sábado, 4 de julio de 2015

El Napoleón del fútbol

En los años 50 era impensable que un país como Francia pudiera tener un Combinado Nacional, el cual consiguiera grandes logros futbolísticos. O al menos hasta que llego un jugador, que acabaría marcando toda una época en el balompié galo. Su elegancia a la hora de circular el balón lo convirtieron en uno de los grandes a nivel mundial; sus gran capacidad de mando hizo que se le llamara el Napoleón del fútbol. Ese hombre era (y es) de origen polaco; su nombre completo: Raymond Kopaszewski, pero todo el mundo futbolístico lo conoció como Raymond Kopa. 


Aunque comenzó su carrera en el SCO Angers, sería inicialmente en el Stade Reims donde demostró toda su calidad con ese juego preciosista, que empezaba a estar tan de moda en Francia. Kopa era centrodelantero, pero su capacidad para crear juego lo convirtió en el auténtico líder del fútbol-champagne´ de un Reims, que era media Selección francesa. 
Sin embargo, a nivel internacional el Reims de Kopa, que ganaba lo que quisiera en Francia, no pudo con el Real Madrid que le venció en la final de la Copa Latina y de la Copa de Europa, en el Parque de los Príncipes de Francia. Allí, el equipo blanco se fijó en la calidad de Kopa, fichandolo en 1956.


Cuando llegó a Madrid, hubo un pequeño debate sobre quien debía actuar de centrodelantero del equipo: Di Stéfano o él. El jugador argentino era el alma mater del equipo, pero no se podía desdeñar la calidad de Kopa. Al final, el futbolista galo jugaría en la banda y su calidad no sólo no se resintió, sino que ganó en velocidad y en capacidad de pase. 

De izquierda a derecha: Kopa, Puskas y Di Stéfano

Estando en el Real Madrid, Kopa consiguió su único Balón de Oro (anteriormente había obtenido dos Balones de Bronce), aparte de las distinciones colectivas como 3 Copas de Europa y 2 Ligas. La Copa de España no la disputó porque estaba vedada a jugadores extranjeros. 
Sin embargo, su prueba de fuego estuvo en el Mundial de 1958. Dicho Campeonato lo consiguió la Brasil del increíble Pelé, pero la Francia de Kopa fue un soplo de aire fresco. Y es que consiguieron un grandioso tercer puesto, algo impensable hasta hace unos años, siendo su delantero Fontaine el máximo goleador, aparte de que Kopa, su gran director de orquesta, fue elegido como el mejor delantero.


1959 sería su último año en Madrid, ganando la Copa de Europa ante el club de sus amores, el Reims, aunque el sabor agridulce se lo dejó una lesión al principio del partido que hizo que permaneciera renqueante durante todo el encuentro (antes no estaban permitidos los cambios).
Precisamente volvió al Reims, consiguiendo algunos títulos más, pero ya nada era lo mismo y el equipo francés descendió, aunque volvió nuevamente gracias al impulso de Kopa, su líder histórico, que se retiró con 36 años. 


Después de él, Francia ha conseguido éxitos en Mundiales y Europeos gracias a hombres del calibre de Platini y Zidane, pero siempre hay alguien que lo inicia todo y ese fue uno de los más grandes futbolistas no sólo de su país, sino de la historia del fútbol; un hijo de inmigrantes polacos, que triunfo... y de que manera. Ese hombre fue Raymond Kopa.   

El Napoleón del fútbol

 
Gloria blanca

El Papa Luna

Hubo una época en la que la Iglesia estaba tan dividida por el poder que llegaron a haber hasta 3 Papas a la vez, los cuales tenían sus partidarios. Sólo uno era reconocido como oficial, mientras que los demás fueron denominados por la facción triunfante como antipapas. La idea de los mencionados antipapas era usurpar el poder del Papa legitimamente elegido. Uno de esos hombres era aragonés y su nombre completo era Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor. El nombre por el que fue conocido por sus partidarios fue el de Benedicto XIII de Aviñón, pero paso a la historia con el apelativo de Papa Luna. 


