sábado, 21 de enero de 2017

Y se llamó Pegaso

Pegaso era un caballo alado, una de las más hermosas criaturas. Su nombre proviene de la palabra griega que significaba manantial pues se dice que había nacido en las fuentes del Océano. Hay varias versiones de su nacimiento. La más extendida es que había nacido del cuello de la gorgona Medusa, cuando Perseo la mató en el mar. 


Ciertamente, tiene el honroso mérito de habitar entre los Dioses, siendo el caballo de Zeus. El caballo alado tuvo gran importancia ayudando a Belerofonte a matar a la Quimera, bestia de múltiples cabezas, acabando por si solos con las terribles amazonas, destacando por ser un animal bondadoso y bueno, el cual sirvió con gran presteza a los Dioses y, especialmente, a Zeus. 


El mencionado Zeus, del cual Pegaso llevaba diariamente sus truenos, lo convirtió en Constelación para que el caballo alado no muriera y, por lo tanto, fuera eterno. Se dice que Cuando ésto sucedió, una pluma de las alas de tan magnífica criatura cayó cerca de Tarso, ciudad turca donde nació San Pablo.

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