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jueves, 10 de diciembre de 2020

La salvación está en los más pequeños

La viruela estaba causando estragos en el Imperio Español a finales del Siglo XVIII. Fue en 1796 cuando médico rural inglés, Edward Jenner, observó que las ordeñadoras de vacas adquirían ocasionalmente una especie de viruela vacuna (la que es conocida como virus de la viruela bovina)  por el contacto habitual con dichos animales, y que era una variante leve de la viruela "humana", contra la que las mujeres quedaban inmunizadas. Para comprobar su efecto extrajó el líquido de las pústulas de la ubre de una vaca enferma para inoculárselo a un niño de 8 años, mostrando pequeños sintomas, pero no murió. Inoculó el suero a otros niños que respondieron sorprendentemente bien, quedando inmunizados contra la viruela humana. Dicha "infección" además podía transmitirse de una persona a otra, por lo que el receptor desarrollaba pústulas y el líquido, el cual se acumulaba, podía extraerse y emplearse para administrar nuevas dosis. Acababan de nacer las vacunas y Jenner pasó a la historia como el padre de la inmunología.


Lo difícil era mantener la vacuna en buen estado. Actualmente existen cámaras de refrigeración, pero en aquellos años, para lograr que se conservara hasta 10 días, se  empapaba algodón en rama con el fluido, era situado entre dos placas de vidrio y se sellaba con cera. Eso se hacía en Europa, pero para llegar a América donde se hallaba una buena parte del territorio perteneciente al Imperio Español era imposible.
Precisamente, el Rey Carlos IV, el cual había perdido de viruela a una de sus hijas, María Teresa, con tan solo tres años, quería llevar la vacuna a todo el territorio. La vacuna precisamente había llegado en 1800 a Puigcerdá, de la mano del doctor Francisco Piguillem i Verdacer. Francisco Javier de Balmis, natural de Alicante y médico de corte, el cual tradujó al español el libro del francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe, en el que se explicaba con todo detalle el proceso de vacunación.
En 1803, Carlos IV, aconsejado por Balmis, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar del Imperio Español (América y Filipinas). La intención no era simplemente vacunar a la población local (que también), sino establecer juntas de vacunación en las diferentes ciudades que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación a las generaciones futuras. 


Francisco Javier Balmis

El problema esencial era cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado. La solución se le ocurrió a Balmis, al cual se le había encargado tal misión. La vacuna iría dentro de un grupo de personas no vacunadas. A dos de ellas se les inocularía el virus y se los separaría del resto. Hacia el final del proceso se les extraería líquido de sus pústulas, destinado a las siguientes dos personas, y así sucesivamente hasta llegar a Sudamérica. Allí es donde entra Isabel Zendal. 
Isabel natural de Galicia (concretamente de Órdenes en la Coruña) era rectora del Orfanato de la Caridad de La Coruña, una casa de niños expositos a los que se inocularia la vacuna para que ésta se conservara en buen estado. El 30 de Noviembre de 1803 la corbeta María Pita (nombre muy significativo de la historia de España) zarpó con 37 personas desde el puerto de La Coruña la expedición que llevaría la vacuna de la viruela a América, siendo dirigida por Balmis e Isabel como cuidadora/enfermera de los 22 niños que llevaron la vacuna (6 niños de la Casa de Desamparados de Madrid, 11 del Orfanato de la Caridad de La Coruña y 5 de Santiago). La vacuna era transmitida de uno a otro cada 10 días aproximadamente. 
La ruta fue la siguiente: La primera parada fue en Santa Cruz de Tenerife en las Islas Camarias, donde pasaron un mes vacunando, saliendo el 6 de Enero de 1804 y llegando a Puerto Rico el 9 de Febrero de 1804. El 7 de Febrero de 1805 la expedición partió de Acapulco rumbo a Filipinas a bordo de la fragata Magallanes con un grupo de 26 niños y llegaron a Manila el 15 de Abril de 1805. El 14 de Agosto de 1809 regresaron a Acapulco. Isabel permaneció en Puebla, Méjico, con su hijo (que era uno de los niños que llevaron la vacuna) y ya no volvieron a España. 
 

Se calcula que se vacunaron directamente a unas 250.000 personas. Por como es la historia y la grandeza de cómo se hizo, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna también conocida como Expedición Balmis se considera la primera expedicion con fines sanitarios de la historia. Especial reconocimiento merece doña Isabel Zendal, la cual es reconocida por la OMS como la primera enfermera de la historia en misión internacional, cuidando a los niños con gran afecto. 
El reconocimiento de Balmis: 
"La mísera Rectora que con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y dia ha derramado todas las ternuras de la más sensible Madre sobre los 26 angelitos que tiene a su cuidado, del mismo modo que lo hizo desde la Coruña y en todos los viajes y los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades"

lunes, 17 de junio de 2019

Diógenes y... ¡Su maldito síndrome!

Todos conocemos casos (sobre todo por la televisión) de personas que acumulan y/o recopilan grandes cantidades de basura en el interior de su hogar en lo que se conoce como el trastorno de síndrome de Diógenes. Lo cierto es que lo de la basura no es más que una parte. Dicho trastorno también se caracteriza por el total abandono personal y social, por lo que es un aislamiento voluntario en el propio hogar; no tener contacto con otros seres humanos. Ahí es donde entra el tal Diógenes.


Diógenes de Sipone era un filñosofo griego, el cual nació en el Siglo V a. C. Exiliado de su ciudad natal, se trasladó a Atenas, convirtiéndose en discípulo de Antístenes, antiguo pupilo de Sócrates. Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. De él se cuenta que vivía en una tinaja y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que "buscaba hombres" (honestos se sobreentiende). Decía que tenía todo lo que necesitaba para vivir, por lo que práctico la idea cínica de autosuficiencia, en lo que era una vida natural e independiente de los lujos de la sociedad y de otros hombres (los perros eran su única compañía). Así, para Diógenes, que vivió durante un tiempo en Corinto, los bienes, la riqueza y los honores son algo a despreciar, renunciando a todo lo convencional y abrirse a la naruraleza. Con esto tendía a liberarse de los deseos (que llevan al sufrimiento) y con ello reducir al mínimo sus necesidades. Por estas ideas, también se le conoce como Diógenes "el cínico". 


De esa forma, los que padecen el trastorno de personalidad mencionado, padecen lo que el propio Diógenes predicaba, por lo que estamos ante un caso de síndrome de Diógenes, aunque como también comenté, no todo tiene que ver con la acumulación de objetos inservibles o basura.

jueves, 20 de septiembre de 2018

El salvador de madres

Aunque parezca mentira hasta hace no más de 200 años, la limpieza brillaba por su ausencia en los hospitales. Los médicos operaban sin lavarse las manos y la mortalidad era grandisima no sólo en intervenciones a raíz de una enfermedad, sino a la hora de dar a la luz. Se calcula (dependiendo del territorio) que la mortandad entre las embarazadas pudo llegar al 80% (¡Una barbaridad!). Mucho antes de que Pasteur desarrollara la teoría germinal de las enfermedades infecciosas y con ello la famosa pasteurización, estuvo el médico Ignaz Semmelweis. 


Nacido en Buda en el Imperio Austro-húngaro el año 1818, se doctoró en obstetricia (parte de la medicina que se ocupa del embarazo, parto ...), obteniendo un puesto como ayudante en el Hospital General de Viena, trabajando en Maternidad. Semmelweis quedó terriblemente impresionado por la gran tasa de mortalidad existente a causa de la fiebre puerperal, llegandose a alcanzar una cifra de fallecimientos de hasta el 90%. La Maternidad estaba dividida en dos pabellones al cargo de dos doctores diferentes. En el primero las madres eran asistidas basicamente por médicos y estudiantes, mientras en la segunda los partos solían estar a cargo de las matronas. Semmelweis en sus primeros estudios descubrió que la tasa de mortandad en el segundo pabellón era mucho menor que en el primero. 


Tras la trágica muerte de un amigo, compañero suyo en el hospital, Jakob Kolletschka descubrió algo terrible. Jakob se había cortado realizando la autopsia a una de las parturientas fallecidas, mostrando, tras su muerte una patología similar a la de las mujeres. Semmelweis vio que el mal era transportado (de forma involuntaria, claro) por los propios médicos a los pacientes. Los médicos no limpiaban el instrumental tras tratar a cada paciente, ni se lavaban las manos, algo que sí hacían las matronas, mucho más higiénica, por lo que ahí radicaba la gran diferencia. 


Su superior, representado en la figura del Doctor Klein, era un burocrata enchufado que no dio crédito a la teoría del húngaro, por lo que fue rechazado. Lo cierto es que hasta la fecha poco le habían interesado a los médicos del hospital el hecho de la gran tasa de mortandad dado que muchas de las mujeres eran de "baja condición" o sus embarazos eran no deseados. Semmelweis instaló lavabos, obligando a estudiantes y médicos a lavarse las manos así como el instrumental tras cada intervención. Su carta pública a diversos médicos no sólo de Viena, sino de Europa sobre su teoría levantó ampollas donde él trabajaba. 

La higiene es importante

Klein, que no soportaba a Semmelweis y sus teorías, se deshará del médico, primero echándolo del hospital y después siendo enviado a un asilo que no era otra cosa que un manicomio, muriendo allí el año 1865, diciendose que había sido por una enfermedad, solo, abandonado y desacreditado (a su funeral sólo asistieron un par de conocidos. No fue nadie de su familia). Años después, su buen nombre sería restituido por los trabajos de Pasteur y del cirujano Joseph Lister, padre de la cirujía moderna. En el intento por restituirle desde su patria, se descubrió que Semmelweis no había muerto por una enfermedad, sino por las heridas, producidas probablemente por los golpes de lo que lo tenían encerrado. Al final, en su país hay hospitales con su nombre, recientemente fue seleccionado como motivo para una moneda conmemorativa en Austria y (lo mejor de todo) aquellos que se opusieron a sus investigaciones, repudiándolo e insultandolo, acabaron en el ostracismo. 


Antes de que se hablará de gérmenes y contagios, Semmelweis abrió la puerta (una gran puerta) a una de las prácticas esenciales (y probablemente más importante) de la medicina moderna: la esterilización. Un hombre, que tras más de cien años muertos, sigue siendo el salvador de madres.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El médico de la alegría

"Soy el loco que cree que la risa lo cura todo"                                     
Su vida no había sido facil. Hunter tendría alrededor de 19 años cuando le dio un colapso que a punto estuvo de hacer que el mismo terminara con su vida. Enfermo de úlcera, su novia lo dejó, su padre había muerto en la guerra hacía unos años y su tío con el que su madre y él vivían después de la muerte de su padre se  había suicidado. Trago hasta 20 aspirinas, intentando acabar con su propia vida, pero su madre llegó a tiempo. El mismo, consiente de que no aguantaría estar en el mundo sin volver a intentarlo, le pidió a su propia madre que lo internara en un hospital psiquiátrico para recuperarse. Ahí empezaría la historia de Hunter Doherty Adams, más conocido como "Patch" Adams. 


En el psiquiatrico sólo pasó, ya que se dió cuenta de algo en lo que no había caído en la cuenta: Comparada con la suya, otras personas enfrentaban terrible sufrimientos en sus vidas. Es verdad que hay dolores más grandes que el propio dolor físico y ese no era otro que el pensar que no le importabas a nadie, que la indiferencia era el más fuerte de los pesares.  Adams descubrió que a través de la alegría se podían ganar muchas batallas como la que libró contra las fobias de Rudy, su compañero de habitación, enfermo de soledad y obsesionados con las ardillas. 


Su vocación ya estaba clara y su camino marcado: "Patch" inició sus estudios de medicina y (no sin cierta dificultad)  consiguió graduarse. Tras pasar algún algún tiempo en el hospital de la Universidad de Georgetown, Adams decidió convertir su casa en una clínica abierta gratuita para los que sufrían, donde poner a prueba su filosofía científica. Ésta se encuentra basada en el poder curativo de la alegría, que en su momento fue considerada una locura (recordemos, estabamos en los años 60), pero que resultó toda una revolución dentro de la medicina. 
En su casa-hospital, entre los años 1971 y 1983 curó, junto con un equipo de voluntarios, atendió a más de 15.000 enfermos y nunca pidió dinero a cambio; más tarde fundó el Gesundheit! Institute, un hospital holístico cuya filosofía básica, según el propio Adams, es: "Para nosotros curar no es sólo prescribir medicamentos y terapias, sino trabajar juntos, compartiendo todo con un espíritu de alegría y cooperación. La salud se basa en la felicidad: desde abrazarse y hacerse el payaso, hasta encontrar alegría en la familia, los amigos, la satisfacción laboral y el éxtasis de la naturaleza y las artes". 

