miércoles, 29 de junio de 2016

El concilio de Jerusalén

En torno al año 50 d. C. (no esta claro el año), hubo una discusión en la naciente Iglesia. Los cristianos provenientes del judaísmo quedaron escandalizados de que en la Iglesia de Antioquia no se siguieran los preceptos provenientes de la Ley de los judíos que incluían la circuncisión. Desde ese momento, por parte de algunos comenzó a predicarse que era necesario seguir los ritos judíos para entrar en la Iglesia.


Antioquia solicitó una reunión para dirimir si aquellos que querían ser cristianos debían someterse a los antiguos preceptos judíos o abandonar tales obligaciones. Celebrado en Jerusalén, donde crucificaron a Jesús, esta reunión nos es relatada en los Hechos de los Apóstoles y con el tiempo fue conocida como el concilio de Jerusalén dado el carácter normativo del mismo.

Jacobo el Justo

En él se decidió que los gentiles convertidos al cristianismo no estaban obligados a mantener gran parte de la Ley de Moisés, incluyendo las normas relativas a la circuncisión. Se quitaban de encima el yugo de la vieja Ley judía.  Esto fue tan importante que los cristianos católicos y ortodoxos consideran a esta reunión el precursor de los modernos concilios ecuménicos.


El Concilio, por otra parte, hizo conservar las prohibiciones de comer sangre, la carne que contiene la sangre, la carne de los animales muertos de forma no adecuada, y sobre la fornicación y la idolatría, mediante el Decreto Apostólico o Cuadrilateral de Jerusalén redactado por Jacobo el Justo siguiendo el consejo Simón Pedro (Hechos 15:7-11):
"Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo"

No hay comentarios:

Publicar un comentario