sábado, 30 de julio de 2016

Fariseos, saduceos, esenios y zelotes

Cada una de las cuatro comunidades con las que he titulado este post fueron coetáneas de Jesús y como tal son nombradas por los Evangelios, pero en algunos casos sus orígenes son muy anteriores al nacimiento del Mesías predicho por los profetas. Desde el principio cada una de estas sectas intentaron imponer su forma de interpretar la Ley de Moisés o imponer sus ideas al resto en algunos casos. Parece ser que fueron los fariseos los que consiguieron imponer su forma de pensar hasta el punto de hacerse con el poder político-religioso de la Israel dominada por Roma ya en tiempos de Jesús.


Los propios fariseos atribuía su inicio al período de la cautividad babilónica, aunque en la actualidad se situa su origen durante la dominación persa, definiendose como partido durante la revuelta de los macabeos contra los invasores seléucidas.
La doctrina defendida e impuesta por los fariseos podemos resumirla en: creencia de la Libertad humana para elegir su propio destino, independientemente de que existiera un destino para cada uno de los hombres, creían en la inmortalidad del Alma (y, por lo tanto, en la Resurrección), pasando el Alma del ser humano a un cuerpo para toda la Eternidad en el más allá, creían en la estricta interpretación de la Ley referida a las obligaciones religiosas y estaban dispuestos a obtener influencia política en la vida de Israel. 
Es habitual en Jesús descalificar a los fariseos que presumen de cumplir estrictamente la Ley, pero no los principios por los que se hizo la Ley, tachandolos en muchos casos de hipócritas (de hecho actualmente la palabra fariseo designa a un hipócrita, una persona que finge una moral que no tiene). De los fariseos viene la expresión "rasgarse las vestiduras", ya que éstos al querer expresar una indignación (fingida o impostada) de alguien delante de un hecho determinado, lo desaprobaban rasgándose sus propios vestidos tal y como hacen con las palabras de Jesús cuando les dice que era el Hijo de Dios. 


Mientras, los saduceos eran los principales competidores de los fariseos. Eran Conocidos también como zadokitas, debido a que eran los descendientes del Sumo Sacerdote de la época del Rey Salomón, Sadoq. El nombre de Sadoq significa "justicia" o "rectitud", por lo que saduceos eran conocidos como la comunidad judía de los justos o rectos. Los saduceos eran especialmente odiados debido a su colaboracionismo con las potencias extranjeras que conquistaron al pueblo de Israel entre ellos el Imperio Romano con el que paradojicamente perdieron buena parte de su poder y es que gran parte de la clase dominante de Israel durante ese tiempo eran saduceos. 


Los saduceos eran todo lo contrario a los fariseos: no creían en la resurrección y rechazaban la existencia de ángeles y espíritus, aunque tampoco creían en la predestinación. Por otro lado, rechazaban la interpretación de la Torá de los rabíes, negado todo de la Biblia Hebrea, excepto la Torá o lo que nosotros conocemos como Pentateuco (Libros de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Su filosofía era más materialista (Sostenían que Dios premiaba a los hombres buenos en vida, por lo que ellos, al ser ricos, eran los buenos), liberal y mucho más mundana que el resto de grupos judíos. Caifás, Sumo Sacerdote judío que fue uno de los líderes de la conspiración que logró la condena a muerte de Jesús de Nazaret por parte de Roma, era saduceo.


Los esenios surgieron tras la revuelta macabea y su existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes (Flavio Josefo especialmente, aunque también se habla de ellos en los denominados manuscritos del Mar Negro). 
Esta secta le daba una extrema importancia a la vida espiritual con conceptos que ha llevado a pensar a muchos que gran parte de la doctrina de Jesús tiene su origen en ellos, llegándose a decir que el propio Mesías era esenio o pudo pertenecer a los esenios. Eran fuertemente comunitarios y despegados de la vida material. Aparte de eso, para el esenio la vida del ser humano constaba de tres grados: la vida privada (que correspondía al interior del templo, el cuerpo), la vida interna (a la pareja) y la vida externa (a la comunidad). También eran inmensamente hospitalarios, ya que cuidando del individuo, ellos cuidaban del Ser de Seres que estaba con ellos. Por supuesto condenaban cualquier acto de servidumbre o esclavitud y reconocían algo revolucionario para aquella época: la igualdad entre el hombre y la mujer, ya que todos habíamos sido creados por Dios a su imagen y semejanza y es por eso que merecíamos participar de la vida tanto social como espiritual sin distinción de sexos.  


Los zelotes, fundados por  Judas el Galileo, eran literalmente terroristas, ya que todas sus acciones iban destinadas al homicidio de civiles que a su entender colaboraban con el gobierno romano y de esta forma disuadian a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelota, una facción radicalizada conocida como los sicarios (término que se utiliza hoy en día como sinónimo de "asesino a sueldo") se distinguió por su particular virulencia y sectarismo (Uno de los discípulos de Jesús, Simón, es conocido en algunos de los Evangelios  como el zelote porque originalmente pertenecía a este grupo). 

Simón el zelote (a veces llamado el cananeo)

Doctrinalmente no eran reconocidos más que por su violencia (la facción más integrista del judaísmo), siendo su razón de ser una Judea independiente mediante la lucha armada tal y como sucedió en la Gran Revuelta Judía del 66-73 durante la cual controlaron Jerusalén hasta que la ciudad fue tomada por los romanos, que destruyeron el Templo bajo las ordenes del General Tito (provocando la diáspora o exilio del pueblo judío), y tres años más tarde ocuparon la fortaleza de Masada, el último refugio zelote, tras el suicidio de sus defensores. 


Como anécdota de este lamentable hecho para los judíos, cabe decir que cuando Tito (futuro Emperador de Roma por cierto) iba a recibir una Corona de la Victoria decretada por el Senado de Roma, tras el sitio de Jerusalén (con destrucción del Templo y saqueo del mismo), la rechazo, ya que para él "no hay mérito en derrotar un pueblo abandonado por su propio Dios".

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