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viernes, 12 de junio de 2020

"Los soldados que España necesita"

Nos hayamos en plena Monarquía isabelina, concretamente durante uno de los Gobiernos (fueron 7 en total) del General Ramón María Narvaez. Para los que desconozcan un poco la historia, no era extraño en esa época y posteriores que los militares entraran de lleno en la vida política española ocupando puestos políticos y, de hecho, era lo habitual. Otros ejemplos de esos años: Generales como Baldomero Espartero, el cual fue regente durante la minoría de edad de Isabel II, y Leopoldo O'donnell, que fue también varias veces Presidente del Consejo de Ministros. Fue precisamente por esa época cuando el Duque de Ahumada, bajo el auspicio de uno de los Gobiernos de Narváez (amigo suyo, por cierto), fundó la Guardia Civil en 1844. La historia que les voy a relatar tuvo lugar en 1850.


Una noche del mencionado año, uno de los primeros guardias, uno de aquellos tipos mostachudos, curtidos en las guerras carlistas (otro quebradero de cabeza para los españoles), estaba haciendo guardia, a caballo, en el portalón del Teatro Real, donde iba a celebrarse una función de gala con motivo de su inauguración, por lo que había varias calles cortadas, siendo una de ellas la que vigilaba nuestro guardia.
Fue entonces cuando un carruaje intentó pasar la calle y el guardia, el cual ostentaba el grado de cabo, lo atajó. Ir en carruaje ya denotaba en aquel tiempo que el viajero era persona principal, pero lo que no sabía el cabo en ese momento era que dentro iba ni más, ni menos que el General Narváez; el mismísimo Presidente del Consejo de Ministros con autoridad no sólo política,  sino militar. ¿Ustedes creen que eso hizo que nuestro cabo se achicase?
Muy al contrario. El guardia le dijo al cochero que por ahí no se podía pasar. "Este coche sí", repuso el cochero, altivo. "Ni ese coche ni ninguno", reiteró el guardia. En ese momento, Narváez gritó desde el interior: "¡Adelante, cochero!". Al escucharlo, el cabo le explicó, respetuoso, que tenía orden de que por ahí no pasara nadie. "Esa orden no reza conmigo", le dijo Narváez. El guardia, lejos de arrugarse,  le explicó: "Al comunicármela no me han dicho que haga ninguna excepción con nadie. El coche de Vuestra Excelencia no puede pasar por aquí".

El General Narváez 

Ahí el General montó en cólera y ordenó a su cochero que arreara a los caballos. El cabo, sin perder la sangre fría, avisó: "Mi General, si Vuestra Excelencia pasa por aquí, será atropellando estas armas, encargadas de cumplir una consigna". La firmeza del Guardia hizo que Narváez diera su brazo a torcer y entrara por donde todos, echando pestes del cabo, de la Guardia  Civil, de Ahumada y hasta de la madre que parió a Ahumada.
Al llegar al palco, Narváez llamó al Duque. Furioso, le informó: "Un cabo de la Guardia Civil me ha puesto en ridículo, sin tener en cuenta mi cargo, ni mi categoría". Ahumada le pidió a Narváez que le dejara indagar lo sucedido. Cuando regresó, le dijo al Presidente que aquel cabo no había hecho más que cumplir con la orden que tenía, por lo que no había cometido falta alguna. Narváez repuso: "Comprendo que si tenía la consigna esa, ha hecho bien en cumplirla. Pero también es triste gracia que llegue uno a esta posición social para tener que soportar arrogancias de un simple cabo. Yo no puedo consentir de ninguna manera que quede por encima de mí ese hombre; así es que, mañana mismo, me lo traslada usted a un puesto fuera de Madrid". Ahumada saludó y abandonó el palco.

El Duque de Ahumada 

Al día siguiente, el Duque fue a ver a Narváez. Cuando este lo recibió, se cuadró ante él y le dijo: "Aquí tiene usted, mi General, el bastón de mando de la Guardia Civil, y aquí (le mostró un oficio) el traslado del cabo a otro puesto, firmado por quien me ha sucedido en el mando, según las ordenanzas".
"¡Qué exagerado es usted!", exclamó Narváez. "La cosa no es para tanto". Pero Ahumada, muy serio, le replicó: "Ya lo creo que lo es. No hemos creado un cuerpo como la Guardia Civil para pisotear su prestigio a las primeras de cambio. El traslado de ese hombre es una injusticia que yo no cometeré de ninguna manera. Por eso, está orden la firma mi sucesor". Al final, Narváez recapacitó y dijo a Ahumada: "Rompa usted el oficio y recoja el bastón que tan bien maneja. Y dele este cigarro puro en mi nombre al cabo, pues tengo mucho gusto en que se lo fume la única persona que se ha atrevido conmigo. Estos son los soldados que España necesita". 

domingo, 24 de mayo de 2020

El Barón Rojo: As de la aviación

La Gran Guerra del 14, que había comenzado en la tierra, acabó en los cielos. No es extraño: apenas habían pasado algo más de 10 años desde las primeras pruebas de los hermanos Wright y, por lo tanto, apenas se usaban por motivos bélicos, excepto para pruebas de reconocimiento y poco más, pero el poder destructivo del hombre iba más allá de eso. Una prueba lo tuvimos en un hombre que se convirtió en leyenda. Era alemán y su nombre era Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, hijo de una familia aristocrática, el cual fue conocido como "Barón Rojo".


Comenzó en caballería, pero muy pronto estuvo al mando de su característico Albatros de color rojo comenzando a ser mitificado por sus compatriotas y temido a la par que odiado por sus rivales, los cuales no podían hacer nada frente a sus buenas capacidades a la hora de volar y derribar a todos aquellos que se ponían en su camino.
La unidad que el dirigía (y que era conocida como el circo volador por sus colores llamativos y forma de moverse) fue responsable directa del derribo de 151 aviones británicos, contra 66 de las propias, durante Abril de 1917. Por ello, Manfred recibió la medalla Pour le Mérite.


Aún se desconocen aspectos de su muerte en combate, incluyendo entre tales misterios el nombre del militar que lo abatió. Era 21 de abril de 1918 y todavía quedaban unos meses para que terminase la que sería conocida como Primera Guerra Mundial; la guerra de la que en el 14 se decía que iba a durar semanas y duró algo más de 4 años.