 
Su recomendaciones la podemos hallar en su partícular decálogo "Toma 10 y llámame por la mañana”: 
  1. Recoge la basura que encuentres en una zona de tu ciudad; y vigílala.
  2. Cuenta lo que has hecho.
  3. Sé amable con todos a todas horas. De forma exagerada.
  4. Ofrece tu hombro o un masaje de pies en cualquier ambiente.
  5. Manifiéstate en favor de la justicia, sin importar lo que cueste.
  6. Ve una vez a la semana a una residencia de ancianos a visitar personas, como si fuesen tus amigos.
  7. Apaga la tele y conviértete en alguien interesante. Actúa.
  8. Considera ser tonto en público. Canta en voz alta. Lleva ropa divertida.
  9. Improvisa encuentros informales con vecinos, compañeros de trabajo, extraños, en los que cada uno traiga algo. Trabaja para vivir en familias ampliadas.
  10. Pasa tus vacaciones en tu propia ciudad y gasta el dinero en trabajar en proyectos que ayuden a construir   tu comunidad. 
En sus 51 años de carrera, ha ido campos de refugiados, hospitales y orfanatos, mostrando tanto a enfermos como a no enfermos que no basta con diagnosticar enfermedades, sino saber como tratarlas, siempre con la alegría por bandera.

jueves, 15 de octubre de 2015

El Rey del astrágalo

Me he preocupado en investigar. Según la Wikipedia, "el astrágalo o talus, llamado también taba y chita, es un hueso corto, parte del tarso, en el pie en los humanos y demás plantígrados...". Pues resulta que este simple hueso trajo de cabeza a uno de los mejores futbolistas españoles de finales de los años 20. Ese jugador se llamaba Gaspar Rubio. 


Rubio consiguió pasar del Levante al Real Madrid con la vitola de ser un hombre cuyo objetivo estaba claro y era el gol. Sus grandes cualidades lo llevaron a ser el delantero centro titular del equipo blanco, participando en la primera edición de la Liga y siendo subcampeón de Copa en una final cuya tromba de agua fue la protagonista. El partido fue contra el Español liderado por el Divino Zamora, que ganó 2-1.

Formación blanca en la conocida como final del agua

Gaspar Rubio sólo jugó 4 partidos con España, pero tiene en su haber dos gestas. la primera es la de ser uno de los pocos futbolistas seleccionados en anotar más de un gol por partido (9 goles en 4 partidos). Dos de esos goles lo haría en la otra gesta; en la victoria contra los inventores del fútbol en Madrid, cuyo resultado fue de 4-3. 

Anotando un gol a Inglaterra

Seria tras esto, cuando Rubio sintió unos dolores en el pie, que le impedían jugar con normalidad, haciendo de los entrenamientos todo un suplicio. Muchos hablaron de excusas porque supuestamente la fama se le había subido a la cabeza y no quería darlo todo por su equipo. Al final se demostró que tenía razón y que el dolor era cierto. Un golpe que se había dado hace poco tiempo y al que el mismo le había quitado importancia, le había fracturado un huesesillo llamado astrágalo. Cuatro esquirlas le quitó el doctor que llegó a decir que "Así sólo podía salir por Amor propio" en referencia a las presiones recibidas para que jugara, a pesar de los dolores. El caso es que esta anécdota llevó a que Gaspar Rubio pasara a la posteridad con el apodo de "el Rey del astrágalo". 


Sin embargo, hubo algo que lastro la carrera de Rubio y no fue la lesión en el pie, ni el llamativo apodo que le pusieron. Fueron sus celos. Gaspar Rubio no soportó que Ricardo Zamora, la estrella más importante del fútbol español, fuera al equipo blanco, tras pagar 100.000 pesetas de la época. Lo cierto es que Rubio consideraba que el trato hacía Zamora por parte de todos era de excesiva complacencia. La conclusión es que se fue a Cuba sin el consentimiento del club, algo que generó un gran impacto en la España de aquellos años. 
Tras dos años entre Cuba Y Méjico, regresó al Madrid (sin el título de Real por la II República) para retomar una carrera desperdiciada, pero nada fue lo mismo. La actitud de los compañeros hacía él era más bien fría y para evitar suspicacias, fue traspasado al Athletic de Madrid. 



