jueves, 12 de noviembre de 2020

El autómata de von Kempelen

También conocido como "El Turco", este supuesto autómata era una máquina que siempre ganaba el ajedrez. Creado por el germano Wolfang von Kempelen, consejero de la Corte de Viena, y presentado en sociedad en 1769, tuvo una fama extraordinaria en el viejo continente. Entre sus contrincantes estuvieron Napoleón, Benjamin Franklin y hasta el mismisimo matemático Charles Babbage, considerado como el padre de la computación.
 

Dicho artilugio estaba compuesto por una cabina y un maniquí movil con turbante y tunica (de ahí el pseudonimo de "El Turco"), habiendo dentro de la cabina un supuesto mecánismo de relojeria que activaba al maniquí. 
Sin embargo, era un engaño. El interior de dicha cabina no era más que una ilusión optica que realmente ocultaba a un maestro del ajedrez que podía esconderse allí debido a su baja estatura y que manejaba al maniquí, viendo el tablero mediante los ojos de dicho maniquí que eran espejos. Lo cierto es que hubo intentos de reproducir a "El Turco" mediante autómatas, como "El Ajedrecista" del español Leonardo Torres Quevedo, pero no tuvieron los mismos resultados. El automata, ya años después de la muerte de su creador, fue pasto de las llamas hace más de 160 años.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Los hijos de la miseria

"Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas; en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente podrán no ser inútiles"
 
Victor Hugo, Hauteville House 
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"¡Oh, Vos!, ¿quién sois? 
El Eclesiastés os llama Todopoderoso; los macabeos os llaman Creador; la Epístola a los Efesios os llama Libertad; Baruch os llama Inmensidad; los Salmos os llaman Sabiduría y Verdad; Juan os llama Luz; los Reyes os llaman Señor; el Éxodo os llama Providencia; el Levítico, Santidad; Esdras, Justicia; la creación os llama Dios; el hombre os llama Padre; pero Salomón os llama Misericordia, y éste es el más hermoso de todos vuestros nombres"
 
Padre Bienvenido, Los Miserables
 
"Esa novela es una maravilla, un verdadero poema"


Arthur Rimbaud, poeta francés 
 
Victor Hugo escribió los Miserables (y también "El Hombre que Ríe") cuando se encontraba en el exilio, concretamente en Hauteville House en la isla de Guernsey, lo que no impidió que siguiera con cierto interés lo que acontecía en su querida Francia. 
 

Poeta, dramaturgo y escritor, ya tenía más de 60 años (una edad bastante importante para la época) cuando publicó una obra magnifica, adaptada a muchos medios, y que sigue teniendo gran predicamento entre las personas de todas las edades cuando se han cumplido más de 140 años de su publicación. ¿A qué se debe tal cosa?
Indudablemente es un tratado sobre la eterna lucha entre el bien y el mal, mostrado desde diferentes puntos de vista y que lleva a la reflexión de aquellos que se sumergen en sus páginas. 
Así seguimos los pasos de Jean Valjean, condenado a décadas de trabajos forzados por haber robado un pan para sus hambrientos sobrinos y al que un perro de presa como Javert persigue insistentemente, a una Cosette, hija de madre soltera, Fantina (prefiero el nombre traducido al español), que es adoptada por un Valjean que quiere librarse del peso de la ley, pasando de hacer el mal a hacer el bien, en busca de la santidad. 
Novela de luces y sombras, don Victor Hugo es terriblemente grande tanto cuando narra el dolor de una niña maltratada por los Thénadier como cuando relata el fragor de las barricadas del París insurrecto. Los Miserables es una novela grandiosa para describir tanto la maldad como la grandeza de los hombres.
 
El autor
 
Los Miserables (a los que algunos muy acertadamente dirían que se limita a contar las vivencias de los parias de la sociedad, los hijos de la miseria) no se limita a ser una obra de mera denuncia de la injusticia, así como de las más terribles desigualdades. Es entre otras cosas una obra cumbre de un Siglo XIX lleno de revueltas y cambios sociales (buena parte de ellos derivados de la revolución industrial), Jean Valjean, ese profugo que libera a Cosette de tan malvados personajes como los Thénadier, es friamente perseguido por Javert dado que la ley de los hombres está de parte del policia, pero Valjean, ya sea como Alcalde o protegiendo en la medida de sus posibilidades a los desamparados, ansía el perdón del que ni él mismo se cree merecedor. Jean Valjean desde que saliera de aquella mugrienta carcel ha estado recorriendo el camino a la santidad, por lo que la religión tiene una fuerte presencia en tan magna obra. 


