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jueves, 14 de julio de 2016

Del Rey deseado al Rey felón

Era al hombre que todos querían como Rey. Fernando de Borbón, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, se encontraba en Bayona junto a toda la familia real esperando a que terminara la guerra de la independencia contra los franceses. Tras la aprobación de la Constitución de Cádiz y con una guerra a punto de finalizar con la derrota de las tropas napoleónicas, todos los españoles ansiaban que Fernando el deseado llegara a España para ser proclamado Rey con arreglo a la mencionada Constitución gaditana ¡No sabían lo que les esperaba!


Desde el principio, Fernando VII se mostró como un Rey absolutista, rechazando la Constitución, y persiguiendo a todo aquel que cuestionara su poder. En ese momento, el Rey Fernando pasó a ser conocido por el pueblo español como el Rey felón, una persona miserable, vil y traicionera más pendiente de legitimar su poder antes que de gobernar para todos. 
Fue en aquel momento cuando se gestó un "minigolpe" contra su Monarquía absoluta y en favor del liberalismo. Los expedicionarios, que en principio iban a América para sofocar la insurrección de las colonias, serían los encargados de llevarlo a cabo bajo la dirección de Rafael de Riego. Comenzaba un periodo que sólo duró tres años y sería denominado por la historiografía como trienio liberal.

Rafael de Riego

El Rey aceptó a regañadientes la Constitución, pero a nadie escapaba que tanto él como sus aduladores conspiraban para volver a la situación anterior. La intervención de los denominados Cien Mil Hijos de San Luis, formado por la Francia absolutista, posibilitó la "liberación" del Rey y el retorno a la política absoluta anterior, dedicándose muy especialmente a condenar a muerte a todos aquellos que habían apoyado la etapa precedente. La denominada como década ominosa comenzó colgandose a Riego, que desde ese momento fue considerado mártir de la causa liberal en España.

"Liberación" del Rey

La Monarquía de Fernando VII fue una de las épocas más aciagas de la historia de España con un Rey odiado por los liberales e incluso por antiguos partidarios en desacuerdo con sus políticas no tan conservadoras y preferían que, dada la edad del Rey, y su falta de heredero varón, fuera Carlos María Isidro, su propio hermano, quien lo sustituyera.


La no permanencia de la Ley Sálica posibilitó que Isabel, hija mayor del Rey, fuera declarada heredera al Trono en detrimento de Carlos María Isidro, lo que posteriormente originó las guerras civiles que se conocieron como guerras carlistas (enlace). Una herencia envenenada del Rey felón, uno de los tipos más siniestros, miserables y despreciables de la historia de España.

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