sábado, 30 de abril de 2016

Y París no ardió

El contexto de la guerra había cambiado. Las fuerzas aliadas habían completado con éxito el desembarco de Normandía y poco a poco iban liberando a su paso las diferentes poblaciones galas, pero quedaba la más importante. Ek objetivo era liberar París del horror nazi. Mientras un cada vez más enloquecido Hitler, el cual acababa de sufrir un intento de atentado (la famosa operación Valkiria) enviaba a uno de sus Generales más fieles Dietrich von Choltitz para ser el Gobernador Militar de París. La idea era organizar a un ejército alemán que veía que se estaba perdiendo la guerra. Así lo creía el mismo von Choltitz que oyó con estupor de la misma boca del Führer que en caso de que no pudiera mantener París, hiciera que esta ardiera en llamas. Que la capital de Francia ardiese con todos sus habitantes antes de que cayera en manos de los aliados.  


Como era de esperar von Choltitz intentó mantener alta la moral de sus hombres, así como actuar en contra de una resistencia francesa cada vez más organizada. Aún tuvo que oír a muchos de sus iguales militares y esposas hablar de que era imposible no sólo el que París fuera ocupada por los aliados, sino el que ganarían la guerra. El General sabía lo que se había cocido en Rusia por lo que sabía que el plan nazi de dominación no sólo había fracasado, sino que acabaría con el ejército rojo asaltando Berlín. 


Es por eso que, sabiendo que los aliados no tardarían en llegar a París y tomarla, puso sobre lugares estrategicos de la ciudad como la torre Eiffel y el Louvre determinadas bombas que harían explosión una vez que los enemigos se hicieran con París.
Efectivamente los aliados llegaron y hallaron una inusitada resistencia por parte de un ejército nazi que disparaba no para salvar a su Führer, sino para salvarse a ellos mismos. La ayuda de la población local a los propios aliados significó mucho para la victoria final. Mientras la orden de que ardiera París no tenía lugar... ni nunca se oyó de los labios de von Choltitz. 


París nunca ardió ni cuando el propio General fue detenido, tras un día de muerte y sangre en París. Von Choltitz nunca dio esa orden, incumpliendo la orden del mismísimo Hitler. Podría haberlo hecho mientras la población le abría el camino a los aliados y nunca lo hizo. Poco después la resistencia le quitaría (o intentaría quitársela al menos) la honorabilidad de salvar París a un hombre que en el poco tiempo que estuvo siguió encarcelando a la disidencia, algo que él mismo negaría en sus memorias. 


Lo cierto es que esta historia sería novelada con el famoso libro de Larry Collins y Dominique Lapierre "¿Arde París?" que poco después sería llevada al cine con un gran número de estrellas internacionales. Por su parte von Choltitz murió tras una larga enfermedad en 1966, 19 años después de haber sido excarcelado. El General alegaría su decisión de rechazar la orden de "destruir París" en base a que Hitler había "había perdido la razón" y, lo más importante, porque sería "un acto malvado y vergonzoso contra una ciudad que es cuna de cultura". 

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