sábado, 7 de diciembre de 2019

Otra vuelta de tuerca: dos niños inocentes

Una novela curiosa la de Henry James, la cual fue publicada en 1898, y que tiene un contexto determinado que no es otro que el de la sociedad victoriana de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX. La historia no es narrada por la protagonista de la misma, una joven institutriz, criada en un evidente entorno evidente represivo, la cual es encargada de cuidar a dos niños, Flora y Miles, por parte de su tío (con la condición de que no le moleste para nada, haciendose cargo ella de su educación) y sobre los que unos seres fantasmales parecen ejercer una influencia terrible, algo que se remontan a cuando dichos espectros eran seres de carne y hueso. El hecho de que el niño fuera expulsado de colegio por unas extrañas circunstancias hace que todo parezca que se desencadene. 


Una historia de fantasmas clara que ha tenido múltiples interpretaciones, entre ellos el hecho de que los fantasmas sólo estén en la imaginación de la institutriz, ya que parece ser la única que ve a los espectros, a pesar de que, según ella, los niños también los ven (aunque éstos se niegan a tal posibilidad). Estamos en el plano subjetivo del que narra, la propia institutriz, algo que se pierde con las adaptaciones cinematográficas, teniendo como referencia la más conocida de todas, la del año 1961, cuyo título original es "The Innocents" ("Los Inocentes" en  inglés), aunque en España se denominó "Suspense" y en algunos casos "Posesión Demoniaca", siendo protagonizada ni más, ni menos que por Deborah Kerr. 


Por otro lado, es que la institutriz, una mujer soltera, que ha tenido educación muy represiva (como ya comenté), queda muy impresionada y preocupada por esas supuestas historias de promiscuidad (en el sentido de una época donde el concepto de pecado estaba la mayoría de las veces asociado al sexo). 


Historia de terror (como era entendido en aquella época) que hoy podría ser visto como un Thriller Psicológico, que juega mucho con las impresiones o interpretaciones que el lector le puede dar al relato. Una obra extraordinaria.

Voltaire y la Tolerancia Religiosa

Cuando Voltaire regresó de Inglaterra a su país natal en 1729, concebió una idea basica, que lo definiría durante su vida y, tras su muerte: fomentar la tolerancia y combatir el fanatismo, algo que haría que chocara con la Iglesia Católica. 


Tradicionalmente, Voltaire ha sido definido como el "filósofo ateo" pues fue encarcelado por su crítica a la Iglesia. Lo cierto es que Voltaire era deísta, pues intenta basar la creencia en Dios no a traves de la revelación, la Fe o la tradición como hacen las religiones, sino a través de la razón. Voltaire no creía en la intervención divina en los asuntos humanos. La labor del ser humano es tomar su destino en sus manos y mejorar su condición mediante la ciencia y la técnica, embelleciendo su vida gracias a las artes. Voltaire era un tipo eminentemente ilustrado que fur duramente perseguido precisamente por los fanaticos a los que intentaba combatir.
Hay una leyenda que se nos relata en "Madame Bovary" de Gustave Flaubert donde se nos dice que Voltaire, al final de sus días, "en la agonía se cree que engulló sus propios excrementos". No obstante, dicha afirmación procede de uno de uno de esos eclesiasticos que lo despreciaban. 


Voltaire, que defendió la tolerancia hasta el final de sus días, condenando el fanatismo, viniese de donce viniese, escribió sobre este tema en el «Tratado sobre la Tolerancia" (publicado el año 1763) que en su capítulo XXIII escribió esta portentosa Oración a Dios:
"Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedir­te algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean cau­santes de nuestras calamidades. Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vesti­dos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridícu­las, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan des­proporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos lla­mados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra; que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cier­to metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

"¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son herma­nos! ¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica! Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante"

Un placer delicioso

Si había algo que me encantaba cuando era pequeño era el llenarme la boca (que precisamente no la tenía pequeña) con leche condensada (la ya desaparecida cuatro vacas), a veces aderezada con un plátano lo que era la cumbre del dulzor. 
Mis padres solían guardar la leche condensada en armario alto que estaba al lado de la puerta de la cocina por lo que, al no alcanzar, tenía que coger una silla y subirme literalmente al poyo de la cocina para obtener mi delicioso objetivo. Y todo eso, mientras pausaba el vídeo de Disney, que veía por las tardes.
"Que raro que la leche condensada apenas dure dos días" se debían estar preguntando cuando la realidad (que descubririan muy pronto) era que yo me relamía ante la posibilidad de volver a literalmente llenarme la boca con media lata de leche condensada. No es que le haga ascos al café, pero yo soy más partidario del cortado de leche y leche. ¡Por algo será!

