de la República Francisco Pi y Margall, apoyado por los supuestos sectores centristas y moderados del Partido Republicano Federal. Pero Pi no contaba con que serían precisamente los radicales los que llevarían la voz cantante hasta el punto de proclamar cantones en algunas zonas de España. También había una fuerte división entre los republicanos: estaban los unitarios, que rechazaban el federalismo (y estaban apoyados por los militares), y los federalistas, que querían una Constitución que avalase su propia forma de concebir el Estado (la incompleta Constitución Federal, que nunca llegó a aprobarse). Entre los federales estaban los moderados y los intransigentes. Precisamente estos últimos, cansados de esperar, decidieron instaurar una república federal por su cuenta y riesgo. 

Francisco Pi y Margall

Así, se inició una rebelión el 12 de Julio de 1873 en Cartagena (el tristemente famoso cantón de Cartagena), extendiéndose en los días siguientes por las regiones de Valencia, Murcia y Andalucía. En estas zonas se formaron algunos cantones (Cantón: Unidad territorial en que se puede subdividir un país), cuya federación constituiría lo que sería la base de la República Federal Española. La violencia estalló por las calles entre partidarios del cantonalismo y los que se negaban a él, llegando a haber amenazas, linchamientos públicos y asesinatos. 

Pi y Margall desbordado por el federalismo y regionalismos

Pi y Margall no supo hacer frente a la situación (eso de combinar persuasión con represión nunca ha salido bien) y dimitió y sería su sustituto, Nicolás Salmerón, el que utilizaría al ejercito dirigido por los Generales Arsenio Martínez Campos y Manuel Pavía para acabar con la rebelión. El último en caer fue el de Cartagena, siendo condenados a muertes los insurrectos. Salmerón, contrario a la pena de muerte desde su juventud, para no firmar las sentencias de muerte, dimitió de su cargo (enlace).

Bandera del cantón de Cartagena

Poco tiempo después tendría lugar el famoso golpe de Pavía que si bien no acabó con la República de facto, la dejó herida de muerte, dando lugar a la dictadura del General Francisco Serrano. El pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto acabaría definitivamente con el cadaver republicano, posibilitando la vuelta de la Monarquía a España en la persona de don Alfonso XII.

martes, 15 de agosto de 2017

La Libertad guiando al pueblo

"He emprendido un tema moderno, una barricada, y si no he luchado por la patria, al menos pintaré para ella"
 Eugène Delacroix

Delacroix lo había imaginado. Una mujer una mujer, semidesnuda, con un gorro frigio y la bandera nacional francesa, guía a una enfervorizada masa hacía su objetivo. ¡A las barricadas!

 
 
El Rey de Francia, Carlos X, había suprimido el Parlamento galo, sede de la Soberanía Nacional, por decreto, aparte de que quería restringir la Libertad de Prensa. Los disturbios iniciales se convirtieron en un levantamiento que desembocaría en una auténtica revolución de ciudadanos muy enfadados, los cuales eran de todas las clases sociales. Entre la masa vemos a ciudadanos de todo tipo, remarcandose la unión de clases en lucha de la Libertad. No hubo un cabecilla... ¿O sí? Delacroix, que no participó en la lucha, pero la sintió, pinto al frente de todos a aquello por lo que luchaban: La Libertad.

Clásicos Inmortales: Alma en Suplicio

Basada en una obra de James M. Cain, esta película sería la primera de Joan Crawford con la Warner, la cual había adquirido los derechos de la novela negra sobre una mujer condenada a la infelicidad por culpa de su hija, cuyo título original era "Mildred Pierce", la protagonista de la misma. 


Un asesinato ha tenido lugar. Es el segundo esposo la mujer de éxito Mildred Pierce (Joan Crawford), la cual parece ser que puede saber algo. No obstante, los oficiales le dicen que Bert, su primer marido, es el asesino, ya que ha confesado. Ella le dice que están en un error y que es imposible, siendo su ex-marido demasiado gentil y bueno para cometer asesinato. Pero ¿Quién puede ser el asesino? Mildred parece mostrarse reacia, como si tuviera algo que ocultar. A pesar de todo, decide contarles a los policías, el origen de todo.

¿Acusada de asesinato?

Así, mediante un flashback, Mildred es una madre de clase media con una vida monotona y aburrida, con Bert (Bruce Bennett), un marido perezoso y dos hijas, Ray (Jo Anne Marlowe) y Veda (Ann Blyth), siendo esta última bastante caprichosa y consentida. Mildred no cesará en su empeño de subir en el escalafón social, buscando trabajo no ya sólo por su desempleado marido (del cual se separa), sino para tener un tren de vida tan exigente como el que le exige su hija. 


De esa forma, finalmente encuentra un trabajo como camarera, aunque considera que no es acorde con su posición social, por lo que se lo esconde a su caprichosa hija Veda, la cual considera ese trabajo de muy baja posición. Mientras tanto, su ex-marido le confiesa que la engañaba cuando estaban casados y su hija Ray muere de neumonía, algo que la sume en un profundo dolor.


Su hija Veda está encantada con la nueva posición económica que ha adquirido gracias a su madre, pero eso no impide que humille a Mildred cuando descubre que es camarera. Con una hija demandando más dinero para seguir manteniendo un gran tren de vida, Mildred compra (con un acuerdo flexible de plazos) un local cuyo propietario es Monte (Zachary Scott), noble de origen español en horas bajas, que se enamora de aparentemente se enamora de la propia Mildred.
Con ayuda de un inmobiliario, Wally Fay (Jack Carson), y de una camarera, la cual es amiga de Mildred, el negocio es un éxito y su nivel de vida sube con creces. Sin embargo, a pesar de todos los desvelos, su hija es extraordinariamente cruel con su propia madre, estando diciéndole que desprecia su trabajo, así como que Monte en realidad la quiere a ella. 


La gota que parece colmar el vaso es cuando Veda se casa en secreto con un joven de familia acomodada por su dinero y posición, pero la familia del joven se opone al matrimonio. Veda acepta divorciarse pero afirma que está embarazada de su hijo por lo que exige diez mil dólares a cambio. La familia de su marido está de acuerdo, pero una vez adquirido el cheque, Veda confiesa a su madre que mintió sobre su embarazo sólo para conseguir el dinero.  
Mildred comprueba lo miserable que puede llegar a ser su hija por conseguir lo que quiere (que no es otra cosa que el vil metal), mientras ésta la insulta y la desprecia. Mildred rompe el cheque y Veda le da una bofetada. Su madre la acaba echando de su casa, aparte de casarse con Monte. La hija mientras tanto trabajara en un bar poco recomendable, demostrando cada vez que puede el desprecio que siente hacía su madre. Mildred le pedirá que vuelva, pero ella vuelve a burlarse de su madre, diciéndole que nunca le dará el estilo de vida que quiere.


Las deudas crecen cada vez más y habla con su ex-marido Bert, el cual le hace ver que su hija, su caprichosa hija, es parte de las deudas porque ella tiene muy buenos ingresos. Cuando vuelve de la calle para hablar con Veda, la busca en su habitación, pero no está. Mildred descubrirá que su hija está cometiendo adulterio con su esposo, al que besa cuando Mildred ha entrado en la estancia. Ellos no sólo ni se inmutan, sino que le muestran desprecio. La conclusión es que su amor por su desagradecida hija ha hecho que ella, la ingenua Mildred, pierda todo, sacrificando su propia felicidad. Viendo tal situación, decide irse de allí.


Veda le pide a Monte que abandone a su madre y que se vaya con ella, pero él le dice que ella sólo era un entretenimiento y que no está para jugar con niñas. Ella en un ataque de furia, lo mata con una pistola. Mildred, la cual ha escuchado el disparo, acude a ver qué ha pasado. Parece que Mildred va a llamar a la policía (de hecho coge el auricular), diciéndoles que la asesina ha sido su propia hija, pero los lloros y manipulaciones de Veda hacen nuevamente efecto y ella misma se callara hasta que Veda halla huido.


Después de que Mildred termine su historia, los detectives admiten que desde un principio sabían que Veda era la asesina, llevándola detenida al despacho en el cual están ellos y su madre. Veda la acusa de haberla delatado, disculpandose (o tratando de disculparse) Mildred a su propia hija (creo que más bien por consentirle demasiado, habiendo llegado a tal situación), pero es rechazada por ésta. Mildred sale para encontrarse con Bert, que la está esperando.  


Magnífica mezcla de melodrama y cine negro, la película refleja una constante búsqueda de la felicidad que la protagonista no encuentra debido a que sacrifica su propia vida por una hija sin escrúpulos, ni sentimientos. Maravillosa actuación de Crawford que relanzó su carrera (de la que se decía estaba estancada) y consiguió el que sería su único (y merecido) Oscar. Estamos ante todo un clásico del cine americano de los años 40.

Ficha

Dirección
Michael Curtiz
Producción
Jerry Wald
Guión
Ranald MacDougall
Catherine Turney
Obra:  James M. Cain
Música
Max Steiner
Fotografía
Ernest Haller
Montaje
David Weisbart

Otros datos

País
Estados Unidos
Año
1945
Género
Drama, Cine negro
Duración
109’
 
Protagonistas

Actor
Personaje
Joan Crawford
Mildred Pierce Beragon
Jack Carson
Wally Fay
Zachary Scott
Monte Beragon
Eve Arden
Ida Corwin
Ann Blyth
Veda Pierce Forrester
Butterfly McQueen
Lottie
Bruce Bennett
Albert "Bert" Pierce
Lee Patrick
Maggie Biederhof
Moroni Olsen
Inspector Peterson

Premios
Oscar
Categoría
Persona
Oscar a la Mejor Actriz Principal
Joan Crawford

El desprecio de una hija