A pesar de que lo temían, sus enemigos también lo respetaban. Fue enterrado con todos los honores militares por los británicos, los cuales le rindieron un sentido tributo. Su ataúd, cubierto de flores, fue llevado a hombros por miembros del escuadrón 209. Los soldados australianos presentaron armas y lanzaron tres salvas en su honor. En la lápida de aquel as de ases de la aviación que es el Barón Rojo se encuentra en el mismo lugar donde cayó, con un conmovedor epitafio:
"Aquí yace un valiente,
un noble adversario
y un verdadero
hombre de honor.
Que descanse en Paz"

martes, 13 de noviembre de 2018

Un grande llamado Agustín de Betancourt y Molina

Sin lugar a dudas don Agustin de Betancourt y Molina es uno de los ingenieros más importantes que han salido no sólo de las Islas Canarias, ni siquiera sólo de España, sino del continente europeo. Este hombre, natural del Puerto de la Cruz de la Orotava donde nació en 1768, representa uno de los elementos ilustrados más importantes de su tiempo. 


Don Agustín estaba emparentado con Juan de Bethencourt (el apellido tiene diversas variantes que cambían en función de la isla: vease Betancourt, Betancort, ...), el conquistador normando, siendo su padre Agustín de Betancourt y Castro, Caballero de la Orden de Calatrava y Teniente Coronel de los Reales Ejércitos, el cual se había casado en La Orotava con Leonor de Molina y Briones, natural de Garachico y que era hija de los Marqueses de Villafuerte. De sus padres, Agustín heredó su pasión por la cultura y las tertulias (habituales aquellos años) y de hecho su padre participaba frecuentemente en la Tertulia de Nava y era miembro fundador de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, cuya sede es San Cristóbal de la Laguna, organización en la que participaría también el mismo, presentando una máquina epicilíndrica para el hilado de la seda, realizada en colaboración con sus hermanos José de Betancourt y Castro y María de Betancourt y Molina, mujer de extraordinaria inteligencia de la que surgió la idea.
Este ingeniero y militar desarrollo su labor en diversos campos, tanto desde las telecomunicación hasta la máquina de vapor, desplegando una incansable actividad en la construcción de vías de comunicación en España y muy especialmente en Rusia, donde es considerado uno de sus valores más destacados hasta el punto de que tiene el reconocimiento de ser hijo adoptivo del país (entonces de los Zares). De hecho, en Rusia es considerado "héroe nacional".


Sus viajes a Francia e Inglaterra hizo que abriera su mente ante lo que estaba por venir que no era otra cosa que la revolución industrial. Por otra parte, fundó las primeras escuelas de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos tanto en España como en Rusia, de los que fue director, desarrollando su labor como profesor y diseñador. El que don Agustín llegara a Rusia responde a dos motivos: que fuera invitado por el Zar Alejandro I y la invasión napoleonica de España y el estallido de la guerra de la independencia. De hecho, don Agustín no volvería a España.

Alejandro I de Rusia 

En Rusia presenta junto con el ingeniero afrancesado José Lanz "Ensayo sobre la composición de las máquinas", el cual se convirtió en un libro de gran difusión en el viejo continente. Don Agustín tenía el favor del Zar hasta el punto de que fue nombrado Mariscal del Ejército Imperial Ruso, realizando además numerosas obras como el puente sobre el Málaya Nevka, la modernización de la fábrica de armas de Tula o el canal Betancourt de San Petersburgo. Además era el inspector del Instituto del Cuerpo de Ingenieros de Comunicaciones en San Petersburgo, ciudad que le debe mucho al gran Betancourt y Molina.

Sello conmemorativo ruso

Tras esto perdió la confianza del Zar (algunas mentes maledicentes hablan de una relación con la Zarina). Tan solo dos años después (1824) fallecía uno de los hombres más importantes nacidos en las Islas Canarias, estando su tumba en el cementerio Lazarevsky del Monasterio Alexander Nevsky en San Petersburgo.
Es curioso, pero a diferencia de los españoles y por ende los canarios don Agustín tiene gran predicamento en Rusia. Más allá de ser hijo adoptivo y considerado héroe nacional, en 2008 se emitió en Rusia un sello conmemorativo por los 250 años de su nacimiento (algo que en su propia tierra pasó desapercibido), crearon la medalla conmemorativa Betancourt (concedida al entonces Rey de España Juan Carlos I) y recientemente inauguraron en San Petersburgo un puente al que llamaron Agustín de Betancourt.
Parece ser que desde el Cabildo de Tenerife se le va a nombrar hijo ilustre de la isla, un reconocimiento que llega tarde y me atrevería a decir que mal, dado todos los años que han pasado desde el fallecimiento de tan ilustre tinerfeño, canario y español. Don Agustín de Betancourt, el cual era poliglota (aparte de español, hablaba frances, ruso, alemán, inglés y latín) trabajo tanto en las máquinas de vapor y los globos aerostáticos, así como en el planeamiento urbanístico que tanto le deben ciudades como San Petersburgo. Un hombre tan grande como este no debe, ni puede pasar desapercibido para nadie. Un gran hombre al que se tiene que reconocer su impresionante labor.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Los castillos de Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife conserva el título de plaza, ya que era donde se hallaban las fortificaciones encargadas de la defensa de la isla ante posibles ataques de piratas u otras naciones. Es por eso que por la ciudad pululan torres defensivas o "castillos", los cuales durante un tiempo se encargaron de proteger no sólo a los chicharreros, sino a los tinerfeños de tales ataques.
En el fuerte de Almeyda, fortaleza del Siglo XIX, sede del museo histórico militar de Canarias (cuya visita les recomiendo) se halla gran parte de la historía bélico-defensiva de estos castillos. Igualmente , hay una ruta guiada por los castillos, los cuales forman parte del patrimonio histórico y artístico de la ciudad.

