sábado, 25 de junio de 2016

Una pila con historia

Uno de los pocos testimonios materiales del siglo XVIII que perdura de aquella vieja Santa Cruz de Tenerife es la fuente de la Pila, emplazada en un extremo de la plaza de La Candelaria, a la que en su momento dio nombre. La fuente, con 300 años de antigüedad, fue el primer elemento de ornato urbano de la capital tinerfeña.


Esta fuente abasteció de agua a los chicharreros durante años, siendo un elemento característico de la idiosincrasia santacrucera. Fue en 1706 cuando el Capitán General Agustín de Robles hizo traer el agua desde los nacientes de Anaga hasta la plaza del Castillo, instalándose en su centro una fuente pública o pila para que los chicharreros pudieran suministrarse de agua potable en cualquier época del año. Desde ese momento, aquel lugar pasó a conocerse como plaza de la Pila.

Antigua plaza de la Pila

Construída con piedra basaltica traída de la Gran Canaria y después de diversos avatares, en 1844, al empezar a funcionar la fuente de Isabel II, la Pila se desmontó y se guardó en un solar municipal, estando allí, en el baúl del olvido hasta que a finales del siglo XIX, Anselmo J. Benítez le solicitó al Ayuntamiento que se la cediera para entronizarla en los jardines de su Hotel Villa Benítez, después de que fuera reparada. 


Con la remodelación de la plaza de la Candelaria en 1986, los herederos de Benítez la devolvieron a la ciudad para que retornara a la plaza a la que en su momento dio nombre. Una pila que ha formado y sigue formando parte de la historia de Santa Cruz de Tenerife.

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