jueves, 12 de mayo de 2016

¡Cuidado con el fantasma!

Nos encontramos en el París del Siglo XIX. Los empleados de la fastuosa opera de la ciudad de la luz se quejan de que el edificio esta encantado por un fantasma, el cual provoca numerosos accidentes. El fantasma en realidad es algo de carne y hueso; un hombre que esta obsesionado por la joven diva Christine Daaé, que sueña con cantar como prima donna en la opera y así lo conseguirá cuando Carlotta, tiene que ser sustituida dos veces porque cayó en una extraña enfermedad. Cual ángel de la música (así lo llama Christine) el ángel hace todo lo posible para que ella destaque. El "fantasma" en cuestión se llama Erik y las intenciones de él hacía ella van mucho más allá de la música; esta enamorado de una mujer que ama a otro hombre, el Vizconde Raoul de Chagny. 


El fantasma de la Opera, escrita por Gaston Leroux, de estilo gótico, combinando romance, terror, drama, misterio y tragedia, esta al parecer inspirada en sucesos reales y y en la novela Trilby del británico George du Maurier. Aunque con el tiempo ganó adeptos, la novela no tuvo un gran éxito en su momento. Puede que esto fuera porque el fantasma fuera alguien de carne y hueso, la parte final donde se nos explica el origen de Erik o la tragedia de un hombre condenado a no poder vivir con su Amor. Y es que por el fantasma, a pesar de sus atrocidades, uno no podía dejar de sentir cierta compasión. 


Serían las adaptaciones al cine las que le darían cierto caché a al libro, destacando sobre manera la fenomenal interpretación de Lon Chaney con ese esquelético y terrible rostro que a más de uno aterrorizó cuando lo vio por primera vez en el cine. Sin embargo, a pesar de los intentos, aunque muchas adaptaciones captaron la tragedia del desfigurado fantasma, lo cierto es que ninguna ha sabido imprimir del todo el carácter de una obra complicada de llevar a la gran pantalla. 


La obra llevó al pináculo literario a su autor, aparte de ser una de esas novelas que no se olvidan y es que era impresionante el terror que provocaba ese "fantasma" enamorado por un edificio tan emblemático como la ópera de París.

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