Luna fue uno de los cardenales que participo en el conclave que se encargó de elegir a Urbano IV, el cual tenían tantos enemigos dentro del cuerpo cardenalicio que muchos consideraron nula su elección basándose en la certeza de que sólo 16 de los 22 cardenales electores se encontraban durante dicho conclave, ya que no se esperó la llegada de los que se encontraban en Aviñón. No obstante, el nuevo Papa fue proclamado.
Sin embargo, el carácter poco apacible de Urbano, así como el que la Iglesia se encontrara dividida en diferentes facciones, hizo que muchos comenzaran a protestar no ya sólo porque no hubieran estado todos, sino debido a que algunos declararon haber votado bajo presión.
Varios Cardenales declararon nula la elección, encontrándose entre ellos el propio Pedro de Luna, eligiendo a su "propio Papa", que sería Roberto de Ginebra, quien tomó el nombre de Clemente VII, con sede en Aviñón. Se iniciaba el que sería conocido como Cisma de Occidente, que también se conoce como Gran Cisma de Aviñón, disputandole de forma directa la supremacía a la misma Iglesia de Roma. Tras la muerte de Clemente, Pedro de Luna sería elegido Papa con el mencionado nombre de Benedicto XIII. 
El Papa Luna tuvo mucho adeptos, dado su buen carácter, muy alejado de unos Papas romanos corruptos y vendidos al mejor postor. Precisamente el hecho de que Luna no se vendiera ante nadie, hizo que el Reino de Francia le quitara su apoyo a Aviñón. Desde el poder se obligo a Luna a dimitir, algo a lo que se negó, ya que ésto podía causar un daño irreparable a la Iglesia. 
Tras un bloqueo militar de los franceses sobre su Palacio en Aviñón, Benedicto XIII logró huir de la ciudad en 1403, buscando refugio junto a Luis II de Nápoles. El fin del apoyo francés hizo que los Reinos de Portugal y Navarra dejaran de reconocerlo como papa, Mientras que 17 cardenales abandonaban la obediencia a Aviñón, quedando sólo cinco cardenales leales a su persona. Su papado era, por aquel entonces, reconocido por los reinos de Castilla, Aragón, Sicilia y Escocia.


Luna, que intentó por todos los medios la unificación papal (con obediencia hacía él), fue declarado hereje en el Concilio de Constanza de 1415, declarándosele como antipapa. En dicho Concilio, además, Martín V sería elegido como el Papa de la Iglesia unificada. Luna trasladaría su sede a Peñíscola, al antiguo castillo, que había pertenecido a la extinta Orden del Temple.


Allí, bajo la protección del Reino de Aragón, falleció a la edad de 96 años (una barbaridad para la época) uno de los personajes más carismáticos de la Iglesia del momento y que llegó a disputarle al Papa romano su propia autoridad. En Peñíscola falleció en la inmensa soledad el Papa de Aviñón; en Peñiscola falleció el Papa Luna.

jueves, 2 de julio de 2015

Solos ante Gary Cooper

Tengo que reconocer que la primera vez que visione "Solo ante el Peligro" estaba superintrigado por saber cómo acabaría el duelo entre Gary Cooper, en su última acción como Sheriff, y el criminal, que ayudado por sus compinches, iba a vengarse del propio Cooper, que lo había encerrado. Todos, incluso su novia, convertida en esposa (eterna Grace) le decían que se fuera, pero su sentido del deber era más poderoso, aunque todos los lugareños lo abandonaron a su suerte.


Cuando se hizo esta película, Gary Cooper había alcanzado el pináculo de su carrera, que había comenzado con el cine mudo con películas como "Alas" y que acabó confirmado como un actor con clase con una obra antibelicista como "Adiós a las Armas".


Su carrera se cruzaria con grandes como Lubitsch ("Una Mujer para Dos") y muy especialmente con Frank Capra con dos obras maravillosas como "El Secreto de Vivir" y "Juan Nadie". Cooper estaba en alza y en 1941 consiguió su primer Oscar por "El Sargento York" (el segundo y último fue precisamente por "Solo ante el Peligro").

"Juan Nadie" con Barbara Stanwyck

La carrera de Cooper podía haber sido más grande, sí no hubiera sucumbido a uno de sus vicios: el tabaco. Un cáncer acabaría con un él cuando apenas contaba con 60 años. 


Sin embargo, los estragos del tiempo pasado parecen menos cuando enciendo el televisor y me pongo una vez más una película de uno de los grandes actores de la época dorada de Hollywood; no hay nada como estar una vez más solo ante Gary Cooper.

Díaz-Miguel y su pasión por el baloncesto

No siempre el baloncesto fue un deporte muy seguido en España. En los años 60 parecía impensable que el combinado Nacional pudiera llegar a una final europea o a nos Juegos Olímpicos... hasta que llegó Antonio Díaz-Miguel.


Díaz-Miguel fue uno de los muchos que como jugador se formó y creció en una de las mejores canteras del deporte de la canasta, la de Estudiantes, y llegó a ser internacional. Sin embargo, como seleccionador alcanzaría las grandes cotas por la que será recordado siempre.
Díaz-Miguel inició su carrera con España en el 65 y entrenó a jugadores del calibre de Corbalán, Buscató, Emiliano, Epi, Carmelo Cabrera, Fernando Martín y  Romay entre otros. Gracias a su pasión por el baloncesto, Diaz-Miguel llevaría a la Selección a unas cotas impensables.


Sus logros: Subcampeonato europeo en 1973 y 1983, cuarto en el Mundial de 1982 y el increíble éxito de los Juegos Olímpicos de 1984 en los Ángeles, donde se consiguió la Plata, cayendo en la final contra los Estados Unidos de un tal Michael Jordan.


Muchos hablan no sin razón de Pedro Ferrándiz como el que introdujo el juego defensa-ataque en España o de Fernando Martín como el genio que nos metió de lleno en la NBA, pero el baloncesto nacional alcanzó la cúspide gracias a un Díaz-Miguel que, tristemente, salió por la puerta de atrás, tras el desastre de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.