>En la obsesión de don Victor Hugo por la no violencia y el rechazo de cualquier clase de tiranía (lo que le llevó al mencionado exilió a Inglaterra cuando gobernaba Napoleón III) está su ansía de libertad y como tal el remedio a las enfermedades del alma: personas que pegan a personas desnutridas, leyes que amparan a los sinvergüenzas, corruptos e hipócritas cuyos preceptos moldean a su imagen y semejanza, niños que trabajan por un mísero trozo de pan (algo desgraciadamente muy habitual en los llamados países subdesarrollados), rebeldes que izan banderas frente al acoso y derribo de los poderosos, etc.  Hugo, rebelde y cristiano (muy resaltable esto último), está cansado de aquellos que abusan de los pobres, los considerados parias de la tierra, sobre los que la ley actúa sin misericordia. Y no habla de pobreza material, sino de pobreza espiritual.


Puede que esta obra, tan visionaria como febril, no sea un canto de esperanza, lo cual no deja de ser una desgracia para el que lee, pero sí es un grito de desesperación que aún se escucha en las calles de esta sociedad que se dice tan civilizada. Jean Valjean podría nacer en este mundo de las nuevas tecnologías en una chabola o en la casa de una familia a punto de ser deshauciada, Cosette podría ser uno de esos muchos niños que ingresan en hospitales victimas de aquellos adultos que deberían velar por su protección, Valjean podría estar en una carcel por simplemente haber cogido comida sin pagar para dar alimento a sus hijos o, si no va a la carcel, haber sido señalado por las calles como un vulgar ladrón... Ya lo decía Jesucristo: 
"
Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?  Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis"
Ya lo dije, dentro del contexto histórico en que se encuentra "Los Miserables" es una obra universal no tanto por la fina prosa, como si un amigo nos estuviera hablado, de don Victor Hugo, sino por su actualidad. Hugo en otras obras lo hizo y en está no iba a ser menos. Es un hombre que sabe del dolor, del miedo a la muerte y observa lo que otros simplemente ven (al igual que no es lo mismo escuchar que oir). Un artista de la prosa que estaba apegado al mundo que le tocó vivir para mostrarnos una realidad y que va más allá de ideas preconcebidas. Don Victor Hugo, un genio para la Gloria. 

La VERDAD (con mayúsculas)

La verdad: ese concepto poco utilizado en política y que los seres humanos tenemos como un ideal, aunque ciertamente muchos aseguran que la verdad tiene dos o más caras.

"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;  y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jesús de Nazaret)

"El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios" (Seneca)

"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés" (Antonio Machado)

"El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla" (Isabel Allende)

"No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad" (Aristóteles)

"La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla" (Claude Adrien Helvetius)

"La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre" (Tácito)

"La verdad no está de parte de quién grite más" (Rabindranath Tagore)

"Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre" (Albert Einstein)

"Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella" (Aristóteles)

Santiago Bernabéu... ¿rojiblanco?

"Aunque lo que vaya a decir sea algo fuerte, porque yo le tenía un gran aprecio, Santiago Bernabéu nos traicionó en 1920 y se marchó al eterno rival. Un año después, cuando arrepentido regresó al Madrid, había perdido su antigüedad como socio y tuvo que ponerse a la cola. Si mal no recuerdo, Santiago jugó un partido oficial con el Athletic Club madrileño contra el Español de Madrid, además de posar con la camiseta rojiblanca con Julián Ruete, que hacía años había sido jugador del Madrid y por aquel entonces era el presidente del club rojiblanco"
Esto que contó José María Castell, arquitecto y capitán del Madrid (entonces sin título de Real) durante el campeonato de Copa de 1917 es verdad y fue durante muchos años escondido no ya sólo por el propio Bernabéu, el cual ya era Presidente del Real Madrid, sino por todo el orbe blanco dado que no se podía concebir que un madridista confeso, aparte de su capitán, pudiera en algún momento jugar con los eternos rivales colchoneros. 
 
