sábado, 6 de julio de 2013

Guillén Peraza quedó en la Palma

Era la etapa de la conquista de Canarias. Al frente Guillén Peraza, hijo de Hernan Peraza, el Viejo. Peraza tomo de Sevilla varios navíos de la armada. Tomo provisiones en las islas conquistadas de Lanzarote y Fuerteventura. Los hombres que tenía al frente eran aguerridos y tenían ansias de fama y poder. Su objetivo: la conquista de La Palma. No iba a ser fácil. Los aborígenes de la isla, los auritas, estaban dispuestos a todo para defender la isla.

 
Las batallas fueron sangrientas. Los peor parados fueron los invasores: más de 200 fueron abatidos por unos aborígenes que defendieron su tierra como se suele decir "con uñas y dientes". Los intentos de Guillén Peraza para que los que quedaban no retrocedieran o huyeran fueron infructuosos. Unas de las causas posibles de la sorpresa aurita, según cuenta el historiador Abreu Galindo, era que la isla "era aspera y dura de subir" y, por lo visto, la gente de Peraza no estaba acostumbrada a ese tipo de zonas escarpadas. 
Las acometidas de los defensores fueron tremendas y un valeroso Guillen Peraza fue abatido por una pedrada en la cabeza, cayendo del caballo, que acabó con su vida. 
Ahí quedo un aguerrido capitán y sus tropas, viendo la suerte desgraciada que había tenido su líder, resolvieron huir y evitar que la sangría fueran aún mayor. Ahí quedo Guillén Peraza. En la Isla de la Palma. Una Isla que pretendía que fuera su fortuna y acabó siendo su tumba.
En memoria de Guillén Peraza fueron cantadas estas Endechas, recordando a tan fiero capitán:
Llorad las damas, si Dios os vala,
Guillén Peraza quedó en la Palma,
la flor marchita de la su cara.

No eres Palma, eres retama,
eres ciprés de triste rama,
eres desdicha, desdicha mala.

Tus campos rompan tristes volcanes,
no vean placeres, sino pesares,
cubran tus flores los arenales.

Guillén Peraza, Guillén Peraza,
¿dó está tu escudo?, ¿dó está tu lanza?
Todo lo acaba la malandanza.

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