miércoles, 4 de diciembre de 2013

Miguel Muñóz: una vida dedicada al fútbol

Han pasado más de veinte años de su muerte, pero a los buenos, que tanta gloria dieron al fútbol nacional es de juicio recordarles porque gran parte de los éxitos del presente se los debemos a este madrileño de pura cepa, que, sin embargo, tuvo que buscarse primeramente las habichuelas fuera.


Y es que como jugador comenzó a destacar en equipo como el Racing Santanderino y, sobre todo, en el Celta, donde sería entrenado por un mito del balompié hispano, "el divino" Ricardo Zamora. Su gran capacidad de juego y liderazgo le llevo al Real Madrid, donde muy pronto sería el capitán. Muñóz pertenece a esa generación de mediocentros que no destacaban por su juego, eso era para otros, pero si por su colocación y porque siempre suman. Con el de capitán comenzaría la época gloriosa del Real Madrid, liderado por Di Stéfano, tanto en España como en Europa. Muñóz fue el primer español en levantar una Copa de Europa, que repetiría al año siguiente.


Contaba el mismo Don Miguel, que cuando fue al cine, el documental obligatorio del NODO puso un partido del Real Madrid. El caso es que nada más verse jugar, no se gusto nada. Parecía un jugador de otro tiempo, que destacaba por la mucha disposición en todo lo que hacía, pero sin ninguna suerte. Estaba viejo. Muñóz se retiraría ese año para dirigir al Plus Ultra, equipo filial del Real Madrid. 

Levantando la 1ª Copa de Europa

El caso es que la oportunidad de su vida llegaría cuando Don Santiago Bernabéu le convoco a su despacho. El Real Madrid se hacía de forma momentánea con los servicios de Muñóz para jugar la Semifinal de Copa de Europa contra el Barcelona. Y el equipo blanco se jugaba mucho. Había sido segundo, detrás del equipo azulgrana y tenía ante si la posibilidad de ganar el quinto entorchado europeo consecutivo. El Real Madrid aplastó al Barcelona los dos partidos por 3-1 y en la final de Glasgow masacro a su rival con un sonoro 7-3, que los más viejos de las Islas Británicas aún recuerdan con admiración.


Victoria europea en 1966

La solución estaba en Muñoz. Una solución que duro catorce años. Al principio se decía para desacreditarle que las alineaciones las hacía el mismo Di Stéfano, pero nada más lejos de la realidad. Cuando vio que Di Stéfano no estaba en condiciones no le tembló el pulso a la hora de no convocarlo. De hecho, según cuentan, el fue el "artífice" de la salida de "La Saeta Rubia" del club, tras la bronca entre ambos, cuando perdieron la final europea del 64. 


El fue el promotor de la llegada de jóvenes talentos hispanos como Amancio, Velázquez, Grosso, "Pirri", Zoco y tantos otros, que consiguieron la sexta copa europea en el 66. Pero no sólo de Europa, vivió Muñóz. Además de las dos Copas de Europa, ganó nueve Ligas, Dos Copas de España y una Copa Intercontinetal. Siempre se le acuso de hacer un fútbol excesivamente pragmático, donde primaba la seguridad defensiva sobre el ataque, pero la moratoria de extranjeros afecto no sólo al equipo blanco, sino a muchos otros.

Santiago Bernabéu y Miguel Muñóz

Muñóz salió mal del Real Madrid, estaba haciendo una temporada mediocre, pero eso no le impidió entrenar a otros equipos con aspiraciones como evitar el descenso. De hecho, uno de sus equipos, el Granada, descendió, precisamente en un alirón ligero del Real Madrid. Tras ese partido dijo: "Yo no he descendido al Granada, el Granada me ha descendido a mi". Pero nada más lejos de la realidad.

Fin de la etapa de Muñoz en el Real Madrid

Sus últimas gotas futbolísticas las llevo a la Selección y con él ese partidazo a Malta donde España le metió un 12-1, la diferencia necesaria que convirtió algo más que una utopía en una realidad. Desde ese momento se habló de que Muñóz tenía "una flor en el culo", algo que se pareció demostrar cuando Maceda metió aquel cabezazo Alemania en el último minuto que nos dio el pase a semifinales del europeo. 


Se llego hasta la final, donde los brazos de mantequilla de Arconada nos privo a nosotros y a Muñóz de la posibilidad de ver a España conseguir un título veinte años después. Dos años más le darían para llevar a Cuartos a España, con esa exhibición de Butragueño en Queretaro ante Dinamarca, donde caería incomprensiblemente ante Bélgica en penaltis. 1988 sería su último año como seleccionador nacional.


Como hemos visto, y en unas pocas líneas, que podrían agrandarse hasta formar todo un libro, Miguel Muñóz forma parte de una generación que ha servido de inspiración a otros tantos para llevar no sólo a los clubes españoles, sino a la Selección Nacional, en sus diferentes categorías al éxito. Y es que hablar de Muñóz de hablar de fútbol. Una vida dedicada a ese deporte tan seguido en medio mundo.

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