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miércoles, 8 de agosto de 2018

Perico... a pesar de todo

Había tenido mucha mala suerte Perico Delgado en los Tours de Francia. En su primer tour una ingesta de comida en mal estado cuando iba 2º impide que compita por la victoria. En su segundo tour una caída hace que se rompa la clavícula y tenga que abandonar. En otro tour, el dolor por la muerte de su madre cuando estaba compitiendo hace que no pueda dar lo mejor de si y se hunde. En todos ellos, había empezado muy mal, pero había remontado hasta estar en puestos de podio, pero algo fatal le había impedido llegar a París al menos entre les primeros. Para el tour de 1988 era de los favoritos... ¿lo conseguiría?


Parecía que iba a ser la buena. Se mostró el más regular durante los primeros días de competición  (a diferencia de otras ediciones donde tuvo que remontar), y aunque la mala suerte volvía a hacer aparición en la 5ª etapa (perdiendo más un minuto respecto a los favoritos a causa del corte producido por una caída), la cosa cambió al día siguiente, en la 1ª contrarreloj, cuando las condiciones climatológicas se aliaron con Perico para que marcase un tiempo mejor que el de la mayoría de los favoritos. Sería en el mítico Alpe d'Huez donde saldría con el maillot amarillo. Todo parecía sonreirle a falta de una semana para que acabase el tour, pero...
... se filtró por organismos interesados que había habido un positivo de un corredor. El director de la carrera filtró a los medios oficiales un supuesto positivo del corredor en un control antidopaje, sin comunicar la sustancia (algo ilegal). Cuando se realizó el comunicado oficial, se comprobó que se trataba de la sustancia probenecida, cuyo uso podría utilizarse para enmascarar la ingesta de anabolizantes y que estaba recogida como sustancia prohibida por el COI pero no por la UCI (Unión Ciclista Internacional). ¿Qué estaba en favor del corredor?


Al parecer la probenecida desaparece del organismo en 8 horas, mientras los anabolizantes pueden ser detectados hasta 120 días después de su uso, lo que hace que hubiera tenido que tomar la tal probenecida continuamente y en la orina del corredor (que pasó controles todos los días al ser el líder), no se encontró de nuevo la sustancia, ni por supuesto rastro de anabolizantes. Lo que parecía evidente es que desde la organización del tour se había actuado de mala fe con el objeto de que Perico pudiese tan siquiera salir y por ende optar a ganar una edición que estaba dominando. 


Al final salió, ganando la más importante vuelta de las dos ruedas, siendo el tercer español que conseguía subir a lo más alto del podio en París, tras Federico Martin Bahamontes y Luis Ocaña. Luego como todo el mundo sabe llegaría el gran Indurain. Pero ni aún habiendo ganado, Perico estuvo "tranquilo". Durante la celebración del triunfo... ¡perdió el maillot amarillo! ¡Perico a pesar de la adversidad!

domingo, 3 de julio de 2016

El eterno segundo

Era un grande del ciclismo. Todo un ídolo en su país, su velocidad en la bici era dificilmente igualable, salvo por dos excepciones. Dos salvedades que le hicieron pasar a la historia como el eterno segundo. Y es que Raymond Poulidor tuvo la mala suerte de encontrarse con su compatriota Jacques Anquetil y el canibal Eddy Merckx. 


En los años 60 la rivalidad entre Poulidor y Anquetil fue antológica y dividió a la Francia ciclista entre partidarios de uno y del otro para ganar su Tour. A punto estuvo Poulidor de ganar al veloz Anquetil, pero el gato al agua siempre se lo llevo su rival que consiguió ganar la ronda francesa en hasta cinco ocasiones. 

Anquetil vs. Poulidor

A pesar de tan mala suerte, Poulidor siguió intentándolo año tras año, cada vez con el apoyo de más gente, que lo veía como ese héroe que, independientemente de los fracasos, siempre lo intentaba al año siguiente. La retirada de Anquetil en 1969 parecía dejarle via libre para ser primero en su carrera, pero cuando estuvo en disposición de atacar el maillot amarillo de nuevo (prenda que, por cierto, no llegó a vestir ni un solo día), se encontró con el "caníbal". Eddy Merckx se llevó cinco Tours. En tres de ellos estaría acompañado por Poulidor en el podio. La tragedia del ciclista frances fue competir contra adversarios tan buenos como él, pero que siempre se llevaban la carrera al final. 