martes, 3 de diciembre de 2019

La Anunciación (de Fra Angélico)

Podemos contemplarla en el Museo del Prado y maravillarnos de lo grande que es Fra Angélico para la historia del arte. La Anunciación de Guido di Pietro da Mugello (nombre real de Fra Angélico, que no fue denominado así hasta su muerte) fue realizada en temple sobre tabla alrededor de los años 1420 para la Iglesia del Convento de Santo Domingo de Fiesole (en Italia), siendo una de las obras cumbres del Renacimiento. 


En ella podemos ver el tema principal: la Anunciación, tal como aparece narrado en el Nuevo Testamento, (Lc. 1, 26-38), mostrando la escena en un pórtico de mármol abierto (muy de la época de Fra Angélico) en el momento en el que la Virgen dice el "Hágase en mi tu voluntad" al ángel, pudiendo ver dos cosas trascendentales. Un rayo de luz sale del Espíritu Santo hacía el corazón de la Virgen, que con su Sí a Dios ha puesto fin al pecado de nuestros padres, Adán y Eva, a los cuales podemos ver al fondo en postura de sumisión ante la figura presente de Dios y con un arrepentimiento profundo. Esta pintura, en esencia representa el principio y el final del pecado con la expulsión de Adán y Eva del Paraíso y la aceptación de la voluntad de Dios por parte de la Virgen, respectivamente. 
La trayectoria del cuadro pasa desde la Iglesia de los domicos en Valladolid, al panteón de la Casa de Lerma hasta el Convento de las Descalzas Reales de Madrid (después de la caída en desgracia del Duque de Lerma). Hasta mediados del siglo XIX se conservó en dicho Convento, siendo "descubierta" por Federico Madrazo, director del Museo del Prado, quien, tras diversas gestiones, conseguía que Francisco de Asís, Rey consorte de España, se interesara por su traslado al museo, algo abalado por la priora, la cual recibió a cambio otra Anunciación pintada por el mismisimo Madrazo.

El primer robot... fue mitológico

Dicen que era el último de una estirpe de malvados gigantes de bronces, pero lo más atrayente desde mi punto de vista es que Talos, Talon o Talo (en griego antiguo Τάλως Tálos), al ser según varías algunas versiones un autómata, puede ser considerado un robot... y aparece en la mitología griega. 


Talos era el guardián de Creta, encargado de dar tres vueltas todos los días a la isla e impedir la entrada a los extranjeros y salida a los habitantes que no tenían el permiso del Rey Minos. Cuando el gigante autómata sorprendía a algún extranjero, se metía en el fuego hasta calentarse al rojo vivo y, tras ello, abrazaba a sus victimas hasta calcinarlas.  Incluso, tiraba rocas a los barcos para hundirlos. Su único punto débil eran los tobillos, donde tenía sendos clavos, que si se lo quitaba, podría escaparsele metal líquido (su fuente de vida, de la que se decía era tóxica para los mortales), muriendo en el acto, algo que supieron ver Jasón y los Argonautas, aunque no sin dificultades: cuando Jasón y los argonautas llegaron a Creta, después de obtener el vellocino de oro, Talos les impidió desembarcar, arrojándoles grandes rocas a la bahía. 


En las monedas antiguas Talos es representado como un hombre alado desnudo, pero lo que es curioso es que en las pinturas no se lo representa con alas. A continuación, he puesto dos vídeos de la película Jasón y los Argonautas de 1963 donde se tienen que enfrentar a Talos.

Talos, el gigante

La muerte de Talos

El Madrid (sin título de Real) en Tenerife (1932)

1932 fue un año trascendental para el Tenerife. El equipo blanquiazul tenía un equipo soberbio, liderado por Bernardino Semán, pero con otros jugadores de calidad como el todocampista Pancho Arencibia (que años después, tras la guerra, triunfaría en el Atlético Aviación con el que ganaría dos Ligas seguidas), Morera (después de su periplo peninsular con el Real Madrid), Luzbel, Chicote y en portería el gran Gilberto Cayol, asentado en la portería, sustituyendo a Baudet. Tras una inolvidable goleada contra el Hesperides (12-2), tenía que ganar al Iberia para lograr el titulo insular y poder medirse al Betis en los dieciseisavos de final de la Copa de España. El Tenerife ganó 3-1 con un gol portentoso de Arencibia que, al no llegar a rematar de cabeza (pues se había pasado de frenada), conectó el balón con el tacón para golear ante la salida del portero en un remate parecido al que muchos años después haría Di Stéfano contra el Real Valladolid en una clásica imagen de la Saeta Rubia.