El Castillo de San Juan


Cercano al auditorio y al parque maritimo, su nombre completo es Torre Costera Defensiva de San Juan Bautista, aunque muchos lo conocemos como castillo negro. Construido entre 1641 y 1644, merced a varias reconstrucciones, es una de las defensas mejor conservadas a día de hoy. Es precisamente en los alrededores de este castillo donde tiene lugar la recreación de la victoria sobre Nelson.
El Castillo de San Andrés


Construido en 1769, lo cierto es que es más bien una torre en la que se da la extraña paradoja que, siendo una de las construcciones más características de la ciudad, es la que peor estado se encuentra (ruinas), habiendo sido reconstruida unas cuantas veces. Realizada para proteger al barrio pesquero de San Andrés, inicialmente tenía un foso a su alrededor con un puente levadizo de madera de tea con clavos de bronce. Han sido tantas las reconstrucciones que la torre actual es poco parecida a la original. Fue una parte esencial de la defensa frente al ataque de Nelson. En 1894 una avenida de aguas torrenciales lo dejo en el estado actual.
El Castillo de San Cristóbal
Fue la primera fortificación importante de la isla. Construida en 1576, lamentablemente el devenir de los acontecimientos llevado a cabo por diversas administraciones que perpetraron  aquella desgracia de ganarle terreno al mar, hicieron que el castillo fuese demolido en 1928. Sólo las obras de modificación de la plaza de España lo sacaron a la luz hasta el punto de que en la actualidad se consiguieron conservar unas murallas del edificio original, las cuales se exhiben en una galería subterránea de la propia Plaza de España, siendo un centro de interpretación. La reconocida y transitadisima Calle Castillo debe su nombre a esta histórica fortificación. Combatió en los ataques navales ingleses de 1657, 1706 y 1797 perpetrados por Blake, Jennings y Nelson respectivamente.
El Castillo de Paso Alto
Ubicado en el barrio de la Alegría, el castillo del Santo Cristo de Paso Alto fue construido en 1782, siendo su edificación inteligentisima, dado que estaba exactamente donde las corrientes y los vientos obligaban a los barcos a navegar próximos a la costa por lo que desde Paso Alto se podía dar la voz de alarma ante cualquier ataque. Se halla entre entre el Club Deportivo Militar de Paso Alto y la Escuela Técnica Superior de Náutica, Máquinas y Radioelectrónica Naval de la Universidad de La Laguna, habiendose remodelado varias veces y, de hecho, quedo en muy mal estado tras el ataque de Blake. Por fortuna, no fue derruido y participó activamente contra el ataque de Nelson.
El Castillo de San Joaquín
Ubicado en el barrio de Villa Benitez, junto al mirador de Vistabella, no es un castillo "propiamente" chicharrero porque fue construido para la defensa de San Cristóbal de la laguna. Construido en 1586 como bateria, fue reconstruido como castillo en 1780. Muchos lo conocen como el castillo olvidado porque es uno de las más desconocidos.

sábado, 8 de septiembre de 2018

El héroe Méndez Núñez

"Más vale honra sin buques que buques sin honra"
Casto Méndez Núñez
 
Casto Méndez Núñez, natural de Vigo (donde nació en 1824), es uno de los más importantes marinos españoles en una época donde España aún luchaba por conservar sus territorios de Ultramar; en aquel duro y difícil Siglo XIX.


Perteneciente a una noble familia gallega con mucha tradición militar, se inició con tan solo 16 años en la marina y ya en los 17 inició su carrera militar de manera profesional embarcándose en Sevilla. Luchó contra piratas en Filipinas, participando en la Guerra del Pacífico que enfrentó a España con Perú y Chile. En las costas peruanas una escuadra de la Armada Española al mando del Almirante Méndez Núñez, y las defensas del Callao, bajo mando del entonces Jefe Supremo de la República del Perú, Mariano Ignacio Prado, lucharon en dura batalla durante la Guerra hispano-sudamericana. Tras atacar las fortificaciones del puerto de El Callao ascendió a Teniente General.

La Armada se batió ante los cañones del Callao (Méndez Núñez herido)

Sería al mando del buque Numancia, donde completó en 1867 la primera vuelta al mundo de una fragata blindada, tras enlazar sucesivas misiones bélicas con victorias que le llevaron a ascender en el corazón de los españoles como uno de los más grandes marinos de su tiempo. 
En 1869 falleció debido a heridas recibidas en batallas, siendo sus restos sepultados en Pontevedra. Sería el Rey Alfonso XII, quien decretó que fueran trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando en Cádiz.


Don Casto Méndez Núñez le ha dado el nombre a diferentes fragatas, así como destructores, tiene diferentes calles y monumentos alrededor de la geografía española, tanto en su tierra natal (yo mismo vi la placa en su casa natal en Vigo) como en otros sitios como Zaragoza, Madrid Cádiz e incluso mi ciudad en Santa Cruz de Tenerife.


De hecho, la calle Méndez Núñez en la mencionada Santa Cruz es una de las arterias principales de la ciudad. Parece ser que si se le dio una calle al Almirante, aunque nunca pasó por aquí. Parece ser, aparte de por ser un reconocido héroe español, ésto es debido a que su segundo en la Numancia era don Juan Bautista Antequera y Bobadilla, Vicealmirante de la Armada Española, natural de San Cristóbal de la Laguna (Tenerife), el cual también fue Ministro de Marina.

martes, 14 de noviembre de 2017

Leopoldo O'Donnell, militar y político

Lepoldo O'Donnell tiene el mérito de haber sido hasta la fecha el único Presidente del Consejo de Ministros natural de Tenerife. Don Leopoldo concretamente era de Santa Cruz de Tenerife (chicharrero, por lo tanto) y como habrán adivinado era de origen irlandes (como muchos, seguramente su familia se fue de las Islas Británicas, huyendo de la persecusión religiosa a los católicos), siendo de una familia de militares al servicio de la Monarquía española desde el siglo XVIII. 


Participó en defensa de la causa isabelina durante la Primera Guerra Carlista, destacandose por su valentía y dandose la paradoja de que sus hermanos conbatían por la causa carlista. En una época, donde la diferencía entre las armas y la política no existía, don Leopoldo, perteneciente al ala moderada de Narvaez (contrarios al progresismo de Espartero, que llegó a ser Regente de España), participó en política (ya era Conde de Lucena), interviniendo en la fallida sublevación de Diego de León  y en la conspiración de militares moderados que acabaron con la Regencia de Espartero en 1843. Tras esto, Narváez le nombró Capitán General de Cuba (entre 1844-48), Senador vitalicio y Director General de Infantería.