Poulidor nunca consiguió su tour, pero su tenacidad, su incombustible lucha le llevó a intentarlo una y otra vez porque su derrota hubiera sido no intentarlo. Y así lo demuestra el hechod de que con sus tres veces segundo y sus cinco veces tercero haya pasado a la historia como el ciclista que más podios ha obtenido en el tour de Francia. Una carrera que no ganó, pero que le debe gran parte de su historia. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

La tragedía de Luis Ocaña

El 19 de Mayo de 1994 se suicidaba un hombre. En una época en la Miguel Indurain ganaba los Tours de Francia (ese año conseguiría su cuarto Tour consecutivo), aquel hombre, que acababa de suicidarse, había sido un grande del deporte de las dos ruedas. Ese hombre, al que muchos habían olvidado, fue el segundo español en conseguir la competición gala, tras Federico Martín Bahamontes. Ese hombre se llamaba Luis Ocaña. 


Ocaña fue uno de los grandes ciclistas de finales de los 60 y principios de los 70, llegando a conseguir, aparte del mencionado Tour, una vuelta España, siendo, además, una vez campeón de España en ciclismo en ruta. Ya retirado se dedicaría a la viticultura en el sur de Francia. 
En 1979 volvería literalmente a nacer cuando escapo con vida de un accidente de tráfico. Muchos afirman que a partir de ahí empezaría a torcerse la vida de un hombre al que muchos comenzaron a vincular con sus vinculaciones políticas que con sus éxitos deportivos. 


Para colmo se le diagnostico una hepatitis C, que lo sumió en una fuerte depresión, algo que lo llevaría a la desesperación más absoluta. Ese hombre, que ganó aquel Tour del 73, se suicidio en las más absoluta de la soledad. Sin embargo, Ocaña no podía, ni debía ser olvidado.


En Mayo de 2008 recibió a título póstumo la Real Orden del Mérito Deportivo y es que Luis Ocaña ha sido uno de los más grandes deportistas de nuestro país en un momento en el que los españoles no solían estar entre los ganadores. 

sábado, 5 de septiembre de 2015

El último aliento de Fausto Coppi

Sería en una sesión de caza en el Alto Volta (actual Burkina Faso). Tras participar en una carrera con otros ciclistas franceses, Fausto Coppi contraía la malaria. Un retraso en el diagnostico y una mala curación hizo que uno de los ciclistas más grandes de aquella época muriera con apenas 40 años. 


Tan solo mencionar a Fausto Coppi es hablar de historia pura del ciclismo: estamos ante un corredor al que podríamos calificar como un grande, consiguió 5 Giros de Italia, aparte de 2 Tours de Francia, que hicieron que se le conociera como el Campeonissimo. 


Coppi llegó a ser tan importante dentro de la sociedad italiana que trascendió a el propio ciclismo hasta el punto de que cuando se declaró agnóstico se armo una buena dentro de la Italia tradicionalmente católica. De hecho, los transalpinos de dividieron entre los que se declaraban seguidores de Coppi (agnóstico) o de Gino Bartali (católico convencido), que era el adversario deportivo de Coppi, llegándose a decir que se llevaban mal. Esa imagen cambio cuando a Bartali se le acabo el agua en una carrera y Coppi le ofreció su botellín, diciéndole: "Toma Gino, bebe", en una imagen que ha pasado a la historia del ciclismo. 


Ese magnífico hombre, el gran Fausto Coppi moría en 1960, algo que causo gran conmoción en Italia. Y es en ese momento cuando todos recordaron aquel Giro de Italia de 1949 en la que recorrió 192 kilómetros en solitario en la etapa entre Cuneo y Pinerolo, una auténtica hazana, que le valió para ganar esa edición de forma definitiva. 