Gaspar Rubio se retiró en Melilla el año 1947, no sin hacer pensar a muchos que sí no hubiera sido por los celos que sintió hacía Zamora, podría haber sido mucho más de lo que fue; uno de los más grandes y reconocidos futbolistas de su tiempo. Un hombre que, para bien o para mal, pasó a la historia con el sobrenombre de "el Rey del astrágalo".

martes, 26 de mayo de 2015

El padre de la medicina

Es curioso que estemos hablando de un hombre tan trascendental para la historia de la medicina y apenas sepamos algo sobre su vida. Ésto es debido a que suelen entremezclarse los descubrimientos médicos de los escritores del "Corpus hippocraticum" (Tratados hipocraticos), los practicantes de la medicina hipocrática y las acciones del propio Hipócrates, por lo que se sabe casi nada de forma fehaciente sobre lo que el propio Hipócrates pensó, escribió e hizo en realidad. 


Sin embargo lo conocemos como el padre de la medicina y es que Hipócrates se ha puesto como el paradigma del médico antiguo. Hipócrates es considerado como el primer médico que rechazó las supersticiones y creencias populares asociadas a la religión que señalaban como causantes de las enfermedades a las fuerzas sobrenaturales o divinas (esta enfermo por un castigo divino se decía antes). 


Separó, por lo tanto, la medicina de la religión, creyendo y argumentando que la enfermedad no era un castigo de los dioses por haber realizado alguna mala acción, sino la consecuencia de factores ambientales, la dieta y los hábitos de vida. Sin embargo, podemos decir que Hipocrates estaba equivocado en cuanto a las teorías anatómicas y fisiológicas. Un caso paradigmático lo tenemos en la creencia en los cuatro humores. 
Esta teoría nos dice que el cuerpo humano está compuesto de cuatro sustancias básicas, llamadas humores (líquidos), cuyo equilibrio indica el estado de salud de la persona afectada. De esta forma, todas las enfermedades y discapacidades resultarían de un exceso o un déficit de alguno de dichos humores. Estos fueron identificados como bilis negra, bilis, flema y sangre. 

Los cuatro humores: colérico, melancólico, sanguíneo y flemático

También hay que decir que el que Hipócrates, y muchos médicos de la antigua Grecia desconocieran el como funcionaba el cuerpo era debido al tabú en cuanto a la disección de cadáveres para, de esta forma, concocer su funcionamiento y de que estaba compuesto. 
La medicina hipocrática es ahora considerada pasiva, algo muy criticado actualmente. El enfoque terapéutico se basaba en el poder curativo de la naturaleza, según el cual, el cuerpo contiene de forma natural el poder intrínseco de sanarse y cuidarse. Lo cierto es que este método ha sido muy criticado y fue totalmente abandonado. 

Hipócrates enseñando a sus discipulos

Lo que si podemos decir es sigue existiendo el denominado Juramento Hipocrático, que a lo largo del tiempo ha sufrido modificaciones, adaptandose a los conceptos éticos dominantes de cada sociedad. Dicho Juramento lo hace cualquier especialista en medicina y su contenido es de carácter ético, para orientar la práctica del oficio, haciéndose responsable de la salud del paciente, lo más importante para cualquier médico. 


Es poco probable que Hipócrates no lo redactara directamente, aunque muchos han sugerido que pudo realizarlo algún discípulo, por lo que de alguna forma podemos decir que fue puesto por él. Lo cierto es que Hipócrates fue toda una revolución para un tiempo en el que el cuerpo humano era todo un misterio para el propio ser humano.

martes, 18 de noviembre de 2014

Aquel hospitalito...

Recuerdo que cuando era niño más de una vez vine al hospitalito. Éste era llamado así porque estaba dedicado exclusivamente a la infancia. De hecho, cuando fue creado, era uno de los dos existentes en España.  ¿Pero quién fue el que hizo posible su creación?