Ocupó las carteras de la Guerra, de Marina, de Ultramar y de Estado, aunque su labor destacada la tendríamos como Presidente del Consejo de Ministros. Su origen lo tenemos cuando encabezó un golpe de Estado que, secundado por movimientos revolucionarios populares progresistas, dio paso a un bienio de hegemonía política, integrandose el propio O'Donnell como Ministro de la Guerra en un gobierno paradojicamente presidido por Espartero al que haría caer, sustituyendole como Jefe del Gobierno, volviendo a la Constitución moderada de 1845 (la cual presentaba un Acta Adicional que reflejaba la voluntad unionista de conservar algunas conquistas del liberalismo avanzado). La Unión Liberal de O'Donnell tenía la vocación de situarse entre progresistas y moderados en una especie de centro político muy alejado del carácter moderado inicial de O'Donnell. 

Batalla de Tetuán

Tuvo lugar la alternancia entre los unionistas de O'Donnell y los moderados de su antiguo socio Narvaez. En esa época, llegó un cierto auge económico a la vieja España, que permitió la llegada entre otras cosas del ferrocarril. En cuanto a la política exterior se pusieron las bases para la expansión colonial de África en una guerra que hizo que se le reconociera a España las posesiones españolas de Ceuta y Melilla, además de adquirir el enclave de Ifni en lo que sería considerado el Marruecos español.
O'Donnell quiso apuntalar el Trono de Isabel II, rechazando el intento de desembarco carlista en San Carlos de la Rápita, tratando de reincorporar a los progresistas al sistema político, algo que no consiguió, reprimiendo los conatos revolucionarios de 1866 liderados por Juan Prim. Gobernó hasta Marzo de 1863, cuando por presiones del Partido Moderado presentó su dimisión, siendo sustituido por el marqués de Miraflores. O'Donnell falleció en Biarritz, Francía, sin ver como los unionistas se aliaban con progresista para preparar la Revolución conocida como "La Gloriosa" que finalmente destronó a Isabel II en 1868. Era el fin de toda una época, que, sin embargo, no acabó con los problemas de España a nivel institucional y social, pero esa es otra historia.

domingo, 19 de febrero de 2017

Un hombre justo

Lo dice la Biblia. Ésta cuenta que Dios estaba convencido de destruir a Sodoma y Gomorra por sus muchos pecados. Abraham intercede ante ellos, conminandole a que no las destruya si en la zona encuentra 50 justos. Así, tras varías preguntas en el que el número de justos se va reduciendo, le dice que no la destruya si encuentra a un solo justo. Ese justo era Lot, sobrino de Abraham, el cual escapara con su familia, mientras Sodoma y Gomorra son destruidas. Como si algo parecido ocurriera muchísimos años después, nada podría salvar a España de la guerra y la destrucción, pero en medio de toda esa vorágine de odio, había un hombre justo entre los militares, supuestos garantes de la seguridad y la Ley, que en ese momento era puesta en entredicho. Ese hombre justo se llamaba Domingo Batet Mestres.


Natural de Tarragona (dato a tener en cuenta por lo que vino después) Batet era uno de los más reconocidos Generales de aquella España caótica en la que los militares eran vistos más como un peligro para la estabilidad del país que para una solución. Todo el mundo se acuerda de lo que hizo Franco en favor de la Segunda República en Asturias durante la denominada como revolución del 34, pero... ¿Y Batet?
Al producirse la insurrección de la Generalidad, un ser tan admirado por el independentismo catalán actual como Companys (un antidemócrata y un asesino a tenor de las barbaridades que hicieron sus lacayos durante ese tiempo) le conminó a Batet, Capitán General de Cataluña, que se pusiera a las órdenes del Gobierno catalán que había proclamado la República Catalana, pero el General, que había jurado lealtad a la República y a España, se puso en contacto con Alejandro LerrouxLerroux, Presidente del Gobierno Español, que le ordenó que declarase el estado de guerra. Batet lo tenía claro: estaba con la legalidad y no con unos golpistas que ya habían hecho de las suyas, secuestrando y asesinando a sangre fría a quienes no pensaran como ellos.

Batet y Lerroux

Tras diferentes disturbios, el ejército comandado por el General Batet toma la plaza de San Jaime, conminando a Enrique Pérez Farrás, que dirigía a los Mossos de Escuadra, para que abandonaran las armas. Al no rendirse, los Mossos comenzaron a disparar contra las tropas, produciendo varías muertes y heridos no sólo entre militares, sino entre la población civil. Como respuesta, los cañones del ejército español dispararon contra el palacio de la Generalidad de Cataluña. Tras cinco horas, los insurrectos se rindieron y fueron hechos prisioneros. La labor de Batet posibilitó que no hubiera más muertos, arrestando a los cabecillas de la insurrección entre los que se encontraban Companys. Ser justo era respetar la Ley y todo en uno era amar a España.


Otra vez le pusieron a prueba, pero en esta ocasión se lo llevaron por delante. Fue uno de los pocos militares leales a la República y a España cuando el golpe de Estado de 1936 a una forma de gobierno ya difunta desde aquel año de 1934. Batet, al que el General Mola (amigo suyo) le había dado la palabra de que él no estaba implicado en la posibilidad de un golpe, fue arrestado por los insurrectos, que le montaron un consejo de guerra, el cual lo condenó a muerte. Ni uno de los sublevados, Queipo de Llano, gran amigo suyo, pudo evitar la condena auspiciada por otro héroe del 34, Francisco Franco, que a la postre sería dictador.


El 18 de Febrero de 1937 era fusilado un hombre justo, el cual entendía que la defensa de la legalidad vigente era defender a España y a todos los que querían acabar con ella. En este caso, España acabó destruida por la guerra y el único justo entre los militares españoles fue aniquilado.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El garachiquense que se hizo a la mar

La villa de Garachico en la isla de Tenerife lo vio nacer por el año 1545. Poco conocemos del insigne Tomé Cano y más de uno se extrañaria porque fue un hombre importantisimo en su tiempo. Este garachiquense fue Capitán de número de la Carrera de Indias, armador y consejero de guerra, viviendo además del comercio y del transporte, adelantándose a muchos por su innovación y sentido de la observación. Sus avanzadas técnicas constructivas con la finalidad de controlar las navegaciones le hicieron muy requerido por todos. 