El famoso periodista Mario Ferretti, ante ese gran hecho, diría en su crónica una frase que pasaría a la posteridad de un hombre que cuando corría lo daba todo: 
"Un hombre solo al mando, su maillot es blanco y celeste. Su nombre, Fausto Coppi"

jueves, 17 de julio de 2014

El águila de Toledo

Aquel año de 1959 España hacía veinte años que había iniciado una gris dictadura. Aquel año España no era precisamente de los países más avanzados del mundo. Aquel año, aquel año, ...


Pero no todo eran penurias en una España que aún no había sacado la cabeza en el concierto internacional a nivel político. Pero, a diferencia de ésto, eran el deporte español lo que hacía que el país de la piel de toro fuera conocido. Aquel año de 1959 uno de los hijos del deporte español hizo historia. 
Ese año se alzo por encima de todos un escuálido ciclista, que con su velocidad sorprendió a propios y extraños. A ese corredor lo conocían como el águila de Toledo por su capacidad para las etapas de montaña en las que era el mayor experto. Lo conocía como el águila de Toledo. Su nombre Federico Martín Bahamontes.


Aquel año de 1959, para sorpresa de todos, el fantástico corredor toledano se hacía con algo hasta ese momento para el deporte español no se había conseguido. El águila de Toledo conseguía el Tour de Francia, las carreras de las carreras ciclistas. El Santo Grial del ciclismo. Algo magnifico, que no debe olvidarse, puesto que sí el grandioso Indurain levantaría a todo el país con sus cinco Tours seguidos, no hay nada como la primera vez. Y el primero fue Bahamontes, que supero a corredores como Anquetil, gloria del ciclismo francés.


El águila de Toledo se alzo victorioso por una plaza inexpugnable hasta ese momento para el deporte español. Bahamontes había conseguido lo que hasta ese momento ningún español había conseguido. Y todo fue en 1959. Aquel año.

sábado, 5 de julio de 2014

Aquellos Tours de Francia

Siempre, da igual las épocas, hay un deportista que hace que te aficiones a determinado deporte. En mi caso, me aficione al baloncesto gracias a Michael Jordan y aquellos Bulls arrolladores, me aficione al fútbol cuando vi con la pasión con la que jugaba un por aquel entonces jovencisimo Raúl y me aficione al ciclismo gracias a un rompedor ciclista que forma parte del Olimpo de la bicicleta: les estoy hablando de Miguel Indurain.


A mi, como a casi todos los que nacimos por aquellos años, finales de los 80 y principios de los 90, se me quedo grabada la imagen de ese corredor portentoso, yendo en carrera, apoyado por toda España y cuyo pundonor hizo que ganara hasta cinco Tours de forma consecutiva.
Era de esos corredores que levantaban de los asientos a España, tal y como hace en la actualidad Rafael Nadal. El Tour siempre fue uno de los acontecmientos dignos de ver este verano. Era y es anual por lo que no es como un Mundial o una Eurocopa, que como son cada cuatro años a veces pierdes la perspectiva. España volvió a ganar otros Tours, mal que les pese a los franceses, pero nunca sentí la emoción de aquel Miguel Indurain, que emociono a más de uno.


Por otro lado, esta la estafa más grande que se puede cometer en el deporte: el dopaje. Uno de los máximos exponentes fue Lance Armstrong, ganador siete veces consecutivas del Tour soprendentemente. No digo que no se puedan ganar, sino que Armstrong antes del cáncer que padeció, no era más que un corredor del montón, por no decir mediocre. Y sólo corría el Tour. Finalmente, se demostró la estafa deportiva, poniendo en entredicho al ciclismo de competición.


En la actualidad, el Tour esta infravalorado por sus propios méritos: etapas interminables, algunas de más de 200 Km., ediciones que empiezan en países diferentes, controles antidoping bajo sospecha y un largo etcétera. Es muy triste porque yo, al igual que muchos, crecí viendo este deporte en televisión. En cierta medida, las retransmisiones del Tour forman parte de mi infancia. Y algunos miserables se lo están cargando. Una pena.