jueves, 12 de enero de 2017

El maestro Ireneo González

En el centro de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, entre dos arterias tan principales que son la calle del Pilar y la calle del castillo, se encuentra como escondida de todos una pequeña plaza con un busto, encontrándose en la misma lo que es hoy el centro de formación de la Sociedad de Desarrollo. Plaza y busto están dedicados a Ireneo González, hombre de gran valía, pero desconocido por gran parte de los habitantes de la ciudad y la isla. 


Don Ireneo, nacido en ciudad tan maravillosa como San Cristóbal de la Laguna un 9 de Septiembre de 1842 en una época convulsa para la vieja España, que se movía en un analfabetismo creciente, mientras iba perdiendo las pocas colonias que le quedaban en ultramar. 
González fue Sacerdote y entre otras Iglesias estuvo en la de San Francisco en la capital chicharrera, pero si algo destacaría en él, serían sus ganas de enseñar. Don Ireneo fue todo un ilustrado de su tiempo, interesado por el mundo que le rodeaba y también por la enseñanza a la que dedicó gran parte de su vida.  Indudablemente don Ireneo fue un gran gramático, como así lo dicen sus contemporáneos, llegando a ser catedrático de latín, retórica, poética, lengua castellana y religión. 


En 1868 tendría lugar la Gloriosa, conocida revolución antiborbónica que posibilitó la abdicación de Isabel II. Nuevos tiempos aparentemente llegaban a España y con ello la necesidad de salir del retraso histórico que se vivía en el país y más concretamente en las Islas Canarias. Eso posibilito la creación del Gabinete Instructivo de Santa Cruz de Tenerife, destinado a la tertulia desde el respeto a las diferentes ideológicas con la intención de mejorar la situación social y económica de la isla. 
Entre los fundadores de esta sociedad, hombres librepensadores e intelecuales de la época, estuvo don Ireneo, encontrandose entre personalidades tan reconocidas como los Alcaldes Bernabé Rodríguez, Suárez Guerra, Emilio Serra, Anselmo de Miranda y Febles Campos, aparte de grandes de su tiempo como Domínguez Alfonso, el Doctor Guigou, Valentín Sanz, Villalba Hervás, Costa y Grijalva y un largo etcétera (algunos son muy conocidos por dar nombre a plazas o monumentos en la ciudad).


Don Ireneo tuvo cierta labor documental, llegando a escribir varias obras en las que destaca sus Nociones de Gramática Castellana del año 1882, la cual esta dividida en cuatro partes: Analogía, Sintaxis, Prosodia y Ortografía. Fallecería el año 1918 y desgraciadamente, es una figura muy desconocida (a igual) que muchos dentro de nuestro particular callejero, que sin embargo merece ser reconocido como uno de los grandes pensadores de su tiempo. 

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