sábado, 28 de mayo de 2016

Un prodigio llamado Arturito Pomar

El ajedrez es ese gran desconocido en España. No se puede decir esto a nivel aficionado (particularmente he tenido el placer de jugar a este juego lleno de ingenio y astucia), sino a nivel competitivo. Si hablamos de ajedrez, siempre se nos viene a la cabeza la rivalidad antológica entre los genios rusos Kasparov y Karpov, pero antes de ellos, nosotros, los españoles, tuvimos a nuestro genio del ajedrez. Su nombre era Arturo Pomar.


Decía otro gan maestro soviético, Aleksandr Kótov que si hubiera nacido en la Unión Soviética, habría sido un serio aspirante al título mundial. No le faltaba razón y puede que fuera por aquello de que "nadie es profeta en su tierra" (y más si esa tierra se llama España), pero Arturito, desde su más tierna infancia, hizo todo lo posible para primero jugar al ajedrez (se dice que ya con 3 años le imploró a sus padres para que le enseñasen a jugar) y después convertirse en un as con un juego posicional que poco a poco acababa con si adversario.


Arturito Pomar fue un niño más de la posguerra que supo hacerse un hueco en los medios de comunicación de entonces, alcanzando una gran popularidad, incluso en su vida adulta, aunque lo más sorprendente de él fue la gran precocidad demostrada en un juego tan cerebral como el ajedrez.


Aparte de campeonatos de Baleares y Castilla, ganó el Campeonato de España en siete ocasiones, consiguiendo con 22 años el título de maestro internacional y con 30 el de gran maestro internacional. Eso sin contar sus participaciones en títulos internacionales y las Olimpiadas del ajedrez.


Hace unos días fallecía este gran maestro del ajedrez. Un prodigio capaz de tumbar a sus adversarios en varios movimientos. Y es que muy pocos fueron tan buenos como Arturito Pomar.

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