domingo, 16 de abril de 2017

¡¡¡No lo soporto!!!

No lo soportaba. El ojo del viejo ("El ojo de buitre" diría nuestro anónimo protagonista) era terrible, insoportable. Tenía que acabar con él y no había mejor forma que hacerlo que destruir al dueño de dicho ojo. Sí; había que asesinarlo... y lo hizo. La almohada sería su instrumento de tortura; debajo de los tablones el cuerpo del viejo. Ya no volvería a ver ese ojo terrible, pero...


El problema viene cuando la policia llega a la casa, ya que se han oido ruidos extraños y a petición de los vecinos, deciden interrogar a un joven, que oye algo, pero ¿Qué es ese algo? No; no puede ser. El ruido procede de debajo de los tablones. Suena como un corazón ¿El corazón del viejo? No; no es posible. Tiene que estar muerto ¡¡¡Lo tiene que estar!!!


A medida que los policías le están hablando, el ruido se vuelve cada vez más insoportable hasta el punto que no lo soporta más. Se confiesa ante lo increíble de lo aparentemente imposible. Sí; acaba confesando que el ha matado al viejo y debajo de los tablones esta el cuerpo y en dicho cuerpo esta el terrible ojo de buitre insoportable a su vista. 


No; Edgar Allan Poe no nos dice como se llama el protagonista ni el viejo, cuál es la relación entre ambos (se ha insinuado que pudiese ser una relación padre-hijo, siendo el ojo de buitre una alegoría sobre la vigilancia paterna, o una relación jefe-empleado) y si hay un verdadero fenómeno paranormal entre aquellos tablones porque no es lo importante. Lo que el genial Poe parece cuestionarnos si el joven esta cuerdo o no y si verdaderamente estamos ante la mala conciencia de un hombre que ha matado por algo tan banal como la visión de un ojo putrefacto. Tan terrible fue su culpa que no pudo soportarlo. Su culpa, su grandisima culpa, lo acabo condenado en la forma de ese corazón delator. 

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