sábado, 28 de mayo de 2016

¡¡¡Marcello!!!

"Marcello, come here!" gritaba en su baño nocturno de la fontana de Trevi la monumental Anita Ekberg. Era la Dolce Vita, aquella en la que Marcello Mastroianni cimentó su ya de por si grandiosa carrera.


Marcello era un grande para interpretar a galanes o a personajes torturados por su propio pasado (magnífico en su papel de director de cine con una profunda crisis creativa en el "Ocho y Medio" de Federico Fellini), un tipo al que los cineastas querían en sus películas; un rompecorazones con el que ellas querían estar.


El arquetipo de actor italiano que llegó a ser dirigido por grandes como el mencionado Fellini, Vittorio De Sica, Luchino Visconti y Ettore Scola entre otros. A recordar su dúo con Sophia Loren en diversas películas (¿Cómo olvidar "Matrimonio a la Italiana?"). Ambos entregarían un Oscar Honorífico al gran Fellini en 1992. Faltaban 4 años para la muerte de Marcello de cáncer.


Participando indudablemente en muy buenas películas, cabrían preguntarse si éstas hubieran sido igual sin Marcello. Decían (no me pregunten quién) que Marcello Mastroianni era él y todos los hombres. Sea verdad o no tal afirmación, lo que es indudable es que Mastroianni marcó una época en el cine italiano. Un tipo cuya existencia fue una Dolce Vita.

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