Este gran hombre fue el Doctor Diego Guigou y Costa, que nació en el Puerto de la Cruz en 1861. Don Diego fue un hombre que se gano a pulso su condición de persona entregada a sus convecinos, llegando a actuar de forma destacada frente a las frecuentes epidemias de por aquel entonces e, incluso, llego a contraer la fiebre amarilla de la que afortunadamente se recuperó.
Sin embargo, había algo que le preocupaba y de lo que tenía constancia en su trato con otras personas y era la falta de recursos económicos, algo que afectaba considerablemente a los niños. Hay que notar que la mortandad infantil era muy alta desde siempre y los problemas infantiles le habían traído de cabeza al buen doctor desde hacía mucho tiempo. 

El Doctor Guigou

Es por eso que la noche del 26 de Julio de 1900, en la sesión extraordinaria que celebraba el Gabinete Instructivo, don Diego presentó a la sociedad tinerfeña un proyecto. Éste consistía en la construcción de un centro benéfico, dedicado exclusivamente a tratar los problemas de salud de los niños, advirtiendo que los servicios tanto de médicos como enfermeras tenían que ser gratuitos. Se creo una comisión de filántropos, que con dinero y muchisimo esfuerzo hizo posible el sueño de Guigou.


Al principio tan solo disponía de doce camas. Con el niño enfermo, ingresaba también su madre, quien permanecía al lado de su hijo, siempre que los médicos lo estimasen conveniente. Este hospital fue agrandándose día a día tanto en número de salas, como en instrumental, cocina, etc.  Las Hermanas de las Siervas de María fueron las primeras que corrieron con el cuidado y bienestar de los niños. Éstas fueron sustituidas en 1920 por las Hermanas de la Caridad hasta su cierre en el año 2000. Esta institución benéfica fue muy valorada en su tiempo por su gran labor en el cuidado de los niños, cumpliendo, en definitiva, una labor social.  Don Diego Guigou, portuense de nacimiento, chicharrero de adopción, falleció en 1936 en su casa de la plaza Weyler, siendo uno de los hombres más respetados de su tiempo.
Tengo que reconocer que con su reapertura hace algunos años como centro de salud me acorde de muchos momentos pasados en él y cuando he tenido que pasar por la zona o incluso entrar en el mismo (muy cambiado eso si), tengo que reconocer que se me salta alguna lagrimilla. Y es que ese, para muchos chicharreros y canarios, fue durante mucho tiempo nuestro hospitalito.

sábado, 22 de febrero de 2014

Una casualidad que salvo muchas vidas

Durante aquel año de 1929, Alexander Fleming se había interesado por el tratamiento de las infecciones de las heridas. Era una época en la que había muchos fallecimientos no ya por las heridas producidas en conflictos bélicos, sino por el tratamiento de las mismas. 


Fleming estaba trabajando con unas bacterias llamadas estafilococos dorados y como reaccionaban ante la acción de una bacteria. El experimento quedo ahí porque el científico ingles se iría tres semanas de vacaciones, que sabían a gloria, tras muchos meses de ingente trabajo. 
Cuando llego de las vacaciones, Fleming descubrió lo inimaginable.  Se percató de que en una pila de placas olvidadas antes de su marcha, donde había estado cultivando una bacteria, Staphylococcus aureus, había crecido también un hongo en el lugar donde se había inhibido el crecimiento de la bacteria. El hongo fabricaba una sustancia tan fuerte que producía la muerte de la bacteria. 

Fleming en su laboratorio

Fleming llamaría Penicilina a la sustancia producida por el hongo, ya que éste pertenecía a la familia Penicillium. Sin saberlo y fruto de las placas olvidadas durante aquellas tres semanas de vacaciones, Fleming había descubierto uno de los inventos más grandes de la historia del Siglo XX y de todos los tiempos. 

Fleming recibiendo el Premio Nobel

Gracias a esa sustancia muchas vidas saldrían adelante. Por este logro vital para el ser humano recibiría el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1945 junto a los químicos Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey, que se encargarían de sintetizar y distribuir a nivel comercial de la propia penicilina. Y es que a veces de las casualidades, se realizan los descubrimientos más maravillosos.