lunes, 22 de julio de 2013

Entonces llegó el de Lugo...

Todas y cada una de las islas de Canaria habían sido conquistadas. Todas, excepto dos: La Palma y Tenerife. Sus aguerridos habitantes habían hecho todo lo posible para que sus hijas no estuviera en manos de los castellanos. Por eso, los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, le pidieron a Alonso Fernández de Lugo, natural de Sánlucar de Barrameda (Cádiz) y participante en la conquista de Canaria, que conquistara las dos islas restantes.

 
El 29 de septiembre de 1493, Alonso de Lugo llega a La Palma y firma un acuerdo con los auritas. Pero no todos estaban de acuerdo y, algunos de ellos, liderados por Tanausú, hostigaban a las huestes castellanas que buscan por todos los medios acabar con la resistencia. Es por eso, que el de Lugo plantea a Tanausú un lugar de reunión para concertar las paces y de esta forma llegar a un acuerdo. Pero valiéndose de la traición, los castellanos incumplen su palabra. Le tienden una emboscada apresando al caudillo y enviándolo preso de cadenas, en un barco para Castilla, pero el líder palmero prefiere dejarse morir antes que vivir siendo un esclavo. 

La Caldera de Taburiente

La conquista de La Palma es un hecho, pero algo más costará la de Tenerife. Varios son los Menceyes que se acogen al acuerdo con el de Lugo (bando de paces), frente a otros que no aceptan al invasor. Es de notar que los que llegaron a acuerdos con los castellanos tenían rencillas pendientes, por lo que la situación entre menceyatos no era una balsa de aceite.
Los Menceyes Bencomo (Taoro), Acaymo (Tacoronte) y Benhearo (Anaga) le plantearon dificultades a la hora de conquistar la isla. La primera batalla de Acentejo resulto todo un desastre para los castellanos incapaz de hacer frente a unos guanches conocedores del terreno y que practicaban algo que era tan viejo como la historia del mundo, la guerra de guerrillas. De 10.000 a 20.000 castellanos mueren en la batalla, siendo una verdadera matanza. El de Lugo recibió una pedrada en la boca, escapando milagrosamente, aunque con una cicatriz que tendría toda su vida.

Primera Batalla de Acentejo

Pero eso no le detuvo. En la Gran Canaria decidió proveerse de hombres y de armas, perfilando, también, su estrategia. Armado y mentalmente más fuerte, arriba la isla del infierno, volvió a la carga y, allí donde había tenido lugar la afrenta de Acentejo, los guanches sucumbieron a su empuje gracias al número de armas (muy superiores) y de hombres, a los que los pobres guanches no pudieron hacer nada.

Fundación de la actual capital de la isla

Por esta gran victoria, Alonso Fernández de Lugo fue nombrado Primer Adelantado de Canarias, además de Capitán General de las Costas de África (Berbería). Durante la conquista de Tenerife, fundo la que sería la ciudad de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, clavando una cruz en tierra guanche. Dicha cruz es sacada en procesión el día 3 (fecha de fundación) y se encuentra en la Iglesia de la Concepción.

Recibiendo a los Menceyes

El de Lugo tendría su residencia en San Cristóbal de La Laguna, primera capital de la isla que recibe el título "no oficial" de ciudad de los adelantados, dado que el de Lugo y sus descendientes, que heredaron el título, residieron en esta ciudad.

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