sábado, 26 de noviembre de 2016

¡¡¡Carmen!!!

Contaba el escritor frances Prosper Mérimée que María Manuela Kirkpatrick, Condesa de Montijo, le inspiró su novela más reconocida con una historia que le había relatado durante un viaje a España. La historia de Mérimée era simple, pero trágica y toda ella confluía en una mujer: Carmen. 


Ambientada en Sevilla, España, es la historia de un hombre, don José, que cae bajo el influjo de una sensual gitana que se cruzó por su camino, apartándolo del ejército y arrastrándolo hacia el delito, convirtiéndolo en un bandido. Todo por un Amor no correspondido, ya que Carmen hacía lo que quería con un hombre que caminaba hacía la perdición, acabando en varias muertes, entre las que se encontraba la de aquella gitana que le había robado el corazón (y casi el Alma), todas ellas perpetradas por un don José, el cual espera con hondo pesar el camino que lleva al caldaso. 


Indudablemente Carmen era lo que el Hollywood clásico llamaría una Femme Fatale, una mujer bella y manipuladora, que, mediante sus encantos, lleva al hombre a la perdición. Y en esa novela verían muchas posibilidades  Ludovic Halévy y Henri Meilhac para hacer un libreto para una ópera basada en la misma con música  Georges Bizet (que murió inesperadamente antes de su estreno cuando contaba con 36 años). 


La ópera se estrenó en la Opéra-Comique de París, Francia, el 3 de Marzo de 1875, llevándose criticas negativas en su tiempo y no sería hasta el paso de éste cuando se demostró que estábamos ante una de las obras más representadas en todo el mundo, que aunque cambia un poco respecto a la original, mantiene su espíritu, que no es otro que la de la gitana Carmen llevando a la perdición a un enamorado don José. 

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