martes, 9 de agosto de 2016

La iluminada de Candelaria

Antonia era una niña normal. Nacida en una familia muy humilde de la Villa Mariana de Candelaria el 9 de Febero de 1908. Su padre, Francisco Tejera así como uno de sus hermanos, emigrarían a  la Isla de Cuba, mientras su madre, la sacrificada Antonia Reyes Fariña intentaba sacar adelante a ella y sus sus hermanos Valentina, Pedro, Magdalena y Andrés, e cual sería Alcalde de este municipio entre 1949 y 1961). Era una niña normal hasta que a la edad de 12 años aproximadamente se hicieron presentes aquellos trances. 


Era llamativo como una niña que no había aprendido a leer y a escribir era capaz de soltar discursos con los ojos en blanco ante un populacho que se hizo cada vez más numéroso. Dicen que el sobrenombre de “La Iluminada” se lo pusieron los niños de Candelaria cuando en su juventud, tras sustituir espontáneamente al párroco al frente de la catequesis donde él la había dejado, éste, tras regresar, contempló entre emocionado y acongojado cómo la siempre juguetona chiquillería se mantenía calmada y ensimismada ante Antonia. Desde la distancia el clérigo observaba y escuchaba, cautivado por la fluidez, claridad y profundidad de la enseñanza que salía de la boca de la joven, que como ya mencione era analfabeta (como la mayoría en aquella época, dicho sea de paso) creyendo ver durante un moment un halo luminoso rodeando su cabeza, producto quizá de una alucinación o del reflejo de la luz que pasaba a traves de una vidriera.

Su casa natal

La escena  le hizo exclamar que realmente aquella niña pa- recía iluminada, adjetivo que se convirtió en mote por parte de los niños una vez fuera del templo, grittando entre alborozos “¡iluminada, iluminada!". Esta historia nos fue relatada por el escritor canario Domingo Cabrera, el cual escribía bajo el seudónimo de Carlos Cruz. 
Desde ese momento, los hechos extraños en torno a la muchacha fueron sucediendose, siendo requerida para todo tipo de consejos por parte de la gente no sólo de Candelaria, sino de toda la isla por lo que era habitual ver a multitudes de ciudadanos por fuera de su casa. La serie de extraños fenómenos desembocaron en su proyección pública como “pitonisa”, “médium”, “milagrera”, “exorcista”, y otros términos parecidos. La fama de la iluminada llegó hasta su muerte en 1983, pero ¿Qué tipos de ataques experimentaba la iliminada?

En pleno trance

De acuerdo con las descripciones del momento, Antonia entraba en una especie de trance en el que con los ojos cerrados era capaz de desen volverse con absoluta normalidad y sortear los obstáculos como si los tuviera abiertos. Por otra parte, normalmente parecía mantener una conversación con alguien invisible e inaudible para los presentes, el cual le permitía diagnosticar y predecir el futuro a los que se lo solicitaban. Según palabras de su propia madre: 
"Algunas veces parece que no es ella; cambia la voz y pone una cara distinta a la suya. Se le ve enterrar la barba en el pecho y poner ojos demuerto; entonces es cuando los párpados le tiemblan y habla con una voz rara diciendo: Creéis que estáis viendo a Antonia, pero no es Anto nia. Antonia no está aquí, soy el Verbo hecho carne para redimiros de vues tras miserias y de vuestros pecados"
Durante los primeros años, según testigos de la época, experimentaba transfiguraciones, modificando los rasgos de su rostro así como su voz en función de la “entidad” que usaba su cuerpo para manifestarse. La descripción de tales hechos recuerda a los estados de trance propios de la mediumnidad, fenómeno muy relacionado con el espiritismo tan en voga en aquellos años. En el contexto de una vida dificil, familias de toda clase y condición iban a preguntarle lo que les depararía la vida en un futuro no muy lejano.


Lo cierto es que a pesar de las lógicas dudas que pudieran surgir en torno a tales hechos, el caso es que nunca se demostró que hubiera fraude y la propia Antonia nunca se benficio monetariamente de ello, aunque, como ya comente, ganó bastante popularidad hasta el día de su muerte. Nadie nunca la denunció ni por fraude ni por todo lo contrario, teniendo en cuenta que era una época en la que ante cualquier cosa "extraña", la Iglesia podía intervenir y más durante la dictadura de Franco. Es más, infinidad de personas esperaban a que le diera el "ataque": 
"El aspecto de la habitación es impresionante; mujeres y hombres de varias clases y condiciones se sientan, en sillas o en el suelo, a lo largo de las paredes. Entre ellos se ven mu- chos enfermos: niños paralíticos, envueltos en mantas; ciegos de vago mirar vacilante; mancos, cojos... Todo el mundo calla. De pronto, una voz rompe el silencio de la sala y todas las cabezas se vuelven en la misma dirección: ¡Dios lo haga! ¡Es mucho el poder de esa muchacha!"
La iluminada de Candelaria fue uno de los personajes más extraños a la par que reconocidos de aquella época, llegando como hemos comprobado a ser muy valorada y querida por la ciudadania hasta el punto  que el Ayuntamiento de la Villa de Candelaria la homenajeó otorgándole su nombre a una calle próxima a su casa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario