viernes, 5 de mayo de 2017

El discreto encanto de Glenn Ford

El tipo duro de buen corazón. Así siempre he visto a Glenn Ford, ese actor de origen canadiense procedente del teatro, el cual comenzaria ser conocido por su portentosa actuación en "Gilda" con la espectacular Rita Hayworth (celebre ese bofetón que pondría a más de uno los pelos de punta hoy en día) a la que le uniría una relación para toda la vida.


Pero la carrera de Glenn Ford fue mucho más allá de una película. Ese aire de tipo duro, un poco lejos del estilo de galán, que se comercializaba en aquella época, lo encontramos en películas como "Los Sobornados" (me atrevería a decir que su mejor interpretación) o "Deseos Humanos" ambas de Fritz Lang y con otra mujer de bandera: Gloria Grahame. Obras como "Semilla de Maldad" (con un jovencisimo Sidney Poitier) no hicieron más que acrecentar una fama que empezó a declinar poco a poco por parte del propio medio (siempre se le consideró subvalorado dentro de la industria), pero no así por parte del público, que veía en ese Ford a un tipo con encanto, que por otra parte era muy amigo de sus amigos.


Poco a poco fue apareciendo en películas western o de marcado tinte bélico. Dejando de lado "Un Gángster para un Milagro" (dirigida por Frank Capra de un remake de una película de él mismo de los años 30 titulada "Dama por un Día") en la que actúo con Bette Davis, tenemos obras como "¿Arde París?" (con un gran número de estrellas internacionales) o "la Batalla de Midway". Una de sus últimas actuaciones destacadas la encontramos en "Superman: La Película" interpretando a Jonathan Kent. 


Casado cuatro veces (sin contar conocidos romances) hubo una mujer que el bueno de Glenn nunca pudo quitarse de la cabeza. Rita, siempre Rita por la que es evidente sentía algo más que una simple amistad. Cuando ella estaba ya muy enferma (padecía alzheimer, algo que la obligó a retirarse), el propio actor le enviaba una rosa todos los días. 


Cuando ella falleció (en 1987) Ford estaba destrozado (nunca se recuperó) e incluso casi ni se alegró cuando recibió el Premio Donostia ese mismo año. Cuentan que en su habitación tenía un retrato dedicado de la actriz, la mujer a la que siempre quiso, en el que todas las mañanas ponía debajo una simple rosa. Otro ejemplo mas del encanto de Glenn Ford.

Tributo


Glenn y Rita

No hay comentarios:

Publicar un comentario