domingo, 16 de octubre de 2016

El Vellocino de Oro

Se cuenta que Atamante, Rey de la ciudad de Orcómeno en Beocia  tomó como primera esposa a la diosa nube Néfele, con la que tuvo dos hijos, llamados Hele y Frixo. Posteriormente el Rey se enamoró y casó con Ino, que tenía celos de sus hijastros y planeó matarlos. La madre de ellos, Néfele, o su espíritu se apareció ante los niños con un carnero alado cuya lana era de oro puro. Los niños huyeron montando el carnero sobre el mar, pero Hele cayó y se ahogó en el estrecho del Helesponto, llamado así en honor del infante fallecido. El carnero llevó a Frixo hasta la  playa del mar Euxino. Allí sacrificó entonces al carnero y colgó su piel de un árbol (en algunas versiones se especifica que fue un roble) consagrado a Ares, Dios de la guerra, donde fue guardada por un dragón. 


Tiempo después a Jasón se le encomendó traer el Vellocino de Oro para recuperar el Trono de Yolcos en Tesalia. Para ello reclutó a una serie de hombres, los argonautas, cuya palabra procede del griego αργοναύτης, de αργος / argos (nombre de la nave) y ναύτης / nautes" (marinero). Su nave el Argos.


El número de argonautas varía en función de las fuentes, pudiendo ser de 40 a 55 miembros.  Lo cierto es que tras diversos avatares, contados en varios poemas épicos (que difieren entre si), Jasón recupero el Vellocino de Oro y, por lo tanto el Trono que le correspondía.


Una anécdota: durante el siglo XV, el Vellocino de Oro fue escogido como símbolo para la cadena o condecoración de la Orden del Toisón de Oro (cabe decir que toisón en francés significa vellón) , que fue una orden de caballería creada por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña. El Vellocino que pendía del collar de dicha Orden, llamativamente fue relacionado con el Cristianismo, ya que se convirtió en el símbolo de Jerusalén, Ciudad Santa situada al Oriente, al igual que la Cólquide (donde según la mitología helena estaba el Vellocino de Oro) la cual debía ser reconquistada por el Duque y sus caballeros mediante durante las Cruzadas para devolverla al seno de la Iglesia Católica.  


Ha pasado el tiempo y los siglos y aún la Orden del Toisón de Oro subsiste, aunque dividida en dos ramas, con su Gran Maestre. Éstos serían el Rey de España y el Jefe de la casa de Habsburgo.

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