sábado, 9 de abril de 2016

Los Evangelios Apócrifos

En primer lugar hay que decir que el término apócrifo procede del verbo griego «apokrypto» (esconder, poner aparte), en griego: από 'lejos', κρυφος 'oculto'; en latín: apócryphus, que en su origen significaba "ocultar lejos", derivando posteriormente en "oscuro". Bajo esta expresión tenemos una serie de textos religiosos que surgieron en su mayoría entre el Siglo I y II d. C. los cuales nos relataban acontecimientos de la vida de Jesús que no fueron aceptados por la Iglesia al no ser considerados como "inspiración del Espíritu Santo". Lo más correcto sería calificarlos como extracanónicos, pero el hecho de que fueran ocultados por miembros de sectas cristianas surgidas durante aquellos años para escapar de la ira eclesiástica de entonces, ha propiciado que se denominen apócrifos, pues supuestamente contenían partes desconocidas y en algunos casos chocantes de la personalidad de Jesucristo que no fueron aceptadas por la cristiandad oficial. 


Estos textos de autoría desconocida nos relatan momentos desconocidos de la vida del Mesías que en gran parte tienen que ver con su infancia, mostrándonos a un Jesús rebelde, que ponía en ridículo a sus profesores, que maldecía y que ya hacía cosas extraordinarias que eran vistas con horror por sus coetáneos. También se nos relata gran parte de la infancia de la Virgen, nacida milagrosamente a partir de una mujer estéril o la vida y muerte de un San José, ya anciano, con hijos de un matrimonio anterior (era viudo con cuatro hijos y dos hijas) y cuyo fallecimiento es relatado por el propio Jesús a sus discípulos en el huerto de los Olivos según textos coptos. 

Muerte de San José

Evangelios apócrifos hay muchos. Nos encontramos con los gnósticos (los cuales tienen un marcado acento iniciatico, relatandonos que Jesús besaba a María Magdalena en la boca, destacando por ser muy parecidos al canónico de San Juan por gran parte de su contenido o forma), los mencionados de la infancia y natividad o que utilizan nombres de discípulos como Pedro o Tomás o grupos de personas como los hebreos. Incluso hay uno que nos relata el descenso a los infiernos de Jesús.


El estilo difiere mucho, dependiendo del motivo de su escritura. No son iguales los gnósticos, dirigidas a un grupo poco numeroso con una tradición concreta, que los de la infancia, que buscaban saber partes desconocidas de la infancia del salvador, relatandonos la historia de un niño distinto a los demás. 

María y sus padres

Cabe decir que hay que tener en cuenta que la lista oficial de libros del Nuevo Testamento no se presentó con carácter dogmático hasta el Concilio de Trento en 1546 con los Evangelios aceptados de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, aunque muchos de los evangelios que serían llamados extracanónicos ya se consideraban falsos o de no inspiración divina desde el Siglo IV, pero muchas familias y personas pudieron leer muchas de estos textos, tomandolos como base, influyendo en cierta medida en el pensamiento cristiano y el arte. Así vemos a figuras apócrifas que se han ganado los parabienes de la oficialidad de la Iglesia: Santa Ana y San Joaquín son los padres de la Virgen María, los Magos de Oriente eran tres con los nombres que todos conocemos, la Verónica e incluso algunas representaciones de la muerte de San José se basan en los apócrifos. 


Pensemos lo que pensemos y creamos lo que creamos, lo cierto es que los Evangelios Apócrifos, así como los textos ocultos que se siguen encontrando, son una fuente extraordinaria para conocer el pensamiento y creencias de los primeros cristianos, al igual que el de las sectas y pequeños grupos que se formaron a partir de éstos.  

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