lunes, 30 de septiembre de 2019

"Yo le hago la guerra a los vivos, no a los muertos"

Una de las grandes decepciones de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico fue la aparición durante su reinado del protestantismo en lo que sería la reforma protestante o la contrarreforma (como la llamaron los católicos) que trajó más discusiones y más guerras, que desangraron Europa.


Apenás habían pasado poco más de un año de la muerte de Lutero cuando tuvo lugar la derrota de los protestantes en la reconocida batalla de Mühlberg (ciudad perteneciente a la actual Alemania) durante la guerra de Esmalcalda (1546/47), fomentada por una serie de Principes protestantes. El ejército imperial estaba a las puertas de Wittenberg, por lo que el príncipe elector de la zona se vio obligado a firmar la denominada Capitulación de Wittenberg, en la que entregaba la ciudad, renunciando a su dignidad electoral. El 23 de Mayo de 1547, el Emperador entró cabalgando a la ciudad, yendo también a la Iglesia del castillo, a visitar la tumba de su gran rival; la tumba de Martín Lutero.

Lutero desafía al Emperador

La visita parece que fue cierta (así nos lo relatan las crónicas de Johannes Bugenhagen), aunque no está confirmada las leyendas en torno a ella. Una de ellas nos dice que, ante la tumba abierta del reformador, sus consejeros a modo de venganza, le habrían dicho/sugerido que le dieran sus restos a los gorrinos (en algunas versiones le habrían sugerido que los enviaran a la hoguera). El Emperador habría respondido: "Yo le hago la guerra a los vivos, no a los muertos". 


Más allá de la leyenda, no cabe más verdad en que de nada sirve ensañarte con los restos cadavericos de aquel al que no pudiste (o no quisiste) derrotar en vida. De nada sirve ir contra los muertos. De hecho, la inmortal enseñanza que nos deja esta leyenda es que abrir las tumbas de los enemigos, recientes o muy anteriores, nunca es bueno para nadie debido a que, entre otras razones, siempre dificulta las posibilidades de paz y reconciliación. No es que se este abriendo una simple tumba; se están abriendo las heridas, recientes o viejas, que parecían haber cicatrizado. Quien quiera entender, que entienda.

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