miércoles, 18 de noviembre de 2020

La leyenda de la Peña María (por don Leocadio Machado)

Hay una historia relacionada con la zona costera de El Médano en Granadilla de Abona en la isla de Tenerife como la de Peña María, recogida por don Leocadio Machado en su novela "El Loco de la Playa"; la leyenda nos es relatada en la obra por don Leocadio en la boca del doctor Luis Gilpérez, el cual, tras recalar en El Médano, le cuenta a su hija María que una vez oyo de unos pescadores la historia una mujer que esperó junto a la orilla el regreso de su amado, el cual nunca volvió, acabando ella por transfigurarse en una gran roca que se halla en la ribera:
"Parece ser que en el siglo pasado, o antes, vivieron en Granadilla dos amantes, llamados Juan y María. El se embarcó para América en busca de fortuna; y ella juró esperarle permaneciendo fiel a su amor. Años más tarde recibió María una carta de Juan, en que le participaba que ya era rico y que embarcaría pronto en un buque que salía con rumbo a Tenerife, conduciendo también a otros varios indianos, que venían a terminar sus días en la tierra natal. María esperó, ansiosa, la llegada del barco; mas pasaron primero los meses y después los años sin que llegara a Canarias, ni se supiera jamás cual fue su fin. Unos decían que una fuerte tormenta lo hizo naufragar; otros que un buque pirata lo había apresado, matando a la tripulación y pasajeros, y llevándose todo el oro que tan afanosamente habían adquirido los que llenos de ilusiones regresaban a la querida tierruca; pero lo cierto fue que María no supo más de Juan, y que poco a poco el sonroseo de su cara se fue convirtien­do en amarillez de muerte. Salía con frecuencia de su casa y marchaba a campo traviesa hasta llegar a la playa del Médano, que entonces carecía de viviendas; se sentaba sola y como alma en pena sobre esta roca, y se pasaba los días esperando la llegada de Juan. Acabó por olvidarse de regresar a Granadilla y por no hablar con persona alguna, llegando a decirse que se quedó muda y sólo salía de su garganta un congojoso rugido, análogo al bramar de las olas. Los pescadores le daban por lástima alguna comida, y, cada vez más triste y escuálida, con la flotante cabellera completamente blanca, acabó por desaparecer, como Juan, sin que jamás aquéllos encontrasen su cuerpo ni los harapos de su traje, por lo que unos decían que el mar, piadoso y condolido, la arrastró hasta unir sus restos a los de su amante, y otros aseguraban que un trasgo encantador la convirtió en roca, que antes no existió, y que es la actual Peña María"

jueves, 12 de noviembre de 2020

Erase una vez... ¡Un trozo de madera!

-Érase una vez....  
-¡Un rey! -dirán inmediatamente mis pequeños lectores.  
-No, chicos, estan equivocados. Érase una vez un trozo de madera.
Así es como empieza una de las historias más extraordinarias de la literatura. Con un trozo de madera que es cuídado por su viejo padre Gepetto, el cual quiere que su hijo de madera vaya a la escuela, pero éste por una cosa u otra lo acaba desobedeciendo no sólo a él, sino a la bella hada que lo quiere como si de un hijo de tratase. 
 

Un bonito cuento a la par que oscuro donde se nos presenta la eterna dicotomía infantil entre hacer lo que nos venga en gana o lo correcto y a cada cosa que hagamos mal, más duro nos será el castigo. Muy duros eran los castigos para Pinocho (entre la cárcel a acabar como un burro, incluso siendo colgado), lo cual ha llevado a pensar que la presumible historia infantil no lo era tanto, pero lo cierto es que cuentos de hadas como Blancanieves o la Cenicienta tampoco eran precisamente con imagenes candorosas. 
 

Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzin, apenás escribió nada más que no fuera su muñeco de madera al cual le dio vida poco a poco en un periódico italiano entre 1882 y 1883 y el cual se nos hizo tan conocido por la versión de Walt Disney, más idealizada y acortada, aunque ciertamente con imagenes sumamente inquietantes (y que aparecen en la obra) tales como aquella ballena monstruosa (hasta se llama monstruo) o las progresivas transformaciones en un burro. La historia no trata sobre ningún Rey, pero la verdad es que prefieron quedarme con aquel trozo de madera llamado Pinocho.

