domingo, 11 de diciembre de 2016

¡Un Craso error!

Situemonos en la Roma del año 60 a. C. Por aquel entonces la Roma post-republicana estaba gestionada por un triunvirato de hombres, los cuales eran los políticos más importantes del momento no sólo por sus méritos militares, sino por su oratoria. Dicha forma de gobierno a tres estaba compuesta por Pompeyo, Julio César y un tercero que había participado de manera decisiva en varias guerras:  Marco Licinio Craso. 


Craso fue quien derrotó a Espartaco en la rebelión de los esclavos (una guerra interna que a punto estuvo de llevarse a Roma por delante), Pompeyo fue quien organizó la sublevación para el ataque a Hispania, mientras César era un allegado de uno de los fundadores de Roma. Todos ellos se repartieron en mayor o menor medida los territorios que por aquel entonces poseía el imperio romano. Ambos se repartieron el botín romano: a Pompeyo le tocó Hispania y África, a César las Galias, y a Craso, el menos conocido de los tres (pero no por ello digno de tener en cuenta), Siria.

Craso llegó a ordenar la crucifixión 6.000 esclavos de Espartaco

Craso era uno de los hombres más ricos de Roma y a todo el mundo prestaba dinero. Incluso se dice que el mismísimo Julio César recibía ayuda de Craso. Una expresión popular en la Roma de entonces era cuando alguien pedía gran cantidad de dinero a un amigo, éste le respondía: “¿Acaso te crees que soy Craso?” Su llegada al triunvirato le otorgó más fuerza para gobernar, así que cuando llegó a Siria lo que hizo fue saquear templos y viviendas en busca de más oro para sus arcas (a veces para algún rico, su propia fortuna no es suficiente y quieren más y más). 
Craso al que podríamos llamar el avaricioso quiso imitar glorias pasadas y aumentar su territorio para poder controlar aún más Roma. ¿Qué había pensado? Cruzar el Éufrates e intentar la conquista del imperio de Partía, algo llamativo porque hasta entonces Roma no había guerreado por una causa 100% justificada. 

Extensión del Imperio Parto

La guerra fue hecha a toda prisa... y como era factible salió mal. En la primera contienda, su ejército fue derrotado con creces. Incluso su hijo falleció, lo que le afectó muchisimo. La desgracia del fallecimiento de su hijo y la presión del ejército que quedaba, le obligó a hablar con el general parto, que accedió a ello.


En medio de esa reunión, se encontró con una encerrona y fue apresado. Lo cierto es que Craso se clavó su propia tumba cuando cometió el error de invadir Partia. Por esto tenemos la expresión Craso error para referirnos a un una equivocación grave que no tiene disculpa. Sería la ambición la que condenó a Craso, perdiendo no ya sus riquezas, sino su propia vida.

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