viernes, 8 de septiembre de 2017

Las espiritistas de Telde

En 1930 tendría lugar en Telde, en la Gran Canaria, uno de los sucesos más extraños de los últimos tiempos. Candelaria Valido Calixto, la cual parecía un animal herido, estaba completamente poseída. Gruñidos y maldiciones a la policía. ¿Se había vuelto loca? Lo que es seguro es que el nombre de Candelaria, así como el de su familia, los Valido, estaba en boca de todos aquel mes de Mayo de 1930. Y es que el caso no era pare menos. 


La familia Valido vivía en la calle Juan Pedro de la Fuente, en el barrio de los llanos de la mencionada Telde, manteniendo una posición desahogada merced al trabajo del padre como herrero y al de las madres e hijas, que eran costureras. Francisco Valido y Aurelia Calixto, un matrimonio bien avenido, habían tenido bastantes hijos: cuatro hijas (Candelaria, María del Pino, Aurelia y Carmen) y tres hijos varones de los que poco sabemos. Según se cuenta algunos habían partido a Cuba en busca de fortuna. Del que indudablemente más conocemos es de Fernandito, el favorito de sus padres (o al menos eso se dijo) que cayó enfermo de tifus cuando rondaba los 20 años. Primero recurrieron a la medicina, pero cuando parecía que ésta no funcionaba (Fiebre día tras día) optaron incluso por los curanderos o la magia negra (Recordemos que en aquella época no eran tan descabellada tal idea en personas de un nivel cultural bastante bajo). De esta forma conocieron a un tal Juan Hernández. 


Procedente de Cuba curandero y espiritista (De malas artes y lengua fina según cuentan), Juanito "el espiritista", recibió a la familia Valido a finales de los años 20. Querían que salvase a su hijo, que atravesaba ya la última etapa del tifus, dandole pocimas o productos elaborados por el mismo. Evidentemente no lo hizo, pero la familia Valido quedó eternamente agradecida por su ayuda (¿?). Fue entonces cuando preparó a una de las hermanas, Candelaria, para ser medium, dado que él decía tenía una sensibilidad especial. La idea es que contactaran con el hijo muerto desde el más allá, aparte de alejar cualquier mal espiritu que pudiera molestar a la familia.
La casa de los Valido se convertía de esta forma en un improvisado escenario de sesiones de espiritismo a los que iban vecinos de la zona para contactar supuestamente con sus muertos. En una, tenida lugar el 26 de Abril, Fernandito quiso comunicar con su familia en la tierra. Algo que no iba a ser precisamente agradable.
Fernandito les decía que allá en el Purgatorio ("Haciendo cola" según informaron los medios de la época) se aburría y ello hacía que su alma se encontrase gacha y apesadumbrada, pero con que uno de los miembros de la familia le hiciese compañia era suficiente. La idea es que uno de los miembros tenía que morir (Ser asesinado) por lo que sería la propia Candelaria la que dio el paso para "acompañar a su hermano".

Candelaria

La primera idea de los Valido fue que era Carmen la que debía acompañar al hermano a los cielos porque era la de aspecto más enfermizo. Así intentaron estrangularla todos los miembros de la familia (Para su horror), pero ella escapó por lo que Candelaria decidió que que ahora sería Aurelia, otra de las hermanas, la que asumiría el destino, cosa que hizo. Palos y pulos acabaron poco a poco con la vida de la joven. 
Sería el médico del barrio el que descubriría todo. Se contaban que salían gritos de la casa, fomentandose las habladurías, pero nadie pensaba en tal suceso macabro. Tras llamarle para asistir a Candelaria, que tenía un clásico ataque de nervios, creyó ver el cadáver de Aurelia con evidentes signos de violencia, en un cuarto contiguo. La policia se presentó viendo el espectaculo dantesco, propio de una película de terror. 


El proceso duró apenas un año (Los padres inicialmente acabaron en la cárcel en espera de juicio), declarándose que todos estaban locos, llevandoseles a un manicomio, absueltos, por lo tanto de los crímenes cometidos. Sobre el caso existe una novela titulada "Las espiritistas de Telde", de Luis León Barreto publicada en 1981 cuando puede que aún viviesen las mujeres que acabaron con la vida de su hermana Aurelia, un crimen que horrorizó a la sociedad canaria de la época.

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