martes, 3 de noviembre de 2015

Flavio Josefo: Entre el pueblo judío y Roma

Su nombre original era Jose ben Matityahu o Josefo ben Matityahu y lo podemos considerar como un hombre que buscó contar la realidad histórica de su pueblo, el judío, más allá de la propia religión. Josefo, que se caracterizó desde muy joven por su buena memoria, tuvo muy mala prensa entre los judíos, ya que era considerado un traidor a su causa y, por lo tanto, un venido a las huestes romanas. 


Es cierto que, tras una rebelión de los judíos (uno de cuyos lideres era él) fue encarcelado y llevado a Roma donde escalaría en el escalafón social, tras ser liberado. Y es que Josefo, descendiente de una familia de Sacerdotes y de origen fariseo, llegó a ser favorito de la familia imperial reinante en Roma, la dinastía flavia, por la que tomo el nombre por el que es conocido: Flavio Josefo. 

Destrucción del Templo de Jerusalén

Josefo, no obstante, nunca oculto sus raíces judías en el trato con las personas, ni en sus escritos. Sus obras más conocidas son "La guerra de los judíos" "Antigüedades judías" y "Contra Apión" en las que hace un analisis pormenorizado de los hechos acontecidos al pueblo de Israel defendiendo siempre su dignidad, descartando a asimilación de éste dentro de lo que era la cultura grecorromana. Josefo formaría parte del séquito de Tito, que destruiría a su pesar, el Templo de Jerusalén, propiciando la salida del pueblo judío de su tierra. Así nos lo relata: 
"Ahora, tan pronto como el ejército no tenía más personas para matar o para el saqueo, ya que se mantuvo a ninguno de los objetos de su furia (para que no han escatimado, había permanecido allí cualquier otro trabajo que hacer), Tito César dio órdenes de que ahora debería demoler toda la ciudad y el templo, sino que debe salir ya que muchas de las torres en pie, ya que eran de la mayor prioridad, es decir, Phasaelus, y Hippicus, y Mariamne, y gran parte de la pared adjunta la ciudad en el lado oeste. Este muro se salvó, con el fin de garantizar un campamento de como se encuentran en la guarnición de [la ciudad en el Alto], al igual que las torres de [los tres fuertes] escatimado también, con el fin de demostrar a la posteridad de qué tipo de ciudad se , y qué tan bien fortificada, que los romanos habían sometido valor, pero para todo el resto de la pared [en torno a Jerusalén], se establecen incluso tan a fondo con el suelo excavado por los que hasta la fundación, que no se dejó nada a los que allá se cree que [Jerusalén] ha sido habitada. Este fue el final que llegaron a Jerusalén por la locura de los que fueron para las innovaciones, una ciudad de otro de gran magnificencia, y la fama entre los poderosos de toda la humanidad. Y realmente, el propio sentimiento de uno mismo era de melancolía porque, por aquellos lugares que fueron adornados con árboles y jardines agradables, ahora se había convertido en una tierra desolada, y todos sus árboles fueron talados. Tampoco puede ningún extranjero que había visto anteriormente Judea y los más bellos barrios de la ciudad, y que ahora lo veían como un desierto, dejar de llorar y lamentarse por un cambio tan grande"
Los textos flavianos comenzarian a tener un inusitado interés en la edad media gracias a los Cristianos debido a los relatos que nos hablan de la existencia de Jesús de Nazaret en lo que serían los primeros escritos no bíblicos (fuentes no cristianas) que nos hablan de su fundador. 


Estos relatos han sido cuestionados por determinados añadidos, que le quitaron cierta veracidad al documento al que algunos niegan autenticidad completa, mientras que otros dicen que es cierto en parte. El texto con los añadidos entre corchetes sería el siguiente: 
"Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio [si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo], y atrajo hacia Él a muchos judíos [y a muchos gentiles además. Era el Cristo]. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron [ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas]. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día"
Sin embargo, no sería justo recordar a Josefo por esta agría polémica, que aún continua con la búsqueda de lo que se ha llamado el "Jesús Histórico". En Josefo encontramos una serie de datos sobre personajes y hechos de sobra conocidos (muerte de Juan Bautista a manos de Herodes Antipas) e incluso nos hace una descripción pormenorizada del Templo de Salomón, que ha llevado a cuestionar sí éste era tan grande y magnífico como se nos ha contado. El hecho de que nos cuente con detalle cómo era la sociedad judía de su tiempo, hablándonos entre otras cosas de las sectas como la de los fariseos, zelotes o saduceos, hace de Flavio Josefo una fuente documental incalculable de aquellos años.

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