Es notorio que al Capitán Cano siempre se le pedía consejo antes de emprender viajes complidados ¿Por qué? Porque conocía al detalle cómo se debía construir un buque con unas garantías de maniobra y resistencia, aportando el cálculo exacto de eslora, manga, longitud de mástiles, lastre, etc. 
En 1588, don Tome Cano formó parte de una empresa magnífica. Se unió a la reconocida Armada Invencible sobre la Inglaterra de Isabel I, embarcando en la escuadra andaluza al mando del Almirante Pedro de Valdés. La empresa resultó un fracaso por el temporal que se llevó por delante a media escuadra española.
Cano compiló sus experiencias y capacidad como ingeniero naval en su libro "Arte para fabricar, fortificar y aparejar naos de guerra y merchante" publicado en el año 1611. Su figura estuvo en alza, obteniendo nombramientos como diputado de la Universidad de Mareantes, miembro de la Cofradía de Mareantes de Sevilla (ciudad donde residia), Capitán ordinario del Rey y escribano de la Hermandad de Mareantes del convento de San Francisco de Veracruz en el actual Méjico. 


Sería bajo el auspicio de Felipe III cuando asesoraría a marinos que emprendían rutas prácticamente ignotas para la cartografía de entonces y que representaban accesos estratégicos para el control de los trayectos comerciales entre América y España. 


Don Tomé Cano falleció en la ciudad de Sevilla en 1618 como un hombre más que respetable. Un hombre del que se han inaugurado en las Islas Canarias, concretamente en la isla de Tenerife calles, avenidas o bustos, dandole nombre incluso a un colegio, pero del que desgraciadamente se desconoce su figura. Un hombre al que podríamos calificar como uno de los más importantes marinos de España, aparte de ser una de las grandes personalidades nacidas en las Islas Afortunadas.

martes, 19 de enero de 2016

El General Weyler

Weyler es de esos hombres en la historia que entro con mal pie para algunos, mientras otros alabaron su determinación a la hora de afrontar los desafios. La primera en la isla de Cuba fue cuando reconcentró a la población rural para evitar que éstos ayudaran a los insurrectos cubanos. La segunda sería tras la denominada Semana Trágica de Barcelona donde reprimió con gran dureza los disturbios ocasionados por los extremistas en toda la ciudad. Weyler era muy suyo y no estaba dispuesto a que nadie se le subiera a las barbas.


Valeriano Weyler y Nicolau, hijo de militar, siempre llevó los cuarteles en la sangre, fruto de su instrucción en la Academia de Infantería de Toledo, donde obtuvó la graduación de Teniente. Weyler que participó activamente en la tercera guerra carlista, ocupo diversos puestos que muy pocos militares han ostentado a lo largo de su vida. Fue Capitán General de Canarias, de Filipinas, de Cuba y Cataluña, llegando a ser varias veces Ministro de la Guerra (al que actualmente conocemos como Ministro de Defensa). Dejando de lado sus decisiones controvertidas en Cuba o Barcelona, Weyler fue el que impulsaría la construcción del edificio de la Capitanía General de Canarias (Comandancia General actual) que se encuentra en  Santa Cruz de Tenerife y la construcción del Gobierno Militar de Las Palmas de Gran Canaria. 
Cabe destacar que sus decisiones, aunque llamativas en la actualidad (concentración de población en la isla de Cuba por ejemplo) era una táctica habitual en su época, que la prensa estadounidense se encargo de demonizar y los españoles se han dedicado a comprar a lo largo de la historia. Lo cierto es que Weyler pasa por ser uno de uno de los mejores estrategas militares de la historia de España, lo que es mucho decir.


Weyler por su gran hoja de servicios y su indudable lealtad al Rey fue ennoblecido con los títulos de Marqués de Tenerife y Duque de Rubí, Grande de España. Sin embargo, su espiritu monarquico, no le impidió oponerse a la dictadura de Primo de Rivera, participando en diversos complots para desalojar al dictador (que curiosamente era Capitan General de Cataluña al igual que lo había sido Weyler). Desde el mínuto 1 hasta su misma muerte, Valeriano Weyler presionó a Alfonso XIII sin conseguirlo.


Weyler fallecía en 1930. Meses después dimitía Primo de Rivera y posteriormente abdicaría Alfonso XIII, dando pasó a la Segunda República. A pesar del tiempo, aún hoy recordamos a ese incomprendido (y me atrevería a decir que odiado en la actualidad en algunos sectores ignorantes de la sociedad española) llamado Valeriano Weyler, del cual una plaza frente a la Capitania General de Canarias lleva su apellido: la plaza Weyler, centro neurálgico de Santa Cruz de Tenerife, que en mi opinión es la plaza más bonita de la ciudad.

lunes, 4 de enero de 2016

El General "moro" de Franco

De todos es bien sabido que el régimen franquista destacó por el denominado nacionalcatolicismo en el que la religión católica formaba parte de las instituciones del Estado. Sin embargo, una de las claves para que los rebeldes ganaran la guerra civil fueron los regulares musulmanes dirigidos por el propio Franco, que desde Marruecos invadieron la Península Ibérica desde Andalucia. Uno de los hombres que dirigía las guarniciones era Mohammed ben Mizzian.


Ben Mizzian nació en Beni Ensar, Nador, en el actual Marruecos. Era hijo de un caid fiel a la colonización española, llegando a tener gran relación con Alfonso XIII, del cual recibió la promesa  de apadrinar su ingreso en una academia militar española.
Siendo ya huérfano, cuando contaba unos 16 años, el Rey cumpliría la promesa hecha a su padre y apadrina su ingreso en la Academia de Infantería de Toledo, teniéndose que modificar la ley vigente, la cual no admitía que en una Academia se pudiera acoger a alumnos no cristianos.
Una vez graduado, Ben Mizzian participaría en la guerra de Marruecos contra los rebeldes del Rif dirigidos por Abd el-Krim. Allí conocería al entonces Teniente Coronel Francisco Franco, con el que trabaría una gran amistad, que dudaría para siempre, llegando Ben Mizzian a salvarle la vida, tras disparar contra un moro que les apuntaba tanto a Franco como a varios militares más. El futuro dictador nunca olvidaría tal cosa.
 
