domingo, 27 de marzo de 2016

El terror de los Stukas

A pesar de la supuesta moratoria de que Alemania, la gran derrotada de la Gran Guerra del 14, construyera armamento, lo cierto es que durante todo este tiempo, sobre todo con la llegada del nazismo al poder, se estuvo rearmando hasta tal punto de que las potencias que desde hacía mucho tiempo habían buscado el apaciguamiento del lobo nazi, veían con claridad que el mundo estaba abocado a una guerra. Uno de los ejemplos más clarificadores de la vanguardia armamentística de la Alemania nazi los encontramos en los Junkers Ju 87, que comunmente se conocieron como los Stukas. 


Estos eran unos aviones creados por la empresa aeronáutica Junker, fundada en 1895 por Hugo Junkers, un ingeniero aeronáutico alemán. Esta empresa produjó gran cantidad de aviones para la Luftwaffe, la fuerza aérea de la Alemania nazi, aunque su niña bonita sería el mencionado Junker Ju 87, el cual sería probado inicialmente en la guerra civil española como muchos de los armamentos destinados a ser utilizados en la hipotética guerra global. 


El nombre de Stuka viene del alemán Sturzkampfflugzeug que significa bombardero en picado y es que éstos destacaron en bombardear a diestro y siniestro poblaciones enteras como si de los jinetes del apocalipsis se trataran. De hecho, eran reconocidos por los bramidos de su sirena Jericho-Trompete (trompeta de Jericó), la cual era el preludio de una gran masacre, acabando por convertirse en el símbolo de la propaganda del poder aéreo alemán. Las trompetas destruyeron los muros de Jericó; estos aviones destruyeron la vida de millones de personas.
Los Stukas formaron parte de la Legión Cóndor que bombardeo indiscrimadamente poblaciones indefensas como Gernika y durante la Segunda Guerra Mundial participaron en la batalla de Inglatgerra, así como en las batallas del frente oriental. 


Su decadencia vendría en 1944 cuando la Luftwaffe perdió la superioridad aérea en todos los frentes, pasando un blanco fácil para los cazas enemigos. Ya en ese momento, la guerra estaba perdida para los nazis, aunque el olor a muerte dejado por los terribles Stukas quedaría para la eternidad. Y es que el último sonido que oyeron millones de personas serían aquellas terribles "trompetas" que anunciaban el inicio de la carniceria y, si me apuran, el fin del mundo. 

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