sábado, 18 de marzo de 2017

Tarancón o el hombre que desató el nudo

"La Acción Católica, como la Iglesia, teniendo un carácter eminentemente religioso, no puede confundirse con una actividad de orden humano y político; siendo por su naturaleza lazo de unión entre todos los católicos, no puede confundirse con una actividad que, lejos de unirlos, es causa de su división. Es necesario, pues, que prácticamente aparezca la Acción Católica separada de todo partido, para que nadie pueda confundirlas"
 La nueva forma del apostolado seglar
 
Ya antes de que Franco falleciera, empezó a haber un cambio dentro de la Iglesia Española, algo que resultaba imposible en los años 40, 50 y parte de los 60, pero llegaban nuevos tiempos. El Concilio Vaticano II lo dejó muy claro y en España surgieron Sacerdotes que despreciaban todo tipo de confrontación. Uno de esos hombres Vicente Enrique y Tarancón.


Frecuentes fueron sus desencuentros con Franco y eso que en sus años de juventud, cuando apenas conocía algo de la vida y estaba destinado a ser un párroco de pueblo, apoyó a los nacionales no tanto por convicción, sino por las barbaridades cometidas por los comunistas contra la Iglesia, auspiciadas por el sistema republicano. La muerte que vio a su alrededor en plena guerra y las penurias de una triste posguerra convenció (si no lo estaba ya) a un jovencísimo Tarancón de que la Iglesia no podía apoyar a una dictadura. 


Muy conocida fue la frase que gritaban los propios franquistas a Tarancón en pleno funeral de Carrero Blanco (que él presidió) de "Tarancón al paredón" y es que el pulso del ya en ese momento Cardenal (además presidía la Conferencia Episcopal Española) con el régimen fue evidente con sus críticas al régimen por su falta de humanidad y perseguir a disidentes políticos y sobre todo la pena de muerte. 

Tarancón, Suárez y Carrillo

Su homilía en el acto religioso celebrado en la iglesia de los Jerónimos tras la proclamación de Juan Carlos de Borbón como Rey simbolizó la apertura de la Iglesia española a la Democracia, hablando de algo casi prohibitivo en aquella época como Reconciliación Nacional. Sin embargo, tuvo muchos detractores tanto dentro como fuera de la Iglesia. Su apoyo a la Iglesia vasca hicieron que algunos lo etiquetasen de "rojo, enemigo del Régimen y compadre de los independentistas vascos".


Poco le importaba al Cardenal Tarancón que vio en la llegada de la Democracia a España la posibilidad de una modernización en la Iglesia donde no se hablara de vencedores y vencidos o hubiesen rencillas abiertas. Su papel conciliador fue clave dentro de la que sería llamada Transición Española.

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