martes, 17 de febrero de 2015

¡No me cabe en la cabeza!

Llamenme iluso, pero no me entra en la cabeza que una persona que ostenta un cargo público se lleve el dinero de todos para su casa (o paraísos fiscales en su defecto). 


Dicen que el poder absoluto corrompe absolutamente y esto puede tener una base en la falta de moral de algunos tipejos capaces de cometer la atrocidad de coger de la caja. La capacidad de corrupción de un personaje no tiene nada que ver con su ideología, que forme de determinado partido político y ni siquiera de llevar muchisimos años en político. Tiene que ver con la falta de escrúpulos asociados a la inmoralidad de determinados personajes. Y dicha falta de moral esta tanto en el que se corrompe como en aquel que lo permite o incluso, como se oye decir muchas veces, pondría la mano en el fuego por él. 
Vivimos en un país muy acostumbrado a que los ciudadanos se tiren a los trastos todo tipo de cuestiones por razones ideológicas y la corrupción es uno de los que genera más enfrentamiento. Con la corrupción, para nuestra desgracia, nunca se va a acabar, pero hay formas de atajarlas. La esencial es la contundencia frente a ésta, sin importar la ideología o condición del presunto culpable. La siguiente es dotar a la justicia de los medios adecuados no sólo para que sea más rápida, sino para evitar cualquier politización dentro de ésta, que haga que los ciudadanos se planteen sí la Justicia es igual para todos. Por lo demás, hay que educar en valores como la honradez y honestidad dentro de la política porque ésta tiene que estar al servicio de los ciudadanos y no al revés.

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