 
Oficialmente estuvo como jugador de la plantilla blanca hasta 1928, pero ya desde hacía varíos años ejercia como delegado e incluso ayudante del entrenador. Sin embargo, poco se supo de que durante la temporada 1920/21 cuando todavía no existia el profesionalismo, Santiago pasó a formar parte de la plantilla del Athletic de Madrid. Ya lo cuenta el mencionado Castell: la amistad con Julián Ruete, gran prohombre del mundo colchonero, pudo influir en su desición. Lo que no está claro el motivo de su salidad, aunque se sugiere que pudo ser por enfrentamientos con la directiva del club, algo que no era raro en aquella época, propiciandose cambio de jugadores. Incluso el propio Ruete, como cuenta Castell, llegó a formar parte de la pantilla blanca durante un tiempo. 
 
 
Sin embargo, no es verdad que Bernabeu jugase algún partido oficial con el club rojiblanco (jugó amistosos). La Federación denegó tal posibilidad, puesto que no llevaba un año en la plantilla. La cosa es que su vuelta al club blanco fue tan misteriosa como su salida, puesto que para la temporada 1921/22 ya formaba nuevamente parte de la plantilla blanca.

domingo, 25 de octubre de 2020

La saga nibelunga de Fritz Lang y Thea von Harbou

Fritz Lang venía de rodar un increíble exito como el doctor Mabuse cuando a él y a su esposa, la guionista Thea von Harbou, le encargaron una obra magna que acabaría por convertirse en una de las más extraordinarias epopeyas filmicas del cine alemán de entreguerras: Los Nibelungos.
 
 
Antes de nada, un poco de historia/mitología: los nibelungos son un pueblo mitológico procedente de las leyendas germanicas gobernado por el Príncipe Nibelung, siendo éstos unos seres que vivían en las profundidades de la tierra, dedicandose a la extracción de metales. Poseían un gran tesoro que se encontraba en el fondo del río Rin. Por su parte, el Rey tenía un anillo que presentaba poderosas propiedades mágicas, aunque atraía la desgracia a su poseedor. Sigfrido, es uno de sus héroes más representativos, siendo muy conocido que al matar a un dragón y bañarse con su sangre se volvió invulnerable (recuerda un poco a la invulnerabilidad de Aquiles con su baño en la laguna Estigia). Todas estás historias pertenecían al acervo popular basado en los relatos que se contaban de boca en boca hasta que alguien anónimo compusó el poema épico "El Cantar de los Nibelungos" del Siglo XII y que mezclaba historias paganas como las de los nibelungos, asociandolas a un concepto cristianizado propio de la época y que bien tuvo su inspiración en hechos históricos mezclandolos con las leyendas germánicas. 
 
 
La historia de los nibelungos fue parcialmente olvidada hasta que el romanticismo (Siglo XIX), muy proclive a exaltar determinados hechos y personajes reales, así como las mitologías y creencias ancestrales, comenzo a poner toda su atención en los seres mitológicos procedentes de las leyendas nordicas y alemanas. Uno de los que hizo mucho por el resurgimiento de ese interes fue el escritor y filólogo alemán Wilhelm Grimm con su obra "Las Leyendas históricas alemanas". Luego llegaría el gran Richard Wagner, gran estudioso, conocedor y divulgador con sus obras de la cultura alemana y nordicas, que compusó un ciclo de cuatro óperas titulado "El Anillo del nibelungo": "El Oro del Rin", "La Valquiria", "Sigfrido" y "El Ocaso de los Dioses".
 
