sábado, 19 de noviembre de 2016

El cautiverio de Babilonia

"Dios los había abandonado" debieron pensar los judíos condenados al destierro. Muchos años habían pasado de los gloriosos años de los Reyes David y Salomón. Tras el mencionado Salomón, el antiguo Reino de Israel se vio cada vez más a merced de sus vecinos a lo que se unió su debilidad debido a las rencillas internas. El Reino se había dividido en dos ramas distintas, la del norte (Reino de Israel) y la del sur (Reino de Judá). 


Los asirios aprovecharon la situación para conquistar el reino septentrional, mientras el del sur, cuya importancia era mayor con la capital en Jerusalén, trató de mantener su independencia haciendo acuerdos con Egipto y Babilonia, imperio este último que duraron muy poco. Finalmente, en el año 597, las tropas del Rey babilonio Nabucodonosor II entraban en Jerusalén en castigo por el comportamiento de sus Reyes. 

Nabucodonosor II

Aproximadamente unas tres mil personas, pertenecientes a las familias más poderosas del país, fueron deportadas a Babilonia.  A pesar de todo, los babilonios fueron "buenos" y  respetaron el trono de Judea, en el que pusieron a un pariente del Rey depuesto, pero 10 años después, tuvo lugar una rebelión que hizo que Jerusalén fuera conquistada y el Templo de Salomón incendiado, a lo que siguió una nueva deportación de judíos a Babilonia.

El profeta Jeremías

En medio de todo esto, aparecieron los profetas, los cuales aseguraban que Dios no los había abandonado. Unos hombres que no lo tuvieron fácil dado que el pueblo se había vuelto más descreído que nunca. Fueron unos años de gran tribulación, que aún hoy se recuerdan por el pueblo judío como una de sus grandes desgracias junto a la esclavitud en Egipto y el sitio de Jerusalén por parte de Tito que originó la marcha del pueblo judío o la denominada diáspora. 
Se dice que en aquella época, dado el mencionado descreimiento del denominado "pueblo elegido", un grupo de hombres pusieron por escrito las tradiciones religiosas judías en lo que conocemos como Pentatéuco, aparte de otras obras como los Jueces, Reyes, etc.  


De esta forma, este trágico episodio de cautividad en tierra extranjera tuvo consecuencias más que decisivas en la configuración de la religión y de la identidad nacional judía y es que si en años anteriores a la conquista de Jerusalén, el pueblo hebreo había tendido al politeísmo (debido básicamente a los pueblos que le rodeaban), los sacerdotes del exilio elaboraron un pensamiento rigurosamente monoteísta, muy influenciado por la tradición mesopotamica.


Tras la invasión de Babilonia por parte del Rey persa Ciro, un edicto del año 538 a. C. permitió el regreso de los judíos a sus tierras de origen al año siguiente. Finalizaba una época de gran tribulación para un pueblo, que vería años aún peores. 

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