domingo, 20 de septiembre de 2015

David, de pastor a Rey

El rey Saúl había pecado al desobedecer a Yahvé y es por eso que decidió retirarle su bendición y envió al Profeta Samuel en busca de un nuevo ungido, de un nuevo rey para Israel. Así sin saberlo entró en la más pequeña entre las poblaciones de Israel, Belén y con la mediación de Dios ungió al hijo más pequeño de un pastor. Este joven se llamaba David. 


David era un virtuoso de arpa y gracias a ésto entró al servicio del Rey Saúl. David se ganó el favor de todos, entre ellos de los hijos de Saúl Jonatán y Mical, que sería su esposa, gracias a su valor cuando venció al gigante filisteo Goliath gracias a su honda. Sin embargo, debido a tan acción se ganó la envidia de un Saúl que veía peligrar su Trono, ya que Yahvé lo había abandonado. 

David le corta la cabeza a Goliath

David vivió una etapa como fugitivo debido a que Saúl quería matarle y no sería hasta el asesinato de éste cuando finalmente sería reconocidos por todos como Rey de Israel. Según la tradición, sobre el año 1004 a. C., el Rey David conquistó Jerusalén en su lucha contra jebuseos y la convirtió en capital de su reino unificado. Yahvé haría un pacto con el Rey David, diciéndole que la Casa de David nunca se extinguiría: 
"Tu trono será establecido para siempre"
Según la tradición, el Rey David fue el que compuso los Salmos, los cuales eran cantados por él mismo con su arpa, aunque no hay evidencia de que esto fuera así. Lo que si podemos decir es que su Reino durante los primeros años destacó por una prosperidad impresionante y ya durante su Gobierno se proyectó la construcción de un Templo en el que el pueblo rindiera culto a Yahvé y se depositaran las Tablas de la Ley. 


Durante su Reinado derrotó y echo a todos sus enemigos, entre los que se encontraban los filisteos y los cananeos, enemigos del pueblo de Israel desde su asentamiento en la tierra prometida. Jerusalén era la capital de un Reino teocrático que pretendía instalar "el reino de Dios en la Tierra".


No obstante, los últimos años de su Monarquía destacaron por una inestabilidad preocupante y serían las escrituras las que no darían el supuesto motivo en el que David se enamoró de Betsabé, mujer de Urías el Hitita. El que estuviera casada no paró al Rey. La dejó embarazada, mientras su marido luchaba en el sitio. El adulterio de la mujer estaba penado con la muerte, por lo que David, para evitar el ajusticiamiento de Betsabé pidió a su marido que volviera del sitio y así hacerle creer que él mismo había embarazado a su mujer. Sin embargo, Urías se negó a quedarse en casa, con su mujer, mientras sus compañeros luchaban en la batalla.

David y Betsabé

Es por eso que no le quedó más remedio que favorecer que asesinaran a Urías. David pidió al comandante del sitio que situara al esposo en el lugar más difícil de la batalla. Urías cayó en la batalla y así David pudo casarse con Betsabé y que nadie sospechara del adulterio. Es verdad que nadie lo sabía... excepto Yahvé.
El Profeta Natán le advirtió a David que Yahvé le quitaría la tranquilidad; que su Reino sería inestable por su pecado. El primer castigo sería la muerte del hijo que esperaban y rebelión de Absalón, uno de los hijos de David, que acabó siendo asesinado, algo que trastorno aún más sí cabe a un David, que veía como la prosperidad se había ido de su Reino por el terrible pecado que había cometido. 

Natán reprende a David

Precisamente, Salomón, hijo de David con Betsabé, sería el que heredaría el Reino de su padre, llevando a cabo el proyecto del Templo al que conocemos como Templo de Salomón; donde se guardarían las Tablas de la Ley y el pueblo rendiría culto a Yahvé. 


Cabe decir que, a pesar de ese horrible pecado de David, estamos hablando de uno de los personajes más importantes de la historia del pueblo de Israel, así como de las tres religiones monoteístas; un hombre que llegó de una aldea diminuta como Belén; un hombre que era el menor de los ocho hijos de un pastor. El segundo Rey de la historia de Israel.

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