martes, 24 de noviembre de 2015

El prudente Felipe o el Rey de los dos mundos

Se decía que en sus posesiones no se ponía el sol y no era para menos puesto que mientras cuando el sol se ocultaba por el oeste ya había vuelto a salir por el este. Nunca hubo un país tan tremendamente poderoso como España y un hombre tan hábil como Felipe II, hijo del Emperador Carlos, el cual tuvo que gestionar todo un Imperio, que sus enemigos querían destruir. 


Cabe destacar que mientras la población siempre vio a su padre como un Rey extranjero, Felipe de Habsburgo fue considerado por la población como un Rey netamente español. Nacido en Valladolid, criado en España, que respetaba las tradiciones culturales de sus gobernados y que, a diferencia de su padre, no cometió el error de rodearse de consejeros foráneos, algo que le costo al Emperador Carlos más de una revuelta. 

Carlos I y Felipe II

Sin embargo, Felipe II rara vez se movió de España. Su Alcázar era el Palacio de San Lorenzo de el Escorial, construido en honor de la histórica victoria frente a los enemigos galos en la batalla de San Quintín el 10 de Agosto, día de San Lorenzo. Allí, el Rey Felipe decidía, aunque tardaba en ello, sopensando los pros y los contra a la hora de actuar de una forma o de otra. Por eso, fue conocido como el Rey prudente, aunque sus enemigos, que esparcieron la famosa leyenda negra lo denominaron como el demonio de mediodía. 


A esa leyenda negra contribuyo que se ganó algunos enemigos como su Secretario Real, Antonio Pérez, que conspiró contra él, o que encerrara hasta su muerte al lunático Príncipe Carlos. Tampoco ayudo que don Felipe fuera aficionado a los Autos de Fe de la Inquisición Española, a la que ayudo todo lo que pudo en pos de una pureza católica. Sus enemigos ingleses, franceses y flamencos supieron dar buena cuenta de los bulos sobre el Rey en torno al supuesto maltrato a los indígenas americanos hasta el punto de que muchos españoles creen que la leyenda negra es del todo cierta. 

El Rey viendo un Auto de Fe

España, como garante del catolicismo, estuvo y combatió en la batalla de Lepanto, cuya trascendencia sólo puede ser comparada con la batalla de las Termópilas, ya que los musulmanes fueron rechazados por los cristianos. Los hispanos dirigidos por el hermanastro del Rey, don Juan de Austria, que luego sería Gobernador de los Países Bajos, demostraron de la pasta que estaba hecha un español. Don Miguel de Cervantes, que combatió en dicha batalla, perdiendo la movilidad de un brazo en dicha batalla, llego a escribir que Lepanto fue: "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros".   

Batalla de Lepanto

A nivel económico, la España de Felipe II fue ruinosa. El Estado Español entró tres veces en suspensión de pagos en parte por las costosas guerras en Flandes y debido a que no llegaba las suficientes ganacias del continente americano. 
A nivel bélico, el Rey tuvo que ver como su Armada Invencible, cuya verdadera denominación era la Grande y Felicísima Armada, debido a un fuerte temporal, no pudo invadir Inglaterra, convirtiendolo la propaganda anglosajona en una victoria propia. Dicen que el Rey llegó a decir "No he enviado a mi flota a luchar contra los elementos".


Don Felipe se casó cuatro veces: con María de Portugal, con su tía María de Inglaterra I (llegando a ser durante un periodo Rey consorte de Inglaterra), Isabel de Valois y su sobrina Ana de Austría con la que tendría a su hijo Felipe, el futuro Felipe III. Muy posteriormente, tras la muerte de su sobrino Sebastian I y tras un conflicto entre pretendientes, fue coronado como Rey de Portugal bajo el nombre de Felipe I. Se completaba la unión ibérica, que duraría hasta su nieto Felipe IV. 


Sin salir casí de España, don Felipe hizo que España fuera uno de los Imperios más importantes de la historia de la humanidad; un hombre que desde su reconocida prudencia, fue alabado por sus afines y odiado por sus enemigos. Un hombre como ese reinó un territorio tan amplio en el que nunca se pusó el sol.

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