sábado, 19 de noviembre de 2016

Íncubos y súcubos

A los íncubos y súcubos podríamos definirlos según tradiciones antiquísimas como los demonios del sexo. Un íncubo (del latín Incubus, in, "sobre" y cubare, "yacer", "acostarse") es un demonio que se posa encima de la víctima femenina durmiente, para tener relaciones sexuales con quien duerme, mientras un el súcubo (del latín succŭbus, de succubare, "reposar debajo") es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones (sobre todo adolescentes y monjes), introduciéndose en sus sueños y fantasías, manteniendo relaciones sexuales con ellos. 


En ambas tradiciones podemos decir que se utiliza el sexo como algo pecaminoso, siempre asociado a la acción del demonio y, aunque son leyendas generalmente asociadas al medievo, también hay historias que pudieron dar orígenes a estos seres tales como la historia de Lilit, proveniente de la tradición judía. 


Un íncubo puede buscar tener relaciones sexuales con una mujer para convertirse en el padre de un niño (algunas versiones nos hablan que puede ser identificado por su antinatural y frío miembro), como en la leyenda de Merlín, nacido de unión entre mujer y demonio, mientras un súcubo mantiene relaciones sexuales para tener descendencia, dando a luz a más demonios, aborbiendo la energía vital de sus victimas. 


La tradición nos dice que tener relaciones sexuales con un íncubo o súcubo puede provocar enfermedades e incluso la muerte. Los nacidos a partir de la unión de un íncubo o súcubo dará a luz a un ser de fácil control por parte del mal o con habilidades especiales para hacer frente a los poderes oscuros. 


Algunos han visto el origen de la tradición del súcubo en una explicación del fenómeno de las poluciones nocturnas y la parálisis del sueño. Lo cierto es que durante el Siglo XVI, una talla o escultura de un súcubo fuera de una posada, indicaba que también funcionaba como burdel o prostíbulo.

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