jueves, 24 de diciembre de 2015

La "muerte" de Ricardo Zamora

"Ricardo Zamora muerto". Este rumor corrió como la pólvora por un país como España todavía sumido en una fracticida guerra civil. Si; Zamora, el guardameta héroe de Amberes al que llamaban "El Divino" había muerto. Incluso el Presidente de la FIFA, Jules Rimet, quien había pedido la liberación de Zamora, "uno de los hijos del fútbol", solicitó un minuto de silencio antes del Comité Ejecutivo.


Al parecer en un asalto republicano a una casa, varios habian muerto, llegando a decir uno de ellos que uno de los asesinados era el propio Zamora. Queipo de Llano, uno de los Generales sublevados (consuegro, por cierto, de Niceto Alcalá-Zamora, ex-Presidente de la Segunda República) se encargó de esparcir tal cosa, alentando el odio hacía el otro bando al que acusaba de corrupto y miserable por asesinar vilmente a un español ilustre como Zamora. Fue tal la noticia que se celebraron misas en su honor, pero... ¿Estaba realmente muerto Zamora?
Lo cierto es que el portero ya retirado se encontraba preso en la cárcel Modelo de Madrid en la lista de pendientes para ser ejecutados. Las acusaciones contra él fueron de toda índole, aunque cabe destacar que los republicanos lo despreciaban porque lo consideraban un pequeño burgués y un afín a la Monarquía. El miedo de Zamora era atroz. Siempre que uno de los guardias de la cárcel lo llamaba "creía morir", aunque siempre era para pedirle un autógrafo o para fardar de que lo conocía.


Sin embargo, uno de esos hombres le salvó la vida. Se llamaba Pedro Luis Gálvez, un radical de origen malagueño, que había salvado a muchos escritores de las temidas sacas. Zamora, gracias a Gálvez, encontró refugio en la embajada argentina, desde donde consiguió ser evacuado junto a su esposa e hijo. La idea era hacer escala en Francia para ir a Argentina y quizás seguir jugando al fútbol. Se quedó en Francia. Zamora estaba vivo, aunque siendo rechazado tanto por los republicanos... como por nacionales.


Los sublevados, los cuales ya sabían de su supervivencia, querían utilizar a Zamora como símbolo de resistencia frente al enemigo rojo y le pidieron que fuera a Burgos, capital de la España sublevada. Su contestación: "Entiéndanlo bien, jamás iré a Burgos. Si hiciera política sería siempre a servicio del pueblo, a su favor. Decid en España que yo no soy fascista, que mi único deseo es regresar a trabajar".


Después de la guerra regresaría a España para ejercer como técnico del Atlético Aviación con el que ganaría dos Ligas seguidas, aunque pasó un tiempo en la cárcel por la mencionada carta. Después entrenaria a equipos como el Celta o el Málaga y desde la Secretaria Técnica del Español de Barcelona se traería en los años 60 ni más, ni menos que a Di Stéfano. Después, la FIFA le haría un partido homenaje a aquél a quien consideraba un "hijo del fútbol" y al que se había dado por muerto en aquel 1936.


El tal Gálvez, salvador de Zamora, no tuvo tanta suerte. Fue juzgado y condenado a muerte en 1940 por la dictadura franquista. Zamora le envió una foto dedicada a Gálvez que lo resume todo. La dedicatoria decía: "A Pedro Luis Gálvez, el único hombre que me ha besado en la carcel".

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