viernes, 29 de mayo de 2020

El poder curativo de la Toja

“El Colón de este nuevo mundo de salud fue un borrico. Un verdadero borrico, cuadrúpedo, cubierto de mataduras y de tiña, al que abandonaron, por no descoyuntarlo, en la isla desierta. Y al cabo de algunos meses cuál sería la sorpresa del dueño al encontrar, en vez de un esqueleto, un burro sano, saltando, con el pelo tan reluciente que envidiaría la cabalgadura de Sancho Panza. El animal se había revolcado en las saludables lamas. Sus heridas desaparecieron"
Así narraba doña Emilia Pardo Bazán, la inmortal escritora gallega, el curioso origen en forma de leyendas de las reconocidas aguas medicinales de la Toja.


Y es que merced a esto y en una época como la del XIX y principios del XX donde estaban de moda ir a hacer las aguas o ir a balnearios, la isla de la Toja comenzó a recibir a más vecinos y visitantes no sólo gallegos, sino de toda España a tratarse diferentes dolencias y enfermedades en base a las propiedades curativas del agua de la Toja.
Antes de todo eso, la Toja, anteriormente conocida como Louxo, la isla se hallaba deshabitada y no ofrecía ningún tipo de interés para los vecinos hasta que a principios del XIX se empezó a pensar en el provecho económico que podían sacar del supuesto poder curativo de sus aguas. Debió surgir la historia del burro más o menos por esa época. Ignoró si tiene alguna base real, pero... ¿quién sabe?


Yo tuve precisamente la oportunidad de ir a la isla de la Toja durante una visita que hice a la querida tierra gallega, ya que precisamente me quedé en el pueblo de O Grove al cual pertenece la Toja. Al fondo, veía la isla de la Toja unida al pueblo por un decimonónico puente.


Entre lo que destaca son los jardines que rodean la Ermita, conocida como la capilla de las conchas por estar enteramente hecha de conchas e inclusos puedes conocer en profundidad la ría con un paseo en catamarán (esa idea la deseche por completo).


Por otro lado, cuenta con balnearios, antiguas fábricas de jabones y cosméticos (hoy en día los productos con la marca "La Toja", que vemos en algunos supermercados ya no se fabrican allí), hoteles de lujo, campo de golf, puerto deportivo, centro de congresos, viviendas, etc. Está claro que las cosas han cambiado mucho desde que aquel dueño se encontró a su burro ágil y reluciente.

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