jueves, 26 de febrero de 2015

¡Presidente a la fuga!

Durante estos últimos 200 años, España ha sido un polvorín. Hemos tenidos 4 guerras civiles (3 Carlistas y la del 36-39), dos dictaduras asquerosas (Primo de Rivera y Franco), Monarquías deprimentes como la de Alfonso XIII y 2 Repúblicas desilusionantes y varios pronunciamentos (Los militares intervenían demasiado en la vida política). Sólo la Transición pareció dar algo de cordura al país.  


En el caso de la Primera República, estamos hablando de un sistema que vio cuando Amadeo I de Saboya, mando al país literalmente a hacer puñetas y se fue casi corriendo, viendo la ingobernabilidad de un país, que lo había elegido como Rey (elección parlamentaria), pero que no lo apreciaba, puesto que su mentor, el General Prim, había sido vilmente asesinado. El caso es que vino una República, la primera. Un Sistema del que más tarde se diría que fue una República sin republicanos, puesto que había muchas divisiones entre ellos, ya que unos defendían la unidad de España y otros querían el federalismo. Entre los que defendían el federalismo, unos querían que éste se consiguera de forma violenta (Pi i Margall) y otros de forma pacífica. Tampoco hubo muchos Estados que aceptaran el nuevo regimen en España. 

Satira que nos muestra la lucha entre los que defienden la unidad y el federalismo

Ahí es donde entra Estalisnao Figueras. Él sería el primer Presidente del Poder Ejecutivo (Jefe de Estado y Gobierno) pero no el de Presidente de la República, pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución republicana. En su primera sesión dijo que la llegada de la República era "como el iris de paz y de concordia de todos los españoles de buena voluntad".
Nunca alguien estaría tan desacertado. A la violencia ejercida por algunos republicanos federales, se le unió la tercera carlista. El caso es que el tema del federalismo, llegó a ser tal que hubo varios territorios que proclamaron ser un Cantón. Éste era el nombre que recibían los Estados en Suiza, uno de los pocos que aceptó la legalidad de la República Española, y que se tomó como denominación también en España (el más conocido sería el de Cartagena). El caso es que entre la crisis económica y social, hasta la extrema violencia empleada (algún Alcalde acabó linchado), se abrieron las sesiones que darían lugar al establecimiento de la República Federal. El clima existente en aquellos momentos lo narró uno de los novelistas más grandes de nuestro país, don Benito Pérez Galdós: 
"Las sesiones de las Constituyentes me atraían, y las más de las tardes las pasaba en la tribuna de la prensa, entretenido con el espectáculo de indescriptible confusión que daban los padres de la Patria. El individualismo sin freno, el flujo y reflujo de opiniones, desde las más sesudas a las más extravagantes, y la funesta espontaneidad de tantos oradores, enloquecían al espectador e imposibilitaban las funciones históricas. Días y noches transcurrieron sin que las Cortes dilucidaran en qué forma se había de nombrar Ministerio: si los ministros debían ser elegidos separadamente por el voto de cada diputado, o si era más conveniente autorizar a Figueras o a Pi para presentar la lista del nuevo Gobierno. Acordados y desechados fueron todos los sistemas. Era un juego pueril, que causaría risa si no nos moviese a grandísima pena"
Era tal el estado de nervios de Figueras que acabó gritando en catalán en pleno Consejo de Ministros: "Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!". El Federalismo llegó a España y, tras dejar su dimisión encima de la mesa, presa del hastío que le embargaba, Figueras cogió un tren de la estación de Atocha y no paró hasta París. 


Una historia curiosa y que demostraba hasta que punto se había llegado en España para que un señor que hasta ayer era Presidente del país, fuera hasta París, cansado de la República, de los políticos y de los españoles. La República Federal duró hasta la entrada de las tropas de Pavia en el Congreso y la República como tal, duró hasta el pronunciamento del General Martínez Campos, que trajo la Monarquía de Alfonso XII. Por cierto, Figueras acabaría falleciendo en Madrid en 1882.

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