martes, 7 de mayo de 2019

Chus Alonso, el fenómeno del gol

Cuentan las crónicas que era un jugador magnífico, de esos que levantaba al público de sus asientos; con una técnica depurada y con llegada a gol. Lo único que le lastró fue su carácter (de hecho, a principios de los 40 se declaró en rebeldia porque quería cobrar más, algo poco habitual en la época) y sobre todo las lesiones. Me estoy refiriendo a Chus Alonso. 


Nacido en la isla de Cuba en 1917, aunque de padres asturianos, era muy pequeño cuando sus progenitores retornaron a España, concretamente a Oviedo donde daría sus primeras patadas al balón, jugando ya como profesional en el Stadium Ovetense y después en el Real Oviedo, uno de los mejores equipos aquellos años anteriores a la guerra civil en el que se hallaban ni más ni menos que Isidro Langara y Herrerita. Precisamente la hermana de Chus se enamoraría de éste último, casandose poco después. Ya antes de la guerra fichó por las categorias inferiores del Madrid (sin título de Real por la Segunda República Española), convirtiendose después del desgraciado conflicto bélico en el ídolo del club de Chamartín. Cuando sus lesiones se lo permitieron, formó delantera con jugadores como Alday, Belmar, Barinaga, Pruden y Molowny entre otros. 


Desgraciadamente el club no vivía buenos momentos en el plano deportivo. Alonso sólo ganó dos Copas de España, ya que entre la mala suerte y la falta de fichajes debido a la edificación del nuevo Chamartín, el club no conseguía ganar la ansiada Liga. En su haber tenemos que anotara dos goles en la inauguración del estadio con victoria blanca por 3-1 (el primer gol lo anotó Barinaga de cabeza) y el primer gol en partido oficial (ante el Athletic de Bilbao en Liga). En 1948 se iría al Real Zaragoza donde se retiró dos años después. 


Años después, el hijo de Herrerita y su hermana Mercedes acabaría jugando en el Real Madrid con los Di Stéfano, Gento y compañía. Un accidente de tráfico acabaría con su vida cuando contaba con 24 años y una prometedora carrera por delante. Se llamaba Chus Herrera.

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