jueves, 28 de abril de 2016

La estrella de William Holden

Fue un trágico día del mes de Noviembre de 1981. En una casa desangrado en medio de un charco de sangre se encontró un cuerpo en evidente estado de descomposición. Era el cuerpo de William Holden, que según dijeron los médicos que en estado de embriaguez, se había caído mortalmente. Mucho se especuló con que había sido un suicidio debido a la detección de un cáncer o de un robo. Sea como fuera, desgraciadamente para Holden todo había acabado desde hacía un tiempo. 


En el drama o la comedia, William Holden, hijo de un químico industrial y una profesora, fue uno de los más grandes y notables actores de la época más esplendorosa de Hollywood. Un tipo que siempre brillo con esa presencia arrolladora en pantalla que le llevó el corazón a más de una, a pesar del tiempo y de que en los 70 ya asomaba alguna cana... y es que (en mi humilde opinión) él y Cary Grant  siguieron conservando ese atractivo especial que los hizo únicos. 

Barbara Stanwyck y William Holden

Películas de todo tipo, desde obras románticas desde el drama como "La Colina del Adios" siguiendo por la comedia como "Nacida Ayer" o "Sabrina" (¡Qué enamorada estaba Sabrina de David Larrabee!) y siguiendo por la grandiosa "El Puente sobre el Río Kwai" contaron con la presencia de un Holden que garantizaba grandes interpretaciones que aún en edad ya más madura nos sorprendió con "Grupo Salvaje" (Brutal, por cierto) y "El Coloso en Llamas", llena esta última de grandes actores como Paul Newman o Steve McQueen. 


Sería en aquellos duros años 70 cuando los actores de la época dorada de Hollywood como él comenzarían a decaer (algo que se unió a su divorcio a principios de la década), dejando paso a otra hornada de jóvenes talentos (De Niro, Al Pacino, etc. ) muy alejada de aquellos galanes que hombres como él siempre representaron a la perfección. La estrella de Holden comenzó a decaer progresivamente hasta ese fatal desenlace, un triste final para un gran actor que, sin embargo, es inmortal no sólo para el público, sino para los propios compañeros de profesión.

 
Barbara Stanwyck, gran amiga durante toda su vida, le dedicó el Oscar honorífico que le concedieron a ella en el año 1982. Apenas habían pasado unos meses de la muerte no de un simple actor, sino de un gran actor que supo reconocer lo difícil de su profesión:
"Actuar para una película puede no tener cierta gloria como verdadero arte, pero es un trabajo condenadamente duro"

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