Franco el africanista

Años después de aquello, en 1936, tras una Monarquía fallida y una República decepcionante, comenzaría la guerra civil, tras el intento fallido de golpe de Estado. Franco sabía que los republicanos no eran precisamente del agrado de Ben Mizziam, aunque éste en su inició no se había puesto de un lado o de otro, pero le pidió ayuda a su viejo amigo para dirigir la rebelión en Marruecos. No sólo lo consiguió, sino que acabó por llevar a los indígenas hasta la misma Península donde se aplicaron con una crueldad extrema. Por donde pasaban, asesinaban a diestro y siniestro, violando a las mujeres y matando a los niños a sangre fría. Los musulmanes se aplicaron con una fiereza inmoral. 
Tras la guerra, con Franco de dictador, Ben Mizzian recibio todos los honores como héroe de guerra. Franco le nombró Comandante General de Ceuta. En 1953, fue ascendido a Teniente General (el único no cristiano que llegó a tal cargo), diendosele el mando de la Capitanía General de la VIII Región Militar en Galicia. En 1955 fue nombrado Capitán General de Canarias. 
Las Islas Canarias serían su último destino en el Ejército Español. Tras obtener Marruecos en 1956 la independencia, el Rey Mohammed V le pidió a Ben Mizzian que se encargara de la organización del nuevo ejército marroquí. Allí llegaría a ser Ministro de Defensa y Embajador de Marruecos en España. 
Su baja del Ejercito Español la solicitó el mismo, siéndole concedida el 22 de Marzo de 1957. Con hondo pensar, Francisco Franco veía como se iba uno de sus  soldados más fieles. Un hombre que había conocido en el infierno de Marruecos; aquel que le había salvado la vida. 
 

viernes, 6 de noviembre de 2015

El orgullo de las Fuerzas Armadas y la Democracia

23 de Febrero de 1981. Un intento de golpe de Estado tenía lugar en España a manos de unos militares con pistolas y subfusiles comandados por el Teniente General de la Guardia Civil Antonio Tejero. "Silencio todo el mundo" grito semejante individuo en medio de hemiciclo. Entonces, como si de un resorte se tratara, salió de la tribuna una figura, que todos presumiriamos fragil, pero cuyo energía conmovió a los españoles que veían la escena atónitos. De la tribuna salió el Teniente General Manuel Gutiérrez Mellado, Ministro de Defensa, exigiendoles aún a riesgo de su propia vida y sabiendo que era el militar de más alta graduación en esa sala, que depusieran su actitud. Tras zarandarear a Gutiérrez Mellado (un hombre que ya iba para 70 años), se oyeron los tiros en la sala por parte de un extremista como Tejero. El resto es historia, pero si algo quedo de ese día es que Gutiérrez Mellado, tan vilipendiado en días no tan lejanos, se había convertido en el orgullo de las Fuerzas Armadas Españolas, sino en un hombre que demostró que se podía ser militar y defender la Democracia.


Gutiérrez Mellado, que tenía un prolífico pasado en el régimen, sabía desde antes de la muerte de Franco, que la Democracia estaba en camino y nunca hubo un hombre en España tan bien elegido para una cartera tan complicada, la de Defensa, para llevar a un país a la Democracia. Precisamente la cartera de Defensa, llamada con anterioridad Ministerio de la Guerra y dividida con el franquismo en tres Ministerios (guerra., mar y aire), fue creada con el nombramiento de Gutiérrez Mellado, que con el Rey, se encargó de establecer y vigilar a determinados Generales, algunos muy proclives a un golpe de Estado. 

Suárez, Fernández Miranda y Gutiérrez Mellado

Difícil situación para un momento tan complicado como en de aquellos años 70 en el que Guardias Civiles eran asesinados por ETA y se acusaba al Gobierno y, en especial, a Gutiérrez Mellado de no hacer nada o de no ser suficientemente patriota con lo que quería hacer el Gobierno de la UCD de que en España hubieran Autonomías o se diera alas al nacionalismo vasco y catalán. 


Muchos militares despreciaron a Gutiérrez Mellado, alegando que era un hombre sin valor, cobarde y de escasos recursos, alguien que se había vendido por tener un puesto importante en Democracia. Nada más lejos de la realidad. 


Gutiérrez Mellado, que no todo lo hizo perfecto, demostró que se podía ser militar y defender las Leyes que salieran de un Parlamento Democrático; que nos alejáramos de aquellos años en la que los Generales tomaban el poder, algo habitual durante el Siglo XIX y XX de la historia de España. Gutiérrez Mellado demostró que era más valiente que aquellos que lo criticaban. Para la historia, esa imagen de un hombre desarmado, ordenándole a unos Guardias Civiles armados hasta las trancas que respetaran las Leyes. Gutiérrez Mellado no sólo fue el orgullo de las Fuerzas Armadas, sino de la Democracia.  

jueves, 29 de octubre de 2015

Recordando al General García-Escámez

Nació en Cádiz, pero su vida siempre estará asociada a las Islas Canarias. Don Francisco García-Escámez, a pesar de ser republicano de corazón, prefirió unirse al golpe militar de 1936 a una Segunda República muerta, en el que los radicalismos campaban a sus anchas. El golpe derivó en una guerra de tres años en el que sus acciones lo llevaron de ser Coronel a General de Brigada. Tras esto, llegaría a ser Teniente General. Acabada la guerra, con la victoria de los sublevados, sería nombrado Capitán General de Canarias.


García-Escámez se adaptó muy pronto a la idiosincrasia isleña, ganándose el respeto de muchos que incluso eran contrarios a la dictadura, puesto que era bien conocidas las desavenencias entre él y Franco. Las islas alcanzaron un cierto estatus económico en una etapa de aislacionismo no ya sólo del país por la condena internacional al franquismo, sino de las Islas dentro de España, algo histórico con cualquier sistema o régimen hasta entonces. Hay que recordar que el Capitán General entre sus atribuciones no sólo estaban las militares o estratégicas, sino que además era el Jefe del Mando Económico de la región.
Sin embargo, hay una curiosidad sobre García-Escámez, que no se conocería hasta mucho después de su fallecimiento, salvo para unos pocos. El Capitán General de Canarias se puso de acuerdo con los elementos monárquicos de Estoril en Portugal para hacerse independiente del Gobierno español, proclamando la monarquía de don Juan de Borbón en Canarias. La idea era la posibilidad de que los alemanes, cansados de Franco (por su no entrada definitiva en la guerra mundial), invadieran España para, aprovechándose del desconcierto, hacer que las Islas fueran un territorio independiente regidos por un Borbón.


