sábado, 14 de mayo de 2016

La Hispania romana

Durante años Hispania fue una de las joyas de la corona del Imperio Romana. Una tierra, la Península Ibérica en la que las legiones romanas tuvieron que emplearse muy a fondo ante la belicosidad de los antiguos íberos. Llegó a ser tan importante Hispania para Roma que durante su conquista, el mismísimo Emperador Augusto vivió durante un tiempo en Tarraco para dirigir personalmente las operaciones. 


El nombre de Hispania ya era utilizado por los cartagineses. Cuentan que cuando estos desembarcaron en la Península Ibérica, gritaron a una: ¡Span! ¡Span! porque veían a los conejos salir disparados de la maleza. Todo el país estaba lleno de conejos y es que span en cartagines significa "conejo". Así llamaron a la tierra donde donde habían arribado Hispania o tierra de conejos. Los romanos lo único que hicieron fue asimilar dicha nomenclatura y es que los romanos asimilaba a Hispania con el aceite de oliva y los conejos. De hecho era común en las monedas hispanas ver acuñado a un hombre con una rama de olivo en la mano y un conejo a los pies. Esta versión es la más común, aunque se han dado otras más o menos fantasiosas. 

Moneda de Hispania

A su vez, Hispania se dividió en provincias durante la conquista para hacer un sistema administrativo destinado a mantener el orden, recaudar impuestos y explotar las riquezas de los diferentes territorios. Durante el Imperio de Augusto se modificó la antigua división en dos provincias, cuyos nombres eran Citerior y Ulterior. La Citerior fue denominada Tarraconensis y a ella se agregaron los territorios del norte y noroeste. Mientras la Ulterior se subdividió en dos, la Lusitania y la Baetica. Sería mucho después, durante la etapa del Emperador Diocleciano cuando reorganizó la administración imperial, siendo la Tarraconensis subdividida en tres provincias: la Gallaecia (noroeste), la cartaginensis (centro-este) y la Tarraconensis (que incluía los Pirineos, el valle del Ebro y la zona cantábrica oriental). Ya, en el siglo IV, se añadió la Baleárica. Todas y cada una de las provincias tenían sus propios funcionarios, los cuales eran encargados de la administración de cada una. 

Evolución de Hispania y sus provincias

La conquista de Hispania duró un tiempo, ya que siendo un territorio tan grande fue complicado para las legiones romanas combatir contra un pueblo tan duro, que se conocía el territorio a la perfección y que actuaba bien siguiendo ordenes de un líder (un ejemplo fue Viriato por la Lusitania) o por su propia cuenta en lo que más tarde conoceríamos como guerra de guerrillas. 

Trajano, primer Emperador de origen hispánico

Sería con la crisis del Imperio cuando se dividió en dos (occidental en Roma y oriental en Constantinopla) cuando Hispania comenzó a tener cierto estatus propio. Con el tiempo, se comenzó a utilizar una forma secundaria de Hispania: Spania derivando de ahí la palabra España. Con la caída del Imperio Romano de Occidente y a llegada de los visigodos, pueblo procedente de las Germanías, se iniciaría otro periodo en la historia de la Península Ibérica. Fruto de la presencia de los romanos en la Península Ibérica nos quedarían obras indescriptibles, tesoros de la historia de la humanidad, como el teatro romano de Mérida (la antigua Emerita Augusta), el acueducto de Segovia o el arco de Bará en Tarragona entre muchos otros. 


Según contaría San Isidoro, con la llegada de los visigodos se empieza a acariciar la idea de una posible unidad peninsular, hablándose por primera vez de la "madre España".Lo cierto es que tal idea se dio por imposible de facto dado lo grande del territorio peninsular, que, tras un periodo relativamente largo de dominación visigoda, en el 711 sería invadido por los musulmanes, pero esa es otra historia.

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