Una semana después el Tenerife se embarcaba en el Villa Madrid para disputar la eliminatoria, ambas en la Península, ya que el "efecto insular" hacía que los equipos peninsulares no quisieran embarcarse a jugar partidos oficiales en las islas. Los blanquiazules jugaron de locales en Mestalla, obteniendo un buen empate a uno, aunque en el partido del Patronato se perdió mediante un arbitraje adverso con un gol legal anulado y un penalti en contra inexistente, aderezado con tres jugadores lesionados (hasta los años 70 no existíeron las sustituciones, por lo que tuvo que jugar en desventaja numérica). No obstante, el vistoso juego ante los verdiblancos le hizo ganarse un prestigio tal que posibilitó la visita de equipos penínsulares a Tenerife para captar nuevos talentos, entre ellos el Madrid (sin el título de Real por la II República), que entonces acababa de conseguir su primera Liga, sin perder un sólo partido y que venía a la isla con todas sus figuras (Zamora, Ciriaco, Quincoces, Luis Regueiro, Olivares, Lazcano...).


Fueron en Junio de 1932. Se concertaron tres partidos, que se jugarían en el Stadium de Santa Cruz de Tenerife (actual Heliodoro Rodríguez López). En la vispera, podríamos decir que los casí 60.000 habitantes con los que contaba Santa Cruz de Tenerife estaban pendientes del "Vapor de Cádiz", que traería a los blancos, comandados por el divino Zamora, el mejor portero del mundo. En una época donde crecía la afición (aunque no es como ahora), todo se desbordó. Los aficionados acompañaron a los jugadores blancos hasta el hotel donde habrían de hospedarse.

Uno de los partidos del Tenerife y el Madrid

En el primero de los partidos, un inmenso Cayol sostuvo a los locales, que consiguieron un milagroso empate a cero. Seis días después, un gol de Semán puso un histórico 1-0 definitivo. Para el tercer partido, los visitantes no supieron abrir el cerrojo defensivo del Tenerife, que acabó ganando 2-1, confirmándose como referente no sólo de la isla, sino de toda Canarias, algo que se siguió siendo gracias a las victorias ante el Donostia (nombre de la Real Sociedad durante la II República). El Madrid, por su parte, fue a Las Palmas donde jugó cuatro partidos, dos con el Victoria (que ganó por 1-3 y 1-2) y dos con el Marino (con el que empató a dos y a cero). Más de una década después, tanto el Marino como el Victoria fueron dos de los equipos fundadores de las Palmas. De hecho, el mangas Molowny jugaba en el Marino cuando fue fichado por el Real Madrid en 1946 (enlace).


El equipo blanco volvió a ganar la Liga el año siguiente (con su eterna lucha ante el Athletic de Bilbao) y dos años después fichaba a Gilberto Cayol como suplente de Zamora, aunque la mala forma de éste en aquella temporada, posibilitó que el mencionado Cayol jugase varios partidos a gran nivel. Sólo estuvo ese año, volviendo a la isla (enlace).

Flor de Pascua

No sé ustedes, pero mi madre tiene la tradición de no poner las flores de Pascua hasta después del día de la Virgen (8 de Diciembre). Lo cierto es que la flor de Pascua es una de las cosas más características del Adviento y Navidad, siendo pieza decorativa muy importante no sólo en las casas, sino en las ciudades.
 

Su nombre científico es Euphorbia pulcherrima, término que deriva del médico griego de Juba II de Mauritania, Euforbo, el cual utilizaba una variedad de dicha planta como laxante. Es por eso que en el año 12 a. C., el propio Juba denominó Euphorbia a esta planta en honor de su médico Euforbo, tras que el Emperador Augusto dedicara una estatua a Antonio Musa, el médico personal de Augusto y hermano del propio Euforbo. En 1753, Carlos Linneo asignó el nombre a todo el género de plantas entre las cuales hay unas 100 variedades.


Más allá de temas científicos e históricos, la flor de Pascua, también denominada flor de Navidad, de Nochebuena o poinseta (en los Estados Unidos) en honor de Joel Roberts Poinsett, el primer Embajador estadounidense en México, el cual la introdujó en su país el año 1825, es una planta característica muy importante de las épocas navideñas.