Habían pasado 27 años desde que a un joven con ilusión se le había encargado la difícil tarea de dirigir a una Selección Española muy diferente a la que acabaría dejando. Díaz-Miguel nos mostró el camino de lo que serían los posteriores éxitos en Mundiales y Europeos. Y todo gracias a su pasión por el baloncesto.

miércoles, 1 de julio de 2015

El loco de la playa

Aunque parezca mentira, el sur de Tenerife no siempre fue el principal motor donde se movía el turismo. En el norte de la isla se encontraba la belleza que el turismo demandaba y es por eso que, a principios del Siglo XX, el sur era una zona eminente ligada a las labores de los naturales de la zona.


Sin embargo, un hombre supo ver aquella belleza extraña y seca, que ni los propios canarios habían tenido en cuenta. Ese hombre se llamaba Leocadio Machado. 
Machado fue escritor, pedagogo y catedrático de la Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife. Es seguro que su interés por investigar los fondos marinos e la isla, sumergiendose en playas como las de el Médano. Todos los veranos iba allí con su familia, donde cometía la "locura" de bañarse en sus aguas; habitual zona de pesca.


Fue naciendo un interés por el sur y fruto de ello, escribió un libro "El loco de la playa" donde describía las costumbres de los lugareños. Su labor investigadora y recopilatoria es muy importante y supuso la posibilidad de conocer un poco más a un sur muy olvidado hasta entonces.


Machado falleció en 1947, pero no su trascendencia que ha perdurado en la memoria de muchos. Una de las playas de el Médano, en las que el mismo se llegó a bañar, lleva su nombre; todo un homenaje a un hombre que supo hacernos ver que el seco y cálido sur de la isla Tenerife podía ser maravilloso.

Cuando nos encontramos con Manolito Gafotas

Los chicos de los 90 crecimos y nos aficionamos a la lectura de sus historias. Los relatos de un niño que vivía en Carabanchel (alto) con sus padres (aunque su padre pasara más tiempo en la carretera repartiendo mercancías con su camión Manolo que en casa), su abuelo y su hermano "El Imbécil". El niño se llamaba Manolito García Moreno, pero gracias a sus gafas era conocido como Manolito Gafotas.


¿Por qué nos aficionamos a sus historias? Pues porque era un niño normal con problemas en la escuela, broncas de su madre (famosa por sus collejas), celos por el trato diferente que le dan desde el principio a su hermano frente a él (de ahí que le llame imbécil), con un abuelo del que es su ojito derecho (aunque teniendo en cuenta el poco caso que le hacen al abuelo, es un ojo derecho con poca influencia) y una vecina cotilla y metomentodo como la Luisa.


Y por supuesto muchos amigos: el Orejones es su mejor amigo (aunque a veces sea un cerdo traidor), la Susana Bragas-Sucias, el abuson Yihad, Melody Martínez (que esta por él),  Mostaza y tantos otros que nos amenizaron nuestras horas de lectura.


Cabe resaltar que, a pesar de los años, siempre es un placer sumergirme en los libros de Manolito Gafotas. En cierta medida, es una forma de acercarse a la niñez que tenemos escondida en alguna parte.


Nada como volver a ser niños leyendo las historias, que pueden ser las de cualquier niño, en un punto concreto de nuestra geografía; nada como volver a leer a Manolito Gafotas.

Leyes y mentiras

Ls voy a hacer una confesión. Cuando sale una Ley, que algunos definen como polémica, intentó leerla para saber de que trata para que ningún personaje, desde el Gobierno o la oposición, me tome por tonto.


Algo así he hecho con la Ley de Seguridad Ciudadana (denominada por algunos como ley mordaza), sacando varias conclusiones: 

  • En España no se leen los libros y ni mucho las leyes, puesto que algunos hablan de lo que no saben.
  • Los políticos de la oposición y las personas muy ideologizadas, que se han leído la ley, nos mienten, tomándonos por tontos a los que sabemos de que trata la ley y se aprovechan de los ignorantes, que no se han leído un sólo artículo.
  • Muchos de los que protestan son los responsables de las bestialidades que se cometen por las calles o los insultos y faltas de respeto en persona o redes sociales ¿Existira un problema de educación?
  • El bolsillo les duele a muchos.
Les dejó el enlace del BOE y el enlace de El Mundo y juzguen ustedes mismos cómo es posible que el partido que gestó la ley corcuera o los personajes que hablan barbaridades sobre la situación venezolana (véase Cayo Lara)  nos estan tomando por imbéciles. Lo que es una tragedia es que se tenga que poner por ley que derechos legítimos en Democracia (incluidos los de los policías, garantes no de un partido, sino de la ley) tengan que ser respetados y tenidos en cuenta.

PD: hoy también sale la modificación del Código Penal con la famosa cadena revisable que a la izquierda española le parece antidemocrática, pero a la izquierda francesa le parece una garantía dentro de un Estado de Derecho ¡Vaya tropa!