El primo de Franco, Salgado-Araujo nos lo relata en "Mis conversaciones privadas con Franco" donde, según él, su primo le dijo:
"Cuando estuve oficialmente en Canarias después de la última guerra europea (1958), me extrañó que en un sitio visible hubiera una fotografía de Don Juan de tamaño bastante grande, con una expresiva dedicatoria. Mi sorpresa fue grande, pues yo sabía que García-Escámez había sido siempre partidario de la república  y no sabía a qué venía tanto cambio de ideales políticos. Ahora me lo explico"
Lo cierto es que tal cosa, como bien sabemos, no se produjo y sí Franco procuró llevarse bien con García-Escámez fue por el cariño que le profesaba la población isleña, algo que se hizo patente en el multitudinario funeral, tras su repentina muerte en 1951, que fue oficiado por otro personaje muy querido por los canarios, el obispo de la Diócesis Nivariense, don Domingo Pérez Cáceres. 
García-Escámez fue y es una figura tan respetada que aún hoy un barrio de Santa Cruz lleva su nombre. Y es que este gaditano de nacimiento y canario de corazón es una de las personalidades más importantes de la historia de las Islas Canarias.

martes, 27 de octubre de 2015

"¡Vete a la porra!"

La expresión que titula este post es una de las más conocidas y de las que estoy seguro todos habremos dicho alguna vez para quitarnos de encima a una persona que no nos cae bien, con la que tenemos una discusión (para zanjarla) o es literalmente un pesado. Sin embargo, ¿De dónde viene esta frase popular?


Curiosamente tiene un origen militar. La porra era un bastón colosal, labrado y rematado por un gran puño de plata, que llevaba el tambor de los antiguos regimientos militares. La costumbre era que este bastón era colocado en el centro de un campamento militar para marcar el sitio donde tenían que ir los soldados cuanto cometían una infracción. 
Así cada vez que un superior veía que uno de sus soldados cometía un delito, utilizaba la castiza frase de "¡Vaya usarced a la porra, seor soldado!" (está en lengua medieval) y éste no tenía más remedio que, durante el descanso, ir hacía donde estaba el mencionado bastón para sufrir el arrestro por las faltas que hubiera cometido. Con el tiempo esta frase pasó a formar parte de nuestro acervo cultural, pasando del ambiente militar original a nuestro día a día.

jueves, 15 de octubre de 2015

Cuando... la muerte no es el final

Cesáreo Gabaráin Azurmendi era un Sacerdote nacido en Hernani, Guipuzcoa. Este hombre aparte de su labor religiosa, fue un notable deportista (era conocido como el cura de los ciclistas), destacando además por ser un gran compositor. Su repertorio es de unas 500 canciones y es que veía en las canciones una forma de acercarse a Dios. Una de sus canciones más conocidas la asociamos a las Fuerzas Armadas Españolas; el tema en cuestión es La muerte no es el final.
 

Gabaráin compuso esta canción tras la muerte de un joven de 17 años llamado Juan Pedro, que era organista en su parroquia. La canción era todo un himno a la Vida más allá de la propia Vida; a la promesa de Dios de una Vida Eterna. Sólo una vez se hace referencia al título de la misma y es al principio. La letra es la siguiente: 
Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.
Siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.
Cuando la pena nos alcanza
por un hermano perdido cuando el adiós dolorido
busca en la Fe su esperanza.

En Tu palabra confiamos
con la certeza que Tú
ya le has devuelto la vida,
ya le has llevado a la luz.
Ya le has devuelto la vida,
ya le has llevado a la luz
Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo
nos regalaste la vida,
como en Betania al amigo.

Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.
Porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.
Esta canción fue escuchada por el Teniente General José María Sáenz de Tejada en la escuchó en un funeral e imaginó acertadamente que la mencionada canción realzaría el traslado de la corona de laurel hasta la cruz en los ceremoniales militares del homenaje a los Caídos. Así en 1981, las Fuerzas Armadas Españolas adoptaron esta la parte central de esta canción como himno (cambiándose la palabra "hermano" por "compañero") que se entona en todos y cada uno de los homenajes a los que han muerto en acto de servicio a lo argo de la historia dentro del Ceremonial en Homenaje a los Caídos por España. Así esta hermosa canción se convirtió de forma casual en un Himno a todos los que han dado su vida por la patria. 

viernes, 24 de julio de 2015

El degradado Mariscal Pétain

Pasó de ser el héroe de Verdún a ser un tipo despreciable y horrendo por su colaboracionismo con los nazis. La historia sólo la escriben los vencedores y, sín lugar a dudas, podemos decir que el Mariscal Philippe Pétain supo lo que era estar tanto en el bando de la victoria como en el de la derrota, padeciendo sus consecuencias. 


Pétain se ganó la fama al dirigir a las tropas francesas en Verdún contra los alemanes, durante la Gran Guerra del 14, consiguiendo una victoria importantisima en medio de una de las confrontaciones más sangrientas que se recordaban hasta ese momento. Pétain recibió todos los honores como el vencedor de Verdún. 


Elegido miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Pétain participó tanto en el conflicto de Marruecos junto a España, derrotando Abd el-Krim, jefe de la efímera República del Rif. Por aquel entonces, lo que conocemos como Marruecos estaba dividido entre la zona dominada por los españoles y la dominada por los franceses.


Pétain fue Ministro de la Guerra y embajador en España en 1939. Pétain mantuvo su hoja de servicios intacta hasta que los nazis, con la Segunda Guerra Mundial iniciada, invadieron Francia. Se daba por terminada la débil Democracia francesa y se instauraba un nuevo régimen, el de la Francia de Vichy, con el que Pétain colaboro, siendo puesto como Jefe de Estado por los nazis (era un mero titere), generandose una política de terror por toda Francia contra todo aquel que se opusiera al régimen. La liberación de Francia se iniciaría con el famoso desembarco en las costas de Normandía. 

Saludo entre el Mariscal y Hitler

Su colaboración con el terror nazi le llevó a Pétain a ser degradado y condenado a muerte, aunque dicha pena se le conmuto por la cadena perpetua. El antaño vencedor de Verdún murió en la cárcel en 1951 con el mayor de los oprobios, siendo despreciado por todos aquellos que hasta hace unos años le alababan como su más grande héroe militar. 


