jueves, 14 de mayo de 2020

Ruiz de Padrón y la abolición de la Inquisición

"El daño que ha hecho la Inquisición a la Iglesia y al Estado es incalculable. Ella no ha corregido las costumbres, no ha procurado la instrucción de los pueblos en la sólida y verdadera religión; se ha opuesto, ya por conveniencia ya por política, a la instrucción de un pueblo digno de mejor suerte. Ha derramado las tinieblas, ha patrocinado la superstición, mira con odio la libertad de imprenta y, aunque acosada y moribunda, quiere como la hidra levantar sus siete cabezas para destruir después sordamente cuanto hemos construido en beneficio de la nación"
Natural de la Gomera, Antonio José Ruiz de Padrón fue un religioso franciscano, ya desde su juventud muy curioso y culto, el cual fue uno de los miembros de las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución de 1812. La cuestión es que fue el promotor junto a otros diputados de la abolición de la Inquisición.


Tras cursar estudios en Tenerife, se ordena sacerdote en 1781 y es nombrado lector de Artes en el convento franciscano de la Victoria de Acentejo. En un momento donde los movimientos ilustrados estaban en auge, se hace socio de la Real Sociedad Económica de San Cristóbal de la Laguna. Viaja a La Habana (en la isla de Cuba), invitado por su tío, Fray Jacinto Mora, también franciscano. Una enorme tempestad arroja la nave en la costa de Pensilvania (en los Estados Unidos de América). En el capítulo VI de su Dictamen sobre la Inquisición lo cuenta así: "arribé a Filadelfia, ciudad principal de los Estados Unidos. Varias conexiones me proporcionaron el conocimiento y amistad del célebre Benjamín Franklin". Efectivamente, llegó a conocer al mismísimo Ben Frankin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, empapandose de las ideas liberales y convirtiéndose en un firme defensor de la Libertad y oponiéndose aún más si cabe a la Inquisición.

Benjamin Franklin 

Luego llegarían a España los franceses merced a una política nefasta por parte de los Borbones, una guerra de la independencia y con ella las Cortes de Cadiz que harían nacer un 19 de Marzo de 1812 la Pepa. Una Constitución que, aunque no reconocía la Libertad de culto, eliminaba la Inquisición.

¡¡¡Viva la Pepa!!!

Tras la llegada de Fernando de Borbón bajo el nombre de Fernando VII volvieron a las viejas actitudes oscurantistas que tanto lastraron a España. La Constitución fue rechazada por el Rey felón y la Inquisición volvió. Tanto afrancesados como liberales, entre los que se encontraba Ruiz de Padrón, fueron perseguidos o encarcelados (a no ser que consiguieran exiliarse).
En el caso de Ruiz de Padron tuvo la "fortuna" de ser recluido en el convento ya muy enfermo en pleno sexenio absolutista. La revolución de Riego propició que el Rey aceptase a regañadientes la Constitución habiendo un breve momento liberal (duró tres años, por lo que esta época se conoce como trienio liberal, siendo de 1820 a 1823). La Inquisición quedaría definitivamente abolida en España.
El Gobierno, deseando que no quedase sin justa recompensa el mérito insigne de don Antonio José Ruiz de Padrón, el eclesiástico que se opuso firmemente a la Inquisición, le nombró dignidad de maestrescuela de la Catedral de Málaga de la que disfrutó por poco tiempo debido a su enfermedad, volviendo a Galicia, donde vivió gran parte de su vida, llegando a ser diputado. De hecho, durante mucho tiempo fue abad de Vilamartin de Valdeorras en Orense, ejerciendo una ingente labor pastoral. Allí falleció el 8 de Septiembre de 1823.


Extraordinario teólogo, aparte de predicador, era un amante de la cultura y firme defensor de las libertades en una época difícil. Su mayor tristeza es que nunca volvió a su tierra natal, su querida isla de la Gomera. No obstante, su interés por conocer la situación de sus paisanos siempre estuvo ahí, algo que conocemos por la correspondencia mantenida con su hermano. Lo cierto es que siempre quiso regresar a su querida tierra canaria y así "volver a comer gofio y pescado fresco".

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