jueves, 29 de noviembre de 2018

Valle-Inclán y don Benito "el garbancero"

Don Ramón María del Valle-Inclán, aquel literato de poblada barca que poco a poco se le estaba poniendo gris, era uno de los más grandes admiradores (y no me extraña) de otro grande de las letras españolas que respondía al nombre de Benito Pérez Galdós. Creo que sobran las presentaciones, pero es conveniente decir que estamos ante el autor de "Doña Perfecta", "Fortunata y Jacinta", "Tristana" o los monumentales "Episodios Nacionales". Sin emabargo, la relación entre los dos escritores cambió a mal... ¿Por qué?


Todo podía ser por el carácter dificil que tenía Valle (que le había costado más de un disgusto), pero fue por algo más personal y comienza en las últimas semanas de 1912. El 25 de Noviembre, un periodico comienza a publicar por capítulos la comedia "El Embrujado". Días antes, don Ramón le había escrito una carta a Galdós avisándole de esta publicación, por si pudiera interesar su estreno al Teatro Español de Madrid, donde don Benito ejercía labores de director artístico. Posteriormente le envía una nueva misiva a Galdós avisándole de que le envía la obra por Francisco Fuentes, primer actor  en aquella temporada. Don Benito le responde unicamente con esta frase "Una obra de usted es siempre un hallazgo para esta empresa".


El Teatro Español era en aquellos días sede de la compañía de Matilde Moreno, teniendo programada "La Reina Joven", de Ángel Guimerá (a quien en Tenerife conocemos muy bien porque, a pesar de ser de origen catalán y su obra fue realizada en la Península, nació en la isla y el teatro principal de Santa Cruz de Tenerife lleva su apellido habiendo una estatúa de él en la plaza del mismo), la cual era un éxito. La intención era sustituirla proximamente por la reposición de "Electra", obra exitosa de Galdós.
Valle apremia a Matilde Moreno con un telegrama fechado el 28 de Diciembre, respondiendo ella tres días después no asegurando el estreno de "El Embrujado". En los meses siguientes, don Ramón viaja a la Villa madrileña y no consigue respuesta satisfactoria ni del Teatro Español, ni del Teatro de la Comedia. 

En busca de alguien que represente su obra

La empresa fnalmente decide no hacer la obra por motivos económicos. La carta enviada a Valle el 20 de Febrero dice "la empresa de este teatro, en uso de su perfecto derecho, ha resuelto no representar la comedia de usted, que por lo demás desconoce" (esto último no era verdad), argumentandose que Galdós se había extralimitado en sus funciones y que no era licito que Valle quisiera que su propia esposa actuara en el papel principal de la que es su obra, ya que la primera actriz era la mencionada Matilde Moreno. Don Ramón niega que pretendiera tal cosa. Las reuniones entre el ayuntamiento y Valle y su socio Fuentes no sacaron nada en claro y finalmente no fue estrenada, aunque sí quedó claro que Valle consideraba que Galdós no había hecho absolutamente nada, haciendole perder el tiempo. 


El 25 de Febrero, don Ramón María del Valle-Inclán lee en el Ateneo de Madrid el primer acto de "El Embrujado", aprovechando para decir lo que era oportuno, incluso echando sapos y culebras contra el propio Galdós. El 26 lee los otros dos actos, recibiendo una sonora ovación. La polémica duró semanas y una de aquellas frases tremebundas de don Ramón (que ya lo comenté: no tenía precisamente un carácter sereno y apacible) sería a la contestación de una pregunta. Cuestionado por un periodista "¿En su opinión, qué debería haber hecho don Benito Perez Galdós en este asunto?" dicen que el autor de aquella magna obra titulada "Luces de Bohemia" respondió con una dura palabra que refleja su estado de animo: "Morirse".


Lo cierto es que la relación entre dos de los grandes literatos españoles de su tiempo no se restableció  y así precisamente lo demuestra don Ramón cuando en la mencionada "Luces de Bohemia" pone en boca de uno de sus personajes en la escena cuarta una frase significativa "Precisamente ahora está vacante el sillón de Don Benito el Garbancero". Poco después supe que garbancero en su sentido despectivo hace referencia a una persona ordinaria, descortez y de mal gusto. Así estuvieron las cosas entre don Ramón María del Valle-Inclán y don Benito Pérez Galdós.

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