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jueves, 21 de noviembre de 2019

Aquellas tardes en la Alameda

A finales del siglo XVIII, Santa Cruz de Tenerife ya había crecido exponencialmente. No era un simple puerto de San Cristóbal de la Laguna, entonces capital de la isla, sino que su número de habitantes se estaba aproximando a ésta y a la de Las Palmas. No obstante, carecía de casi todo, incluso de un lugar para pasear. Es por eso que en 1787 se construyó a iniciativa de Miguel de la Grúa, Marqués de Branciforte, Comandante General en aquel momento (y uno de los persnajes más corruptos de la época de los virreinatos), un espacio arbolado para reunirse, charlar o pasear, teniendo éste el nombre de la Alameda de la Marina (o del Muelle) justo al lado de la Plaza de España. Serían las familias más pudientes las que costearon su creación, la cual fue obra del del ingeniero militar Andrés Amat de Tortosa. Como dato curioso cabe decir que los de la zona comenzaron a conocer la Alameda como la de Los Paragüitas, debido a que se instalaron paraguas literalmente para evitar que el sol molestara a los viandantes. 


Mucho antes de que estuviera la rambla, en la Alameda se reunía la alta sociedad chicharrera, donde charlaban y daban agradables paseos, siendo el punto de inicio de noviazgos (y quién sabe si de rupturas) y amistades. En ella solían darse conciertos siempre a la sombra de sus frondosos árboles.
La Alameda contaba con diferentes obras artísticas, destacando la Fuente de los Delfines (fuente de mármol destrozada por unos miserables en 2003), tres puertas con verja de hierro y los arcos y estatuas de mármol blanco.

La Alameda en 1876

Sería a partir de los años 20 (del Siglo XX) cuando a la Alameda de la Marina le sucedieron varios nombres: Alameda Duque de Santa Elena (que es el actual), Alameda 14 Abril (durante la II República Española) y Alameda del Muelle (recupero su antiguo nombre, tras la guerra civil). El nombre actual de la Alameda procede de Alberto de Borbón y Castellví, Capitán General de Canarias en 1923, el cual era primo de Alfonso XIII y II Duque de Santa Elena. Desgraciadamente, la construcción de la Plaza del Príncipe de Asturias en el siglo XIX la dejó obsoleta, estando a punto de desaparecer en diferentes momentos (actualmente, la Plaza del Príncipe también ha sido medio abandonada, aunque sigue conservando su encanto y a veces se hace algún acto).


La Alameda fue utilizada en los Siglos XIX y XX como mirador de excepción del muelle y a día de hoy sólo hay una replica del portico,  el cual está integrado en la plaza de España como testigo mudo de lo que durante un tiempo fue el centro social (y político) de Santa Cruz de Tenerife.

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