sábado, 11 de junio de 2016

Los últimos de Filipinas

"¡Baler, no se rinde!"
Hacía un tiempo que había comenzado la guerra hispanoestadounidense en la que una potencia en claro declive como España y una potencia en alza como los Estados Unidos se enfrentaban por las colonias pertenecientes a España, que incluían la isla de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y demás territorios de ultramar. Los estadounidenses contaron en todo momento con el apoyo de los colonizados y, aunque esto no fue decisivo, de cara al concierto internacional, era una ventaja más. Tras confirmarse la derrota sin paliativos de España, con el tratado de París, se cedían la soberanía sobre las colonias. Mientras se confirmaba la liquidación del Imperio colonial español, algo estaba ocurriendo en una pequeña Iglesia del pueblo filipino de Baler. 


En la mencionada Iglesia se encontraba un destacamento de unos 50 españoles, los cuales literalmente se negaban a la rendición y es que, dada la falta de información, sobre la derrota de España, desconocían las tristes noticias que habían puesto fin a la dominación española en ultramar. Los revolucionarios filipinos intentaban hacerse con el sitio, pero eran rechazados por unos hispanos desarrapados y hambrientos que no respondían a razones y no sólo a las quejas de una Filipinas independiente desde hacía unas semanas. 

La sitiada Iglesia de Baler

Nos encontramos en 1899 y las autoridades españolas mandaron repetidamente misivas y enviados para lograr su rendición sin conseguirlo. Los sitiadores por otra parte enviaron en Agosto a dos franciscanos españoles que tenían prisioneros para que convencieran a los sitiados de deponer su actitud, que todo estaba perdido, pero sin éxito. Baler y, por lo tanto, España nunca se rinden y era preferible la muerte antes que la deshonra de la derrota. 


A finales de Mayo, otro enviado español, el Teniente Coronel Aguilar, llegó a Baler por orden del Gobernador General español, con órdenes de que los sitiados depusieran su resistencia y le acompañaran a Manila, pero volvieron a desconfiar y tuvo que marcharse sin conseguir su objetivo... al menos de forma directa. Resulta que durante su estancia en la Iglesia, Aguilar dejó unos periódicos en el que se hablaba de las noticas recientes, que no podían haber sido inventada por los filipinos, convenciéndose finalmente de que España ya no ostentaba la soberanía sobre las colonias y de que no tenía sentido seguir resistiendo en la Iglesia. El 2 de Junio de 1899, el destacamento español de Baler se rindió después 337 días de sitio en los que, tras pasar hambre e incomodidades de todo tipo, habían demostrado de la pasta de la que estaban hechos. 


Las autoridades filipinas aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron su paso, sin considerarles prisioneros, hasta la capital Manila, con el Presidente filipino Emilio Aguinaldo emitiendo un decreto en el que exaltaba su valor. Tras un recibimiento apoteósico en la misma Manila, los supervivientes fueron repatriados a España donde su acogida fue más fría como suele pasar mucho en este país llamado España en el que se suele olvidar a sus valientes. Y estos hombres; estos auténticos héroes, fueron unos valientes. Estos hombres han pasado a la historia como los últimos de Filipinas.

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