Richard Wagner

Estos dos parrafos (que no digo que no sean grandes) son el contexto perfecto para relatarles las fuentes literarias basadas en historias mitológicas en las que se basaron Lang y von Harbou para componer la obra magna que sería Los Nibelungos. Para ello contaron con un equipo técnico prodigioso (la escena del dragón en sumamente extraordinaria para la época), unos momentos sumamente brillantes y oscuros a partes iguales, aparte de un elenco actoral que los alemanes conocían muy bien (Paul Richter como Sigfrido, Margarete Schön como Krimilda, Hanna Ralph como la Reina Brunilda, Hans Adalbert von Schlettow como Hagen, Theodor Loos como el Rey Gunter o Rudolf Klein-Rogge como Atila).
 

La obra es sumamente larga (algo más de cuatro horas), por lo que se dividió en dos partes: "Die Nibelungen: Siegfried" ("Los Nibelungos: la Muerte de Sigfrido") y "Die Nibelungen: Kriemhilds Rache" ("Los Nibelungos: la Venganza de Krimilda").  Ambas obras tienen lugar en el Reino de Burgundia, estando dividida en cantos, resaltando indudablemente la cultura germánica, destacando que al  inicio de ambas hay una dedicatoria ("al pueblo alemán"). Es evidente que la combinación de Lang y von Harbou (gran conocedora y admiradora de las leyendas germánicas) propició el exito de unas películas que pasan por ser lo mejor del cine alemán y que merecen ser resaltadas.

Y eran mujercitas

Louisa May Alcott comenzó a escribir la obra que le daría fama entre 1867 y 1868 y para ello se basaba en sus experiencias en la ciudad de Concord, Massachusetts, con sus tres hermanas. Y efectivamente va de eso: cuatro niñas (las hermanas March) quienes, tras pasar la adolescencia con la Guerra Civil en los Estados Unidos de América junto a su madre viviendo no precisamente tan holgadamente como antes (con un padre, parroco, fuera de la casa porque era capellan del ejercito de la unión) se van convirtendo progresivamente en mujeres. Una historia deliciosa que va mucho más allá de la simple historia de las cuatro hermanitas (precisamente así se denominó en español la primera adaptación sonora de la novela protagonizada por Katharine Hepburn, Joan Bennett y Francis Dee y dirigida por ese director de actrices que fue George Cukor). La obra empieza en Navidad y termina en Navidad. 


Y digo que va más allá del contexto histórico y social, puesto que en ella Alcott reproduce tanto en su estructura como en su tematica la conocida novela de carácter alegórico "El Progreso del Peregrino", adaptando muchos de los capítulos de su novela haciendo alusión a precisamente ese andar moral del peregrino (Beth encuentra el Palacio Hermoso, El valle de la humillación de Amy, Jo conoce a Apolión, Meg visita la Feria de las Vanidades, ... ), siendo cada una de las cuatro hermanas caracterizadas por un defecto o pecado: el de Meg, la mayor y responsable, es la vanidad; el de Jo, la escritora (y que bien pudo basarse la autora en ella misma) es la ira y sus gestos "varoniles" o de "muchacho"; el de Beth, la pianista, es la timidez, y el de Amy, la menor y que pinta muy bien, es el egoísmo. A lo largo del camino novelesco las chicas conseguiran superar estos defectos, que eran muy rechazados en la sociedad que le tocó vivir a la autora y que hace que muchos califiquen a la obra de una especie de libro de autoyuda para fomentar la buena conducta de las señoritas. 
 
La autora
 
Son lecciones de vida las que aprenden ellas junto a su querida madre, la sirvienta Hannah, la gruñona tía March, Laurie (joven que se hará amigo de la familia y muy especialmente de Jo casi en actitud de camaderia), John Brooke, tutor de Laurie, o el abuelo de Laurie, el rico James Laurence (al que Jo en un principio cree un viejo gruñón para acabar descubriendo que es un hombre encantador) y que en una de las escenas más emotivas de la obra le regala a Beth el piano, el cual era de una nietecita que murió joven, haciendo que la timida Beth (ante la sorpresa de todos) fuese a la casa del viejecito para darle un abrazo de agradecimiento por tan fastuoso regalo. 
 