Sin apreciar para nada lo que hizo Pétain en los últimos años de su vida pública (colaborar con una horda fanática y violenta), resulta curioso que el degradado Mariscal fuera juzgado por aquellos que hasta antes de ayer colaboraban con Hitler hasta el punto de apreciarlo (Churchill llegó a decir "Si nuestro país fuera derrotado, desearía que encontráramos un campeón tan indomable como el señor Hitler para restaurar nuestro coraje y conducirnos otra vez al lugar que nos corresponde entre las naciones"), firmar pactos con él (los asesinos soviéticos firmaron con los nazis el Pacto Ribbentrop-Mólotov con el objetivo de repartirse Europa y no agredirse mutuamente, algo que rompió Hitler con la invasión de Rusia) y dejaron rearmarse a Alemania a pesar de lo firmado, tras la finalización de la Gran Guerra. 


Al final fue verdad lo que les comente antes; los vencedores son los que escriben la historia y todos aquellos que he mencionado, todos aquellos que juzgaron a Pétain y a muchos otros, son tan responsables de la consecución del establecimiento de los nazis como lo fue el degradado Mariscal.

jueves, 16 de julio de 2015

Las Navas de Tolosa; la batalla de los mundos

Tras la derrota acontecida en Alarcos, el Rey Alfonso VII de Castilla pedia al Papa Inocencio III apoyo para que se diera a participación del resto de los reinos cristianos de la Península Ibérica, con los que Castilla estaba enfrentada. La actitud del Rey castellano fue muy inteligente, ya que el Pontífice le dio a las batallas entre cristianos y musulmanes carácter de cruzada (al igual que el conflicto en Tierra Santa), prometiendo el perdón de los pecados a los que lucharan en ella e imposibilitado la negativa de los diferentes Reinos, ya que era una orden papal.


La batalla de las Navas de Tolosa, la cual la historiografía cristiana le da un valor importantísimo, mientras la musulmana le quita importancia fue una guerra entre dos mundos enfrentados en los que términos como la Yihad y frases hechas como "Dios lo quiere" eran la base del enfrentamiento político en el que se mezclaba la Religión y la economía.


Son muchas las leyendas en torno a una batalla en la que se habla de apariciones de Santos o de musulmanes, que con sus cadenas intentaban evitar el paso de los cristianos, algo que sirvió, por cierto, para cimentar la historia en torno al escudo del Reino de Navarra.


Independientemente de todo esto, en las Navas de Tolosa, el 16 de Julio de 1212, tuvo lugar la primera batalla entre unos Reinos unificados por su Fe Cristiana y el Imperio Almohade; un enfrentamiento que ejemplifica a la perfección lo que fue y es la batalla entre el mundo cristiano y musulmán.

jueves, 18 de junio de 2015

Waterloo; la tumba de Napoleón

El exilio en la Isla de Elba parecía haber acabado con Napoleón. Tras su abdicación (aunque en realidad era había sido destituido como tal), el que antaño fuera el dueño de media Europa fue desterrado junto a su familia a una pequeñisima Isla, que distaba 20 Km. de la costa italiana. Lo único que le quedaba era la conservación de su título de Emperador de forma vitalicia, aunque no era más que un mero formalismo, sin valor real para él, ni sus descendientes. 


El Congreso celebrado en Viena  entre 1814 y 1815 dispuso el nuevo orden en la Europa post-napoleónica. En Francia, los realistas instalaron en el poder a Luis XVIII. La esposa de Napoleón María Luisa, así como su hijo quedaron bajo la custodia del padre de ella, el Emperador Francisco I, y Napoleón no volvería a verlos nunca. Napoleón era consciente de los deseos de los ingleses de desterrarlo a una isla remota en el Atlántico y del rechazo del pueblo francés a la restauración borbónica (algo que nunca habían pedido). Es por eso que escapó de Elba en Febrero de 1815 y desembarcó en Antibes el 1 de Marzo desde donde se preparó para retomar Francia.
Allí junto a muchos de sus leales inicio una marcha a Francia, acabando en París donde fue recibido y aclamado por el pueblo, levantando un ejército regular de 140. 000 hombres, así como una fuerza voluntaria que rápidamente ascendió a alrededor de 200.000 soldados. Parecía que Napoleón volvía con más impetu y fruto de ésto, las fuerzas europeas vieron peligrar su posición y no tuvieron más opciones que declarar la guerra al renacido Emperador. 

Napoleón llevado a hombros por sus tropas

Antes de enfrentarse a sus acérrimos enemigos, Napoleón promulgó una nueva Constitución, de carácter más democrático y liberal que la vigente durante el Imperio. Finalmente, tendría lugar el enfrentamiento con los aliados. Éstos eran las tropas británicas, holandesas y alemanas dirigidas por el Duque de Wellington y el ejército prusiano del Mariscal de Campo Gebhard Leberecht von Blücher.

El Duque de Wellington

Hubo varios enfrentamientos (con victorias francesas), pero el punto culminante, donde se decidió el futuro del mundo sería en la llanura cerca de la localidad de Waterloo en Bélgica el día 18 de Junio de 1815. Tras una primera operación de distracción por la mañana, la batalla tuvo lugar desde el mediodía hasta última hora de la tarde. El ejército francés fue incapaz de romper las líneas aliadas, bien cohesionadas que sabían de los errores cometidos en el pasado, y optaron por defender en un inicio y atacar después con la llegada a última hora del reorganizado ejército de Blücher. 


Napoleón, el antaño brillante estratega militar, veía como su ejercito era triturado. Hubo hasta 46. 656 bajas francesas (28. 000 entre muertos y heridos y 10.000 prisioneros) por 24 000 de los aliados (17 000 anglo-aliados, 13.700 entre muertos y heridos, y 7000 prusianos, entre muertos y heridos). Napoleón había sido vencido y, como tal, tuvo que firmar un acta de rendición, que incluia su definitivo destierro a la Isla de Santa Elena, donde acabaría falleciendo. 


Sin embargo, la tumba inicial de Napoleón no estuvo en dicha isla, ni esta en Francia, sino en aquella colina cerca de Waterloo donde vio como su Imperio nunca volvería. Waterloo fue la tumba de Napoleón Bonaparte.