domingo, 9 de noviembre de 2014

Cuando la vergüenza murió aplastada por la Libertad

Esa noche fue inolvidable. La noche del 9 de Noviembre de 1989, la vergüenza moría. La gente ansiosa de Libertad destruía una frontera: el muro de la vergüenza. Esa noche el pueblo dijo basta ante la tiranía de un comunismo, que se derrumbaba poco a poco. 


No solo era la caída de un muro. La Libertad se abría paso en medio de los escombros de la indignidad de unos personajes miserables, que durante años habían aplastado a todo aquel que quería reencontrarse con aquellos que habían quedado al otro lado. Eran familiares, amigos, etc. a los que no veían desde hace mucho tiempo. Desde que en 1961, se había construido este fatídico muro, muchas habían sido las protestas, sin embargo la gente, los demócratas, estaban cansados de la podedumbre a la que el socialismo había llevado a Europa y a una Alemania ansiosa de Libertad.


Pero esto no fue fruto de una sola noche. A las exigencia de la gente, se unió la de políticos, intelectuales y la de un hombre Santo, el Papa Juan Pablo II, que tanto había soportando en su Polonia natal, primero al nazismo y después a Stalin y sus secuaces. 
La caída del muro significo el anunciado desmebramiento de un socialismo, que se hundía en sus propias contradicciones. Y así como cayó el muro de la vergüenza, Checoslovaquia se dividió en dos y la Unión Soviética se hundió bajo su propio peso. El peso de la miseria humana.


Por fin, muchos que por sus ideas o haber estado en la otra Alemania, pudieron abrazar a sus seres queridos. Aquella noche fue una consecuencia del sentir de la gente. Esa noche se oyó más que nunca la palabra Libertad. Esa noche moría la vergüenza. Esa noche se destruía algo más que un muro. Esa noche renacía la vieja Europa. 

Nino Bravo-Libre


Caída del muro

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