La obra fue tan reconocida que tuvo sus secuelas (a petición de los lectores): en 1869 publicó "Aquellas Mujercitas" (cuyo título en inglés es "Good Wives"; traducción: "Buenas esposas", a veces traducido como "Las Mujercitas se Casan") que tiene lugar tres años después de "Mujercitas", mostrando las dificultades que pasan las hermanas durante su vida adulta (En Europa, "Mujercitas" y este volumen se editaron como uno solo). Los siguientes trabajos de Alcott basados en la obra original fueron "Little Men" ("Hombrecitos" en inglés), la cual ha tenido varias adaptaciones cinematográficas, y "Jo's Boys" ("Los muchachos de Jo" en inglés).
 

El teatro y muy destacadamente el cine también se hizo valer de esta obra: antes de la mencionada "Las Cuatro Hermanitas" (que es del año 1933), ya hubo dos obras mudas, aparte de cuatro que vinieron después, siendo muy reconocida la adaptación de 1949 dirigida por Mervyn, LeRoy y protagonizada por unas jovenes June Allyson como Jo, Janet Leigh como Meg, Elizabeth Taylor como Amy, Margaret O'Brien como Beth y cuya madre es una reconocidisima actriz como Mary Astor.

El Faraón del Éxodo

Si uno pone en Google concretamente las palabras "Faraón del Éxodo" automáticamente le aparece Ramses II y no es de extrañar. La reconocida película de DeMille tiene mucho que ver en ello (un Ramses II fabulosamente interpretado por Yul Brynner), pero sin quitarle merito al guión hay pocas evidencias no ya sólo de que Ramses II fuese el Faraón con el que se tuvo que "enfrentar" Moisés, sino que todo lo que se sabe en torno a ello son teorías más o menos fantasiosas.
 

Tomando como cierto el texto del Éxodo y que el autor (algunos dicen que fue Moisés, al igual que el de los otros cuatro primeros libros del Antiguo Testamento que forman el conocido como Pentáteuco) le importaba más bien poco el nombre del Rey de Egipto, ¿quién podría ser su identidad. Hay varías teorías:
  • Ramses II (c. 1279 - 1213 a. C.): es conocido como Ramsés el Grande y no es de extrañar, puesto que en sus 66 años de reinado llevó a Egipto a la cuspide no sólo en cuanto a conquistas, sin de esplendor. Puede que por eso muchos creyeron ver en este gran Faraón la posibilidad de que fuera realmente el del Éxodo. No hay evidencia arqueológica de ello. La estela de finales del siglo XIII a. C. de Ramsés II en Beit She'an menciona la existencia de dos pueblos conquistados que vinieron a rendirle obediencia en su ciudad pero no menciona ni la construcción de la ciudad ni que fueran las propios hebreos.
  • Akenatón (1353 – 1349 a. C.): En su libro "Moisés y la religión monoteísta", Sigmund Freud (de origen judío, por cierto) propusó la sugerente teoría de que la historia del Éxodo no era exactamente como la habían contado: Moisés era sacerdote atonista, obligado a abandonar Egipto con sus seguidores después de la muerte de Akenatón, el Faraón que se reveló contra el politeismo, pretendiendo que Egipto fuera monoteista en la divinidad del dios Atón. Algunos aseguran que el propio Akenatón pudo ser el mismisimo Moisés. 
  • Merenptah (c. 1213 - 1203 a. C.): Isaac Asimov sugiere en su "Guía Asimov para la Biblia que Merenptah es el Faraón del Éxodo. La prueba más o menos evidente es La Estela de Merenptah (conocida como Estela de la victoria o Estela de Israel) realizada para conmemorar la victoriosa campaña militar del Faraón en tierras de Canaán sobre el año 1210 a. C., la cual es el primer testimonio no bíblico sobre la presencia de israelitas en el Levante Mediterráneo, siendo importantisima por ser la primera mención en la historiografía egipcia de la existencia de las Tribus de Israel.
  • Amosis I (1550 – 1525 a. C.): la mayoría de los escritores de la antigüedad consideraban a Amosis I como el Faraón del Éxodo en base a su enfrentamiento y expulsión de los hicsos, pueblo de oriente que, según las fuentes, podrían haber sido los hebreos. 
  • Sethnajt (c. 1189 - 1186 a. C.): el profesor ruso Igor P. Lipovsky razona que Sethnajt fue el Faraón del Éxodo.