Y Susan Hayward vivió

La primera película en la que la ví es como poco curiosa. Ni más ni menos que en "Demetrius y los Gladiadores", secuela de "La Túnica Sagrada", que volvía a contar con ese actor tan denostado llamado Victor Mature y en la que ella hacía de una Mesalina de actitudes muy atenuadas con respecto al personaje histórico. La película era de 1954. Ya habían pasado unos cuantos años desde su descubrimiento por el mismisimo George Cukor (ese director de actrices), su "cambio" de nombre (realmente se llamaba Edythe Marrenner, siendo de origenes suecos) e incluso de ser una de las muchas candidatas al papel más deseado por todas (el de Escarlata O'Hara). Ya por aquel entonces, Susan Hayward era una de las actrices más reconocidas del panorama hollywoodiense. 
 

Entre sus primeras grandes interpretaciones tenemos "Beau Geste" con Gary Cooper o aquella "Piratas del Mar Caribe" de Cecil B. DeMille con un reparto de auténtico lujo: John Wayne (en una de sus mejores interpretaciones antes de "Río Rojo" y "Centauros del Desierto"), Ray Milland y Paulette Goddard.
 
 
Hayward estuvo en dramas extraordinarios como "Las Nieves del Kilimanjaro" o "Mañana Lloraré", histórico/biblicos como aquella Betsabe Hayward que encandilaba al Rey David Peck e incluso del cine negro con "Odio entre Hermanos" de Joseph L. Mankiewicz. Todo antes del reconocimiento que va más allá del premio Oscar.
 

Porque es verdad: ganó el Oscar por aquel brutal film que es "¡Quiero Vivir!", toda una negra epopeya contra la pena de muerte que si se ha convertido en una obra a tener en cuenta, fue entre muchas cosas por la demoledora y angustiosa interpretación de Susan Hayward en uno de los papeles más tristes/oscuros de la historia del cine. 
 
¡¡¡Encarcelada!!!

Fue precisamente por esa época cuando se le detectó un tumor cerebral que la lastró de forma progresiva y que poco a poco le hizo abandonar la actuación. Muchos dicen que todo tuvo su origen en el rodaje de la película "El Conquistador" (con John Wayne interpretando a Ghengis Khan en la que es considerada una de las peores películas de la década) ya que éste tuvo lugar en zonas donde el ejercito de los Estados Unidos de América hacía pruebas militares con armas radiactivas. Una teoría, pero lo que es cierto es que a calidad del film es cuestionable, lo cual es aún más sangrante dado el reparto del mismo (aparte de Wayne y Hayward, estaban Pedro Armendáriz, Agnes Moorehead, William Conrad...).


Susan falleció por complicaciones derivadas de su tumor cerebral en 1975, lo cual no deja de ser algo milagroso teniendo en cuenta que los médicos le habían dado pocos años de vida (le fue diagnosticado a mediados de los 50). En el Paseo de la Fama de Hollywood podemos ver la estrella de una mujer que nos dejo para la posteridad muchas interpretaciones entre ellas la de aquella mujer que quería vivir. 

El autómata de von Kempelen

También conocido como "El Turco", este supuesto autómata era una máquina que siempre ganaba el ajedrez. Creado por el germano Wolfang von Kempelen, consejero de la Corte de Viena, y presentado en sociedad en 1769, tuvo una fama extraordinaria en el viejo continente. Entre sus contrincantes estuvieron Napoleón, Benjamin Franklin y hasta el mismisimo matemático Charles Babbage, considerado como el padre de la computación.
 

Dicho artilugio estaba compuesto por una cabina y un maniquí movil con turbante y tunica (de ahí el pseudonimo de "El Turco"), habiendo dentro de la cabina un supuesto mecánismo de relojeria que activaba al maniquí. 
Sin embargo, era un engaño. El interior de dicha cabina no era más que una ilusión optica que realmente ocultaba a un maestro del ajedrez que podía esconderse allí debido a su baja estatura y que manejaba al maniquí, viendo el tablero mediante los ojos de dicho maniquí que eran espejos. Lo cierto es que hubo intentos de reproducir a "El Turco" mediante autómatas, como "El Ajedrecista" del español Leonardo Torres Quevedo, pero no tuvieron los mismos resultados. El automata, ya años después de la muerte de su creador, fue pasto de las llamas hace más de 160 años.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Los hijos de la miseria

"Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas; en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente podrán no ser inútiles"
 
Victor Hugo, Hauteville House 
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"¡Oh, Vos!, ¿quién sois? 
El Eclesiastés os llama Todopoderoso; los macabeos os llaman Creador; la Epístola a los Efesios os llama Libertad; Baruch os llama Inmensidad; los Salmos os llaman Sabiduría y Verdad; Juan os llama Luz; los Reyes os llaman Señor; el Éxodo os llama Providencia; el Levítico, Santidad; Esdras, Justicia; la creación os llama Dios; el hombre os llama Padre; pero Salomón os llama Misericordia, y éste es el más hermoso de todos vuestros nombres"
 
Padre Bienvenido, Los Miserables
 
"Esa novela es una maravilla, un verdadero poema"


Arthur Rimbaud, poeta francés 
 
Victor Hugo escribió los Miserables (y también "El Hombre que Ríe") cuando se encontraba en el exilio, concretamente en Hauteville House en la isla de Guernsey, lo que no impidió que siguiera con cierto interés lo que acontecía en su querida Francia. 
 

Poeta, dramaturgo y escritor, ya tenía más de 60 años (una edad bastante importante para la época) cuando publicó una obra magnifica, adaptada a muchos medios, y que sigue teniendo gran predicamento entre las personas de todas las edades cuando se han cumplido más de 140 años de su publicación. ¿A qué se debe tal cosa?
Indudablemente es un tratado sobre la eterna lucha entre el bien y el mal, mostrado desde diferentes puntos de vista y que lleva a la reflexión de aquellos que se sumergen en sus páginas. 
Así seguimos los pasos de Jean Valjean, condenado a décadas de trabajos forzados por haber robado un pan para sus hambrientos sobrinos y al que un perro de presa como Javert persigue insistentemente, a una Cosette, hija de madre soltera, Fantina (prefiero el nombre traducido al español), que es adoptada por un Valjean que quiere librarse del peso de la ley, pasando de hacer el mal a hacer el bien, en busca de la santidad. 
Novela de luces y sombras, don Victor Hugo es terriblemente grande tanto cuando narra el dolor de una niña maltratada por los Thénadier como cuando relata el fragor de las barricadas del París insurrecto. Los Miserables es una novela grandiosa para describir tanto la maldad como la grandeza de los hombres.
 
El autor
 
Los Miserables (a los que algunos muy acertadamente dirían que se limita a contar las vivencias de los parias de la sociedad, los hijos de la miseria) no se limita a ser una obra de mera denuncia de la injusticia, así como de las más terribles desigualdades. Es entre otras cosas una obra cumbre de un Siglo XIX lleno de revueltas y cambios sociales (buena parte de ellos derivados de la revolución industrial), Jean Valjean, ese profugo que libera a Cosette de tan malvados personajes como los Thénadier, es friamente perseguido por Javert dado que la ley de los hombres está de parte del policia, pero Valjean, ya sea como Alcalde o protegiendo en la medida de sus posibilidades a los desamparados, ansía el perdón del que ni él mismo se cree merecedor. Jean Valjean desde que saliera de aquella mugrienta carcel ha estado recorriendo el camino a la santidad, por lo que la religión tiene una fuerte presencia en tan magna obra. 


>En la obsesión de don Victor Hugo por la no violencia y el rechazo de cualquier clase de tiranía (lo que le llevó al mencionado exilió a Inglaterra cuando gobernaba Napoleón III) está su ansía de libertad y como tal el remedio a las enfermedades del alma: personas que pegan a personas desnutridas, leyes que amparan a los sinvergüenzas, corruptos e hipócritas cuyos preceptos moldean a su imagen y semejanza, niños que trabajan por un mísero trozo de pan (algo desgraciadamente muy habitual en los llamados países subdesarrollados), rebeldes que izan banderas frente al acoso y derribo de los poderosos, etc.  Hugo, rebelde y cristiano (muy resaltable esto último), está cansado de aquellos que abusan de los pobres, los considerados parias de la tierra, sobre los que la ley actúa sin misericordia. Y no habla de pobreza material, sino de pobreza espiritual.


Puede que esta obra, tan visionaria como febril, no sea un canto de esperanza, lo cual no deja de ser una desgracia para el que lee, pero sí es un grito de desesperación que aún se escucha en las calles de esta sociedad que se dice tan civilizada. Jean Valjean podría nacer en este mundo de las nuevas tecnologías en una chabola o en la casa de una familia a punto de ser deshauciada, Cosette podría ser uno de esos muchos niños que ingresan en hospitales victimas de aquellos adultos que deberían velar por su protección, Valjean podría estar en una carcel por simplemente haber cogido comida sin pagar para dar alimento a sus hijos o, si no va a la carcel, haber sido señalado por las calles como un vulgar ladrón... Ya lo decía Jesucristo: 
"
Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?  Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis"
Ya lo dije, dentro del contexto histórico en que se encuentra "Los Miserables" es una obra universal no tanto por la fina prosa, como si un amigo nos estuviera hablado, de don Victor Hugo, sino por su actualidad. Hugo en otras obras lo hizo y en está no iba a ser menos. Es un hombre que sabe del dolor, del miedo a la muerte y observa lo que otros simplemente ven (al igual que no es lo mismo escuchar que oir). Un artista de la prosa que estaba apegado al mundo que le tocó vivir para mostrarnos una realidad y que va más allá de ideas preconcebidas. Don Victor Hugo, un genio para la Gloria. 

La VERDAD (con mayúsculas)

La verdad: ese concepto poco utilizado en política y que los seres humanos tenemos como un ideal, aunque ciertamente muchos aseguran que la verdad tiene dos o más caras.

"Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;  y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jesús de Nazaret)

"El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios" (Seneca)

"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés" (Antonio Machado)

"El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla" (Isabel Allende)

"No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad" (Aristóteles)

"La verdad es una antorcha que luce entre la niebla, sin disiparla" (Claude Adrien Helvetius)

"La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre" (Tácito)

"La verdad no está de parte de quién grite más" (Rabindranath Tagore)

"Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre" (Albert Einstein)

"Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella" (Aristóteles)

Santiago Bernabéu... ¿rojiblanco?

"Aunque lo que vaya a decir sea algo fuerte, porque yo le tenía un gran aprecio, Santiago Bernabéu nos traicionó en 1920 y se marchó al eterno rival. Un año después, cuando arrepentido regresó al Madrid, había perdido su antigüedad como socio y tuvo que ponerse a la cola. Si mal no recuerdo, Santiago jugó un partido oficial con el Athletic Club madrileño contra el Español de Madrid, además de posar con la camiseta rojiblanca con Julián Ruete, que hacía años había sido jugador del Madrid y por aquel entonces era el presidente del club rojiblanco"
Esto que contó José María Castell, arquitecto y capitán del Madrid (entonces sin título de Real) durante el campeonato de Copa de 1917 es verdad y fue durante muchos años escondido no ya sólo por el propio Bernabéu, el cual ya era Presidente del Real Madrid, sino por todo el orbe blanco dado que no se podía concebir que un madridista confeso, aparte de su capitán, pudiera en algún momento jugar con los eternos rivales colchoneros. 
 
 
Oficialmente estuvo como jugador de la plantilla blanca hasta 1928, pero ya desde hacía varíos años ejercia como delegado e incluso ayudante del entrenador. Sin embargo, poco se supo de que durante la temporada 1920/21 cuando todavía no existia el profesionalismo, Santiago pasó a formar parte de la plantilla del Athletic de Madrid. Ya lo cuenta el mencionado Castell: la amistad con Julián Ruete, gran prohombre del mundo colchonero, pudo influir en su desición. Lo que no está claro el motivo de su salidad, aunque se sugiere que pudo ser por enfrentamientos con la directiva del club, algo que no era raro en aquella época, propiciandose cambio de jugadores. Incluso el propio Ruete, como cuenta Castell, llegó a formar parte de la pantilla blanca durante un tiempo. 
 
 
Sin embargo, no es verdad que Bernabeu jugase algún partido oficial con el club rojiblanco (jugó amistosos). La Federación denegó tal posibilidad, puesto que no llevaba un año en la plantilla. La cosa es que su vuelta al club blanco fue tan misteriosa como su salida, puesto que para la temporada 1921/22 ya formaba nuevamente